Versión, en narcomantas

PAULINO CÁRDENAS

Ayer escribíamos sobre los rumores que se han desatado después del acto terrorista que enlutó no sólo a Monterrey y a Nuevo León, sino al país entero, acaso producto no sólo del dolor de los deudos y amigos de quienes fallecieron asfixiados y quemados en el casino de la muerte, sino a causa del coraje, la indignación y la rabia de la sociedad que ve con impotencia el avance de los cárteles de la droga y el crimen organizado, que el gobierno calderonista no ha sido capaz de contener después de más de cuatro años y medio de infructuosos intentos.

Señalábamos que uno de esos rumores hablaba de que si acaso un brazo armado del cártel consentido –como se le conoce al de Sinaloa–, le estaría haciendo el favor al gobierno para crear el clima de miedo y terror necesarios en todo el país, para que surta efecto el discurso oficialista y desesperado de ‘cerrar filas’ en torno a la guerra que emprendió Calderón contra las mafias. Esto en virtud de que el tiempo sexenal se acaba y antes habría que repartir culpas de los negativos resultados que tendrá esa lucha en el recuento final que no tarda en empezar a hacerse.

Al bote pronto, el gobierno de Nuevo León inculpó al cártel de los Zetas de ese atentado terrorista y en paralelo, de pronto, a unas cuantas horas de ese hecho delictivo, como por arte de magia aparecen presuntos culpables de ese artero crimen masivo donde murieron 53 seres humanos. Sin embargo, ese señalamiento del gobierno que encabeza Rodrigo Medina, de que una célula del cártel de los Zetas podría ser culpable de ese artero crimen multitudinario, parecen contradecirlo una serie de mantas que aparecieron ayer lunes en Ciudad Juárez, Chihuahua.

En aquella dolida ciudad fronteriza, que ha sido víctima del crimen organizado, los mensajes aparecieron al menos en cinco mantas en distintos puntos, en las que se acusa al presidente Felipe Calderón de ser cómplice del cártel de Sinaloa y al que responsabilizan del ataque al casino de Monterrey y del tiroteo ocurrido en el estadio de futbol de Torreón, Coahuila del pasado sábado 20 de este mes. En una de las mantas se leía textualmente:

“PARA El presidente Calderon ya deja de apoyar al CHapo GUZMAN, TU bien sabes que es el culpAble de lo del estadio corona de Torreón y de la masacre en Monterrey y quieren acer lo mismo en Cd Juárez, paracalentar las plazas y asi con tu ayuda apoderarce de ellas” (sic). Las mantas no fueron firmadas por ningún grupo delictivo.

Una nota de la agencia Apro daba cuenta de lo anterior y añadía que una de las lonas fue colocada en la colonia Constitución, otra en una estación de bombeo en las calles José Méndez y Pascual Orozco de la colonia Corregidora, una más fue colocada en la escuela primaria Francisco Villa, ubicada en la colonia División del Norte, entre las calles Chihuahua y Francisco I. Madero, y un mensaje fue hallado en la colonia Emiliano Zapata. Apunta la información que todas las mantas fueron retiradas por elementos policíacos.

Si se revisa el tiempo que tuvo que transcurrrir entre aquel estallido de una granada de fragmentación aquella noche del ‘grito’ en Morelia en septiembre de 2008, y luego el estallido de un coche-bomba sucedido en Ciudad Juárez el 15 de julio de 2010 , que muchos señalamos como actos terroristas y que el gobierno calderonista negó, fue hasta el pasado viernes cuando, por fin, el Presidente aceptó que el deleznable acto criminal de Monterrey, sí era un acto terrorista.

Incluso cuando la propia secretaria de Estado norteamericano Hillary Clinton el año pasado habló de que en México existía una especie de narcoinsurgencia –cuyo antecedente suele ser justamente el narcoterrorismo–, también el gobierno calderonista respingó y lo negó. Hoy ya no es posible tapar el sol con un dedo. México hoy es otro y está a expensas de las mafias por la ineficiencia, corruptelas e impunidad que prevalecen en medio de ese estado de cosas.

En febrero pasado, el subsecretario del Ejército de Estados Unidos, Joseph W. Westphal, declaró que los cárteles del narcotráfico de México son una forma de insurgencia y que potencialmente podrían tomar el control del gobierno mexicano. Al respecto el Congreso mexicano procuró matizar ese diagnóstico lacerante y muy preocupante, que el gobierno calderonista por supuesto rechazó.

Como sea, después del tiroteo en las afueras del estadio de futbol de Torreón –se habla de que hubo otra balacera en un estadio de Neza al finalizar el encuentro correspondiente a la jornada 5 de la Liga de Ascenso entre Neza y Necaxa este fin de semana–, y del atroz ataque al Casino Royale de Monterrey, los rumores urbanos siguen tomando vuelo y la gente está temerosa de que en algún lugar, a cualquier hora de cualquier día, vuelva a vivirse un acto narcoterrorista.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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