El ‘ya merito’ del gobierno

PAULINO CÁRDENAS

El presidente Felipe Calderón pidió a todos los sectores de la sociedad dejar atrás el México de las promesas que no se cumplen; dejar atrás ese México del ‘ya merito’, porque el país tiene todo para ganar en lo económico y en lo social. El comentario lo hizo en Puebla, aludiendo a la actitud mostrada por los jóvenes futbolistas de la sub-17 que ganaron el Mundial de Futbol de su categoría y “que nos están poniendo la muestra a todos” de que el nuestro puede ser un gran país.

Pero la gente se pregunta, ¿de veras el gobierno predica con el ejemplo? o ¿cuándo dejó atrás ese ‘ya merito’ el Presidente que nadie supo? Él mejor que nadie sabe que hay muchos pendientes en la agenda de su administración que no han sido cabalmente cumplidos a favor de millones de mexicanos, ni siquiera pensando en los que votaron por él, como han sido los casos de la creación de empleos que prometió durante su campaña o la baja de impuestos para quienes ganaran menos, por sólo mencionar dos ejemplos.

Para zafarse políticamente de esos incumplimientos, a cada rato, directa e indirectamente, le endosa al PRI gran parte de esa responsabilidad, al señalar que los legisladores de ese partido no han jalado con las iniciativas que ha mandado al Congreso. En otras ocasiones manda a decir a sus subordinados que las cosas en México van de maravilla. Ninguna de esas intentonas resultan creíbles para millones.

Al referirse a la inversión que hizo la VW en su planta de Puebla para producir un nuevo modelo de autos, dijo que “si pensamos, por ejemplo, que la crisis económica fue una sequía para el país, cada inversión que nos llega es como una lluvia fresca que nos permite seguir cosechando más, seguir creciendo más”. Enfatizó que es necesario crear más empleos para lograr el bienestar de las familias y que vivan mejor.

Pero es el gobierno el que debe incentivar a las empresas para que creen empleos. Contrario a ello, la política económica y hacendaria, que se maneja desde Los Pinos, los agobia con más impuestos y más burocracia, lo que los obliga a reducir costos en lugar de ayudarlos a elevar su competitividad. Y lejos de crear empleos, los dueños de pequeñas, medianas y grandes empresas, lo que hacen es echar gente a la calle para ajustar sus números y poder subsistir.

¿Quién debe establecer y observar primero una regla de conducta entre gobierno y gobernados? Al exigir que México debe dejar atrás el ‘ya merito’, el mando debe predicar con el ejemplo. No hacerlo es tomar una actitud escurridiza; es querer corresponsabilizar a los mexicanos de lo que es obligación emprender desde el gobierno. Que se sepa, no es deber de la ciudadanía ni de ningún sector de la sociedad, planificar ni echar a andar políticas públicas. Ese es deber del gobierno federal en turno. Y cumplirlas debería ser su obligación.

Pretender democratizar desde el discurso lo que el gobierno debe predicar en el terreno de los hechos, es querer tergiversar responsabilidades. Las obligaciones del gobierno no deben endosarse a la población. No es válido querer democratizar las líneas de acción del gobernante queriendo achacarle sus omisiones o fallas a los gobernados. Es lo que pretende el gobierno federal, por ejemplo, con su fallida guerra contra las mafias. Al ver tardíamente que es un fracaso, anda en busca de corresponsables y los quiere encontrar hasta abajo de las piedras.

Dice la vocería de la narcoguerra que la lucha contra los cárteles de la droga debe ser responsabilidad de todos los mexicanos. ¿De veras?. Es como decir que guerras como la que sostuvo Estados Unidos contra el ‘Vietcong’ –la parte comunista de Vietnam– la responsabilidad hubiese sido de los ciudadanos norteamericanos o que la guerra que le declaró Hitler al mundo debió ser corresponsabilidad de los habitantes del orbe. Esto resulta tan demencial como aquello.

No se vale quererle pasar la factura a todos los  mexicanos de los fracasos gubernamentales como el de la guerra contra los cárteles de la droga y del crimen organizado emprendida sin consulta alguna por el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, lucha que ha dejado sembrados por todo el país más de 45 mil muertos según el semanario Zeta.

Tampoco se vale que a cuatro años y medio de omisas, inacabadas o mal llevadas políticas públicas –empezando por las de seguridad y siguiendo con las de la economía y de desarrollo social– se quiera lanzar el pastel de los fracasos al rostro de los mexicanos exigiéndole que deje atrás el ‘ya merito’. Quien gobierna no es el pueblo, es la élite privilegiada que está en el poder y es la que debería predicar con el ejemplo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx



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