2012: guerra y recesión

PAULINO CÁRDENAS

Lo que le faltaba a los mexicanos está a la vuelta de la esquina. Además de la imparable guerra del gobierno calderonista contra las mafias del crimen organizado y los capos de la droga que seguirá bajo la misma ‘estrategia’ militarizada según lo anunció el viernes el Presidente, que ha sido un rotundo fracaso –no obstante que en breve vendrían ‘Rambos’ norteamericanos a eliminar a ‘los malos’– el país se verá sometido el año próximo, año de la madre de todas las elecciones en el que el PRI buscará sacar al PAN de Los Pinos, a los efectos de una nueva recesión anunciada por el FMI y especialistas en la materia.

Señalan analistas internacionales que Estados Unidos sería el primero en América en protagonizar el primer sacudimiento recesivo ‘porque la economía norteamericana padece un problema de confianza’, y la suerte que corra la vecina nación –que muchos estudiosos consideran será más profunda que la que se originó en el 2008–, será la misma que corra México ya que más del 90 por ciento de su intercambio comercial y económico depende de la vecina nación. Esto, aunque el gobierno calderonista haya dicho que nuestro país está preparado para afrontar ese embate.

Los del gobierno panista aseguran que México tiene las reservas suficientes y necesarias para cualquier contigencia de esa magnitud, pero la verdad es que los mexicanos están tan ciscados que ya no creen en nada y menos en que pueda haber la capacidad de actuación para prevenir a tiempo el tsunami que viene, ya que el gobierno panista suele ver ese tipo de eventos como una cosa menor, como sucedió con el primer trancazo en Wall Street que fue calificado como ‘un catarrito’, cuando en realidad los efectos fueron tales que persisten hasta la fecha, sobre todo en el sector de importación y exportación.

Pero el agobio para los mexicanos no sólo está cifrado en los negativos resultados de la guerra que el gobierno federal sostiene contra las mafias, sino que tienen encima la precaria situación económica familiar que los agobia porque no les alcanza el dinero para vivir, porque escasean los empleos y por la galopante carestía que provocan los nocivos ‘gasolinazos’ mensuales, por no mencionar otros rubros en los que, por las malas políticas del gobierno panista, la crisis les ha pegado fuerte y cuyo panorama no tiene visos de mejorar en lo que resta del sexenio.

Por su parte Washington trae clavado entre cabeza, ojos y ceja, el evidente avance de los capos en nuestro país a causa de la ineficiencia mexicana para combatirlos, por lo que el Pentágono –por órdenes del presidente Barack Obama cursada a través de la secretaria de Estado, Hillary Clinton–, ha puesto en marcha un operativo secreto conocido por ahora como ‘J.S.O.C.’, un comando conjunto del Ejército de Estados Unidos integrado por soldados de élite con experiencia en terrorismo, inteligencia militar, espionaje y contraespionaje que vendrían a nuestro territorio a matar a ‘los malos’, si no es que ya están en nuestro territorio para esos fines.

Quizá por ello Calderón ha empezado a decir con mucho ímpetu que la lucha contra las mafias seguirá con la misma estrategia de violencia y muerte y que la misma ‘la ganaremos’. Acaso esa seguridad que le ha empezado a imprimir a su discurso bélico esté animado por los arreglos que sin duda ya habría hecho de manera anticipada con su homólogo norteamericano para que un comando de élite –o varios– actúen en territorio mexicano para someter a los mafiosos y a sus sicarios, lo que crearía un escenario de guerra formal.

Sólo que en tiempos de elecciones eso pondría a México en un tris de la desestabilización y el miedo generalizado, y sobre todo crearía un ambiente de Estado de emergencia que pudiera impedir la celebración de los comicios del año venidero para elegir sucesor en Los Pinos. A propósito de ese nuevo escenario que se avecina está el hecho de que el nuevo embajador de Estados Unidos, Anthony Wayne, ex embajador adjunto de su país en Afganistán, llega a México. El diplomátio de carrera, quien sustituye a Carlos Pascual, fue secretario Adjunto para Asuntos Económicos y Empresariales en el Departamento de Estado de 2000 hasta el 2006. También se desempeñó como embajador en Argentina con George W. Bush.

Por ende, los mexicanos podrían estar viendo el año proximo –o quizá antes– la escalada de otro capítulo inédito en la vida del país bajo el segundo y quizá último gobierno federal panista. Un escenario por un lado colmado de dificultades por la recesión, y por otro, más muertes de balas salidas de armas de alto poder, bombazos, asedios, colgados, tortutados, decapitados y acaso el asesinato de gente inocente que nadie hubiera imaginado, por la ‘otra guerra’ que viene, protagonizada, según fuentes habitualmente bien informadas, entre otros por  los ‘Rambos’ gringos, contra las mafias.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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