Indigna proceder cavernario

PAULINO CÁRDENAS

Por más disculpas y deslindes de las autoridades y del propio Presidente sobre el aberrante estilo cavernario con el que operan las fuerzas armadas civiles y militares en México como parte de la ‘estrategia’ contra el crimen organizado, la forma atrabiliaria con que actúan los patanes encapuchados comisionados de las policías y el Ejército  para dizque perseguir delincuentes arrasando con todo, actuando sin órdenes de cateo, pasándose por el arco del triunfo todo derecho constitucional de terceros, tienen hasta la madre a la sociedad. Las órdenes de allanamiento son de sus jefes. Obvio.

Es hora de pornerle un hasta aquí a esa abusiva manera de actuar, lo mismo por parte del Ejército que de corporaciones policiales armadas federales, estatales o municipales, que no respetan para nada a la población inocente y decente como fue el caso del poeta chiapaneco Efraín Bartolomé y su esposa, así como dos familias cuyas casas les fueron allanadas la madrugada del pasado jueves con lujo de violencia –una era la morada de la investigadora Patricia Magaña y otra la de sus padres–, con el pretexto de que los encapuchados armados iban tras un delincuente.

El atrabiliario allanamiento fue en la colonia Lomas de Padierna ubicado en la zona de Tlalpan, en la capital del país. Los reprobables actos muestra una vez más que la ‘estrategia’ federal, estatal o municipal de perseguir capos está por encima de los derechos humanos que no respetan ni militares, ni policías ni agentes judiciales, sean de la corporación que sean y pertenezcan a los mandos que sean. No es tratando con ese salvajismo irracional a la gente, que nada tiene que ver con el crimen organizado, como se va a combatir a las mafias. Los capos se han de reir de esas pifias.

Cuenta el poeta chiapaneco Efraín Bartolomé que una vez que saliero los cavernarios de su casa, violadno su privacidad y pasado por encima de sus derechos ciudadanos, hizo un apunte en su computadora de lo que acababa de suceder, el cual envió por correo electrónico esa misma madrugada a varios personajes y amistades sobre la forma en que actuaron los encapuchados. Explicó que el suceso duró aproximadamente una hora y que las personas armadas vestían de negro, con pasamontañas y en sus chalecos tenían las siglas impresas ‘PFP’. Dijo que llamó al 066, pero que la policía nunca llegó.

En su misiva enviada por internet le preguntó al Presidente si de plano la gente está sola ante las acometidas de quienes se supone deben atacar a los delincuentes y no a los ciudadanos, y denunció que, además de los insultos y el sometimiento de que fueron víctimas él y su esposa –y se supone que también las otras familias–, por parte de los encapuchados, quienes  metieron a ambos en un closet exigiéndoles que dijeran ‘en dónde estan las armas’. De paso declaró que los encapuchados le robaron una cámara fotográfica, un reloj Omega Speed Master Profesional y una memoria USB.

Al enterarse de esos deleznables actos, hubo el inmediato deslinde de la Secretaría de Seguridad Pública de que en ese operativo no habían elementos de la PFP, pese a que los uniformes que portaban algunos de ellos llevaban las siglas de esa corporación, según el poeta. Se supo que se trataba de un operativo con el que se supone iban tras el líder de la organización criminal llamada ‘La mano con ojos’. Calderón, a través de su cuenta en la red social de twitter rechazó que en el operativo hayan participado elementos de las fuerzas federales. Luego lamentó el hecho.

El procurador mexiquense Alfredo Castillo estuvo en la casa del laureado poeta chipaneco para ofrecerle disculpas por ‘el error’ dejándole incluso  su reloj en prenda en lo que aparece el que le robaron a la víctima de su domicilio los policías que entraron ocultando el rostro en plena madrugada y haciendo gala de la prepotencia que los caracteriza, de lo que los mexicanos ya están hasta la madre.

Pero en lugar de esos teatritos mediáticos lo que los mexicanos quieren es que ese tipo de vandalismos oficiales se castiguen ejemplarmente. Que les quiten las máscaras a esos delincuentes disfrazados de policías federales, estatales o municipales y que los exhiban públicamente, como suelen hacer con los presuntos delincuentes que detienen todos los días presentándolos por televisión –inconstitucionalmente por cierto–, dizque como líderes de mafias y cárteles que operan en el país aunque las cosas sigan igual o peor.

Del Presidente para abajo los mandatarios y los mandos superiores del Ejército, la Armada, y la Policía federal hablan mucho de que quienes combaten al crimen organizado tienen la instrucción de respetar los derechos humanos. Pero la realidad es otra muy distinta. De eso están hartos los mexicanos. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que eso mismo le suceda al Presidente, a algún miembro del gabinete, a un gobernador, a un legislador o algún ministro de la Suprema Corte? Difícil porque ellos viven y duermen superprotegidos. ¿Pero el pueblo?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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