La narcoguerra es lo peor

PAULINO CÁRDENAS

Ni dándose a la tarea de querer explicar los supuestos mitos que dice el vocero de la narcoguerra que existen en torno a la inútil lucha armada ordenada por su jefe desde hace cuatro años y medio contra las mafias –inútil por sus pobres resultados a cambio de mucha sangre derramada–, disminuye la preocupación del Presidente y sus asesores bélicos por el correr del tiempo, al percatarse de que haber seguido sólo con la estrategia armada para combatir a los violentos, no ha dado para nada los  resultados esperados.

Las horrendas cifras de decesos siguen creciendo y los resultados son cada vez más decepcionantes. Se hace mucha bulla mediática con algunas detenciones, pero el avance de las mafias no cede y las muertes siguen. Y lo peor para los mexicanos es que para su gobierno no hay otra prioridad. Si el Presidente anda buscando junto con los suyos las razones por las que perdió majaderamente el PAN en los recientes comicios, no hay que ir muy lejos para hallar las razones.

Fuera del rol en el que se siente cómodo que es el de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, su papel como mandatario federal, que debería ser el principal para sacar al país adelante con hechos y no con retórica, ha dejado mucho qué desear. El pasado 3 de julio la gente fue a las urnas ha mostrar su repudio a la actuación de la actual administración panista que ha pospuesto muchas cosas importantes, por darle mayor importancia a una guerra infame que ni siquiera tiene lados verdaderamente plausibles.

Señala Alejandro Poiré, vocero de la narcoguerra, que “la enorme mayoría de la población coincide en que merecemos espacios libres de violencia y temor”. Pero no es combatiendo la violencia con más violencia, como se van a lograr espacios libres de violencia y de temor. Habría que preguntarle a la gente que vive en donde están los focos de esa violencia armada si están de acuerdo con esa premisa que esgrime el portavoz del comandante en jefe.

Nadie está en desacuerdo en que se combata a la delincuencia común o la organizada. Lo que se cuestiona es que los mexicanos no han visto que haya otros factores aleatorios por parte del gobierno para combatir a los cárteles y a los capos que no sea el fuego armado. Cada vez que alguien le propone ideas, el jefe supremo de la narcoguerra y su portavoz salen con la misma cantaleta de que el gobierno no dejará de combatir a la delincuencia ‘como piden algunos’.

Nadie ha pedido eso. Lo que los mexicanos quieren es que no sólo se combatan los efectos sino las causas de ese flagelo. ¿Por qué ha prosperado en México la delincuencia organizada? ¿Sólo porque los anteriores regímenes al actual no se decidieron a combatir a los cárteles? ¿De veras esa es la causa? Claro que no. A ver:

Las causas son el olvido que han tenido todos los gobiernos –éste y los anteriores–, para darle oportunidad a tantos jóvenes que, según los discursos, son el futuro de México. Se atreven a definirlos peyorativamente como los ‘ninis’, pero nadie hace nada para remediar las razones de por qué ni trabajan ni estudian millones de ellos. Eso por no hablar de los que emigran en busca de una mejor vida. Parece haber mayor inteligencia entre los mafiosos que les ofrecen trabajo en sus filas. Muy reprobable, pero lamentablemente cierto.

Son los fantasmas de tanta gente muerta –más de 45 mil según un estudio comparativo que hizo el semanario Zeta de Tijuana, más los que se acumulen al fin del sexenio– los que empiezan a rondar sobre las cabezas de quienes han llevado rumbo al fracaso al Presidente en esa desventurada lucha armada, cuyo resumen al hacer el recuento  es dramático:

Mucha sangre derramada; resultados muy pobres; muchísimo dinero gastado en esa aventura bélica; olvido de otras prioridades que requieren México para su desarrollo teniendo el país tantos recursos y tantas riquezas, y el desperdicio de millones de mexicanos ávidos de trabajar por el desarrollo propio y del país y dispuestos a hacer cosas buenas y productivas. Pero eso requiere un verdadero líder al frente del gobierno.

La gente quiere paz y desarrollo. No quiere guerras ni voceros oficiosos que traten de explicar lo inexplicable con la transposición de argumentos que lleva la intención de convencer de que la guerra armada contra las mafias es el único camino para alcanzar esas prerrogativas. La sostenida narcoguerra no es lo mejor que le puede pasar a México. Diríase que es lo peor.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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