EU teme otra recesión

PAULINO CÁRDENAS

Los temores de una eventual recesión peor que la que comenzó en 2008 con el crack financiero en Wall Street, empezó a reflejarse en los mercados bursátiles del mundo. Lo que ayer aconteció en la Bolsa de Nueva York es síntoma de que la enfermedad, lejos de haber aminorado, está avanzando. Los precios de las acciones en el mercado bursátil neoyorquino se desplomaron al mediodía, ante la persistente preocupación por el mal estado de las economías de Estados Unidos y Europa, apunta una nota de la AP. La Bolsa Mexicana de Valores también ha estado registrando tendencias a la baja.

“Seguimos inundados por las inquietudes sobre la economía mundial”, declaró Bill Stone, analista del influyente grupo PNC Financial. Esto debería interpretarlo el gobierno mexicano que encabeza Felipe Calderón como una seria voz de alerta y considerar que los efectos devastadores de una eventual recesión en Estados Unidos podrían ser fatales para nuestro país. Sin embargo, acá se siguen viendo las cosas de otra manera, de forma similar a como el gobierno mexicano las veía después del crack norteamericano que hizo crisis aquel ‘lunes negro’ de septiembre de 2008.

El Banco de México invirtió 5 mil 200 millones de dólares en la compra de oro, como una forma de ‘blindar’ al país de nocivos oleajes financieros venidos de fuera. A varios especialistas les ha parecido que esta medida no es más que un paliativo del gobierno federal, que al parecer sigue sin creer que pudiera venir una recesión más severa que la de los dos años anteriores en la Unión Americana. El banco central señaló que la compra de unas 100 toneladas de oro en meses recientes, son parte de su sistema de inversiones a largo plazo y de diversificación de activos.

El gobierno nuestro sigue creyendo que con supuestas medidas contracíclicas como la compra de oro, se va a impedir cualquier efecto nocivo venido de fuera, como sucedió con aquellas declaraciones de que los efectos del crack del 2008 estadodunidese para nosotros iba a ser sólo ‘un catarrito’. Tan fue una frase falaz e irresponsable, que ahora el propio gobierno, para justificar sus deficiencias, acabó aceptando que aquello no fue de la menor importancia, sino al contrario y echándole culpas a que ese factor provocó los desajustes económicos de hoy.

Los asesores económicos y financieros del Presidente creen que los parches que fueron aprobados esta semana por el Congreso norteamericano ante la crisis que se preveía al no querer elevar el techo de su deuda por razones de conveniencias y desavenencias políticas, desvanece toda posibilidad de una recesión norteamericana peor que la sufrió la Unión Americana después del crack del 2008 –cuyos efectos globalizadores afectaron a muchos países y que siguen resintiendo hasta la fecha–, y no es así. México no es una isla.

Diversos especialistas en el mundo están previendo –especialmente los que miran con preocupación que países de Europa como Italia, España o Portugal pudieran estar en el umbral de ser rescatados por la comunidad financiera internacional como sucedió con Grecia para evitar su quiebra económica integral que devendría en un inmediato caos social además de una desestabilización política que podría extenderse a nivel regional–, que Estados Unidos pudiera vivir una nueva y profunda recesión.

Un estancamiento prolongado devendría en un golpe de efectos múltiples a la economía mexicana. Las causas son la enorme dependencia de las exportaciones petroleras. El petróleo perdió ayer 4 por ciento para quedar en 88 dólares el barril, debido a temores de que la demanda bajará por la debilidad de la economía. El precio del crudo se cotizaba a más de 100 dólares el 9 de junio. Esto le pega a la mezcla mexicana. Otro factor sería la disminución del envío de remesas en dólares de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos. El estancamiento norteamericano provocaría una menor demanda de mano de obra extranjera, disminuyendo con ello el flujo de dólares, fuente principal de divisas del país.

Quienes estudian en prospectiva las causas y efectos de este tipo de fenómenos de desequilibrios financieros, no descartan que en Estados Unidos la recesión se recrudezca en esa nación a pesar del mal arreglo que hubo entre republicanos y demócratas sobre el aumento del techo de su deuda. El caso es que la suerte que corra el vecino país en su economía, la misma –o peor– la correría México por su enorme dependencia con Norteamérica. La economía mexicana debería cambiar hacia una diversificación económica con otros países, pero ni este ni los anteriores gobiernos han procurado políticas encaminadas a ello.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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