Agobian guerra y crisis

PAULINO CÁRDENAS

A causa de la grave inseguridad que prevalece en el país, del agobio económico de millones de familias y del desencanto generalizado que ha motivado en la mayoría de los mexicanos la actual administración, desde ahora se da por hecho que el PAN no alcanzará a gobernar a nivel federal por tercera vez consecutiva en México, y menos con los ajustes que acaba de realizar el presidente Felipe Calderón aprovechando la salida de Ernesto Cordero quien cree será el abanderado panista para el 2012; cambios con los que el Presidente prefirió echar mano de sus cuates para que le garanticen más que nada lealtad a su persona, pero nada que ver con algún aporte sustantivo en las funciones de cada dependencia que estrena titular, en lo que resta del sexenio.

Los ajustes fueron por un lado cantados y por otro inocuos y hasta decepcionantes. Y más haciéndolos cuando falta menos de un tercio para que acabe el sexenio, con el proceso electoral que ya dio comienzo y ante la grave situación que prevalece en el país, por un lado de incertidumbre por parte de la sociedad que no sabe qué clase de herencia le dejará la delirante aventura bélica contra las mafias, vorágine en la que ha quedado envuelto el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, y por otro lado la situación de precariez económica que padece México no obstante la propaganda oficialista que además de aturdir habla de un país que no es el nuestro, sin explicar por qué se le ha dado todo a esa fallida guerra que a finales de este año podría andar en las 60 mil víctimas mortales.

Y todo ese negro panorama, en medio del fangoso antagonismo político en donde internamente sigue prevaleciendo el juego de las traiciones, las simulaciones y los engaños, y que hacia fuera de cada partido nadie sabe ni qué se quiere, ni qué se busca, ni a dónde pretende llegar, respecto a los tiempos electorales que ya comenzaron. Es como el juego de Juan Pirulero. Sólo que en este caso está el ingrediente de la perversidad. Cada quien cree en su propia verdad o en su propio engaño. Los expertos dirán que la política es así y eso no tiene remedio. Pero lo que sucede en México es que el tema de la guerra contra las mafias y el olvido de otras prioridades le da otro cariz al tema de la sucesión.

Mientras la clase política anda clavada en ese tema, unos en su afán de querer sacar al PAN de Los Pinos y los que están en no soltar el poder, creyendo cada cual su ensoñación, y mientras hacen todo para lograr su propósito los mexicanos empiezan a preguntarse qué pasará cuando termine el sexenio y las mafias sigan haciendo de la suyas. Se supone que desde que el IFE le entregue la constancia de mayoría al ganador, éste tiene la facultad –independientemente de los preparativos del consabido protocolo de entrega-recepción– de empezar a trazar los planes fundamentales de trabajo para los primeros 100 días de gobierno. Pero habrá expectación por saber qué pasará con la narcoguerra.

¿Qué pasaría si una semana antes de que Calderón le entregue los bártulos a su sucesor, ordena, en su calidad de jefe supremo de las Fuerzas Armadas, que los soldados destacados en las zonas de guerra del país regresen a sus cuarteles? ¿Las mafia harían una tregua mientras les llega la información fidedigna de qué pretende hacer la aministración entrante con esa carga? ¿O acaso para entonces ya habrían habido acercamientos secretos con los capos, como se dice que los hubo al inicio de la administración calderonista en donde el encargado de hacerlo fue Juan Camilo Mouriño y el personero operativo fue un general X según lo narra en su libro ‘Los Señores del Narco’ la periodista Anabel Hernández y que luego se supo que era el general retirado Mario Arturo Acosta Chaparro que cumplió la orden en su condición de asesor del gobierno calderonista en materia de inteligencia?

La pregunta es si quien asuma el poder de mando en Los Pinos negociará con los cárteles o seguirán los enfrentamientos armados contra los sicarios al servicio de los capos, que en este sexenio evidentemente han ganado mucho terreno para imponer su ley de cirminalidad en más de 20 estados de la República en los que se  padece ese flagelo y donde los gobiernos federal, estatales y municipales no han podido hacer gran cosa, pese a los impresionantes despliegues militares que se dan en las plazas más conflictivas. La verdadera fuerza de los capos de la droga y de las mafias del crimen organizado está en el lavado de dinero. ¿El próximo Presidente atacará ese problema de fondo?

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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