Los azotes de México

PAULINO CÁRDENAS

Las amenazas a la seguridad nacional del país son el crimen organizado, el terrorismo, los grupos armados, la pobreza, la desigualdad, el descontento juvenil, el paso indiscriminado de migrantes indocumentados de otros países al nuestro para llegar a Estados Unidos, los desequilibrios demográficos y la inseguridad cibernética, según la clasificación de peligros contra la nación que hizo el director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Guillermo Valdés Castellanos, al participar en el foro Importancia de la Seguridad Nacional en el Marco de una Sociedad Democrática.

Es la primera vez en mucho tiempo que un funcionario del gobierno federal encara de modo integral el entorno de peligro que acechan potencial y realmente al país por varias vertientes, aceptando las cosas como son, hablando con un lenguaje claro sin  tratar de maquillar la realidad como lo hacen otros colaboradores del propio gabinete de seguridad para explicar la problemática y los esfuerzos que realizan los tres niveles de gobierno contra esas amenazas. Es mejor hablar con la verdad que andar dándole vueltas a los azotes de México con retóricas que no son creíbles. La gente lo que quiere es que no le vean la cara.

En la mesa Importancia del Poder Legislativo en el control y evaluación de la seguridad nacional, señaló que al Cisen le preocupan los jóvenes que quedan fuera del sistema de educación superior, por el fenómeno que podría generar condiciones para alimentar opciones radicales, extremistas, violentas. El mismo grado de preocupación lo entraña el tema de la corrupción cuando llega a instituciones estratégicas como el Ejército, la policía y Pemex en donde este nocivo fenómeno es creciente.

Dijo que el tema de los grupos armados como el del EPR son de consideración prioritaria y que los movimientos sociales no son vistos como un riesgo o una amenaza. Lo que nos preocupa, dijo, “son los grupos antisistema y los violentos” –refiriéndose presumiblemente, sin mencionarlos, a los grupos criminales y a las mafias que operan en el país–, que abiertamente declaran que la vía de transformar es la violencia, declaración que en todo caso aludía de modo directo a la estrategia armada del gobierno contra los cárteles.

Señaló que son focos de atención temas como la pobreza y desigualdad e instituciones políticas, los desequilibrios demográficos, los movimientos de migración, la cultura de la legalidad, y que algunos temas económicos también forman parte de la agenda de seguridad nacional, entre ellos la debilidad fiscal del Estado, como es la derivación de una parte de la economía informal en economía criminal.

También nos preocupa el calentamiento global y sus implicaciones para México, manifestó. Otro importante ámbito, dijo el titular del Cisen, lo constituye el entorno internacional, donde pueden derivar amenazas para México, como pueden ser conflictos regionales en nuestra zona de influencia, Centroamérica y el Caribe, y algunas otras formas de riesgos y tendencias globales.

Sin embargo, Valdés Castellanos y los demás miembros del gabinete de seguridad saben que hay temas que no han sido tocados con la energía y decisión que se merecen en aras de disminuir el avance del crimen organizado, como es el del lavado de dinero, porque seguramente, como lo han dicho varios especialistas en la materia, muchos de esos dineros sucios son lavados en inversiones de negocios diversos o en las múltiples opciones y modalidades del mundo financiero del país.

El ‘modus operandi’ de las mafias es muy diverso. Su poder económico es inaudito y capaz de abrir casi cualquier puerta que deseen a  través de gente calificada en materia económica y financiera que trabaja para los capos. Y cuando no es a través del convencimiento del dinero –miles de millones de dólares anuales dedicados a corromper gente–, los capos utilizan la fuerza de las armas para lograr sus propósitos que casi siempre consiguen por medio de sus sicarios.

Eso lo saben las autoridades encargadas de combatirlas y los capos de las mafias. Resulta obvio que hay valores entendidos entre los corruptos empleados y funcionarios, militares y policías federales, estatales y municipales coptados por los capos, como ha quedado demostrado al paso del tiempo. Una probadita de esas colusiones fueron los resultados  de la inacabada ‘Operación Limpieza’ de donde salió estiércol pero donde hay todavía toneladas de porquería que habría que sacar aunque sea con esas máquinas que extraen lodo, desechos y basura descompuesta acumulada de las alcantarillas en época de inundaciones.

Si esa ‘limpieza’ de veras se hubiera hecho de ‘arriba para abajo, como se barren las escaleras’ como presumió el Presidente, el director del Cisen no estuviera advirtiendo a estas alturas de todas las amenazas que hay contra el país. El problema estriba en la corrupción y en la impunidad que sigue imperando entre ‘los violentos’ y los funcionarios coludidos que se focalizan desde arriba hasta abajo de la estructura del sistema. Y eso lo saben los encargados de la seguridad nacional y su jefe mayor. Los diagnósticos siguen. ¿Y?

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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