Se iría, por lo que dijo

PAULINO CÁRDENAS

Corre el rumor de que el director general del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Guillermo Valdés Castellanos, podría ser relevado pronto de su cargo, acaso por lo que dijo hace unos días al participar en el foro Importancia de la Seguridad Nacional en el Marco de una Sociedad Democrática, de que las amenazas a la seguridad nacional del país son el crimen organizado, el terrorismo, los grupos armados como el EPR, la pobreza, la desigualdad, el descontento juvenil, el paso de migrantes indocumentados de otros países al nuestro para alcanzar el ‘sueño americano’, los desequilibrios demográficos y la inseguridad cibernética.

La semana pasada, al término de una reunión entre los mandatarios de México, Felipe Calderón, y de Guatemala, Álvaro Colom, a pregunta expresa de los periodistas el funcionaro negó que se iría. ‘Son chismes’, dijo. Había llamado la atención que por primera vez en mucho tiempo un funcionario alto mando del gabinete de seguridad hablara sin tapujos ni falsas retóricas sobre las amenazas que se ciernen sobre los mexicanos, derivadas del crimen organizado, y aún más allá, cuando habló de acechos como el terrorismo o de grupos rebeldes. ¿Habló más de la cuenta?

Todo parece indicar que tanta franqueza y el plantear sin dobleces las cosas como lo hizo el director del Cisen, no gustó en los altos mandos de seguridad, en donde tienen la consigna de maquillar los hechos sobre el facaso de la lucha armada contra las mafias, pero también sobre otros flagelos que de la misma manera tienen que enfrentar las fuerzas gubernamentales armadas y la procuración de justicia federal, por supuesto sin poder darse abasto por los factores bien conocidos que lo impiden, como es la colusión entre mafias y autoridades propiciadas por la corrupción y la impunidad que hay en medio.

Bueno sería que a los mexicanos se les empezara a hablar con la claridad que lo hizo Valdés Castellanos, sobre las serias amenzas que perturban la paz social y la vida de las comunidades, para entender la problemática y los esfuerzos que realizan los tres niveles de gobierno contra los cárteles y las mafias, más los virtuales fantasmas del terrorismo y los grupos rebeldes armados que pululan clandestinamente en el país asomando de vez en cuando su rostro oculto, asuntos que empiezan a preocupar cada día a las agencias de investigación norteamericanas de antinarcóticos y de la lucha antiterrorista, más que a nuestras propias autoridades.

Tan preocupan estos dos temas que hace unos días el presidente del vecino país, Barack Obama, firmó una orden para reforzar las actividades relacionadas con grupos criminales o cárteles del narcotráfico que buscan diversificar sus actividades a través de continentes y fronteras. A través de la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, el gobierno de Estados Unidos decidió dar a conocer que actualizará y reforzará su estrategia de combate a los cárteles de la droga y del crimen organizado. En esa nueva estrategia, especial lugar ocupa México.

El objetivo primordial, dijo la funcionaria, es “romper el poder económico del crimen organizado, terminar con su poder de corrupción” que se da a través de inconfesas alianzas con funcionarios estatales y “proteger a mercados estratégicos y al sistema financiero estadounidense” de la “penetración y abuso” de estas organizaciones criminales que no conocen fronteras. Las agencias antinarcóticos y las encargadas de supervisar las actividades bancarias y financieras norteamericanas irán contra el lavado de dinero, que es la vía más rápida para frenar el poderío de las mafias.

El avance que han tenido en México los cárteles desquicia al gobierno norteamericano. La medida de esa nueva estrategia es porque en algunas ciudades de aquella nación ya empezaron a sufrir en carne propia el despiadado modo de operar de las mafias mexicanas. La línea fronteriza del lado americano tendrá un despliegue especial de sus fuerzas antinarcóticos para interceptar el paso de drogas, señaló la señora Napolitano.

Lo mismo se pretende hacer con el indiscrimnado paso de armas a México, como quedó visto con el caso de Rápido y Furioso que ha dejado mal paradas a las autoridades de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF,  por sus siglas en inglés), que autorizaron ese programa en el que se dice que habrían estado avisadas autoridades mexicanas, entre ellas la PGR. Sobre este caso, el vocero de la narcoguerra Alejandro Poiré dijo que México ‘no estaba enterado’, cosa que ni él mismo se creyó.

Como sea, hay una creciente y real preocupación estadounidense sobre el avance en nuestro país de las organizaciones del crimen organizado y los movimientos insurgentes que podrían conjuntarse y acabar en actos terroristas a los que tanto teme el gobierno norteamericano, a través de alianzas estratégicas que, se sospecha, podrían estar fraguando entre ellas. Sobre todo esto habría que hablarle con claridad a los mexicanos para que luego no haya sorpresas ciudadanas ni maquillajes retóricos oficiales. Como lo hizo el hasta ahora director del Cisen.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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