Aflora la exasperación

PAULINO CÁRDENAS

Con un tono de exasperación y mucho antes de lo esperado, el presidente Felipe Calderón parece haber comenzado su campaña de despedida sexenal llevando como pretexto la supuesta glosa de su quinto informe de gobierno en varias regiones del país, en la que el punto de exaltación ha sido el de la lucha armada contra las mafias que ha sido su prioridad primera y última, sobre la que ha dicho de todo y que ahora quiere que los mexicanos la hagan suya, no obstante que esa guerra la emprendió sin consultarle a nadie y sin haber calculado los efectos nocivos que podría alcanzar para el país, entre ellas las miles de muertes que lleva esa aventura en su haber.

Incluso esta semana, en una reunión con empresarios los retó, a ellos y a cualquier otro ciudadano, a que si no les gusta cómo se ha gobernado en este sexenio, que creen sus propios partidos y se lancen a la política para que vean lo que se siente entrar a esa actividad a la que calificó que a veces es ‘deleznable’ y ‘del cocol’, la cual, dijo, obliga a soportar críticas hasta de la prensa.

En su exaltado tono discursivo que cada día es más común en él, esta vez se escuchó, más que envalentonado, insolente, al responder a una serie de señalamientos sobre corrupción, inseguridad y atraso en el país que le habían planteado empresarios, politólogos y activistas como Alejandro Martí, Claudio X. González, Alejandro Ramírez y Federico Reyes Heroles, durante la comida anual de los “300 Líderes Mexicanos”.

Ya es públicamente sabido que el jefe del Ejecutivo suele hablar antes de pensar lo que va a decir, a veces empujado por su carácter irascible y colérico y en otras ocasiones por el mero gusto de lanzar comentarios viscerales al bote pronto, lo que suele abrirle flancos para la crítica que luego no tolera.

Hace unos días, coincidiendo con los cuestionamientos al alcalde de Monterrey, Fernando Larrazábal, a cuyo hermano vinculan con presuntas colusiones con el crimen organizado que al parecer tiene copado a los casinos, y a quien el PAN le ha venido exigiendo su renuncia al cargo de mando de la capital de Nuevo León, el jefe del Ejecutivo dijo que ‘si un edil es malo, que lo corran’.

Dijo en Guadalajara hace unos días que había presentado al Congreso una reforma política para que haya elección consecutiva de legisladores y alcaldes. “¿Por qué razón?”, preguntó. Y respondió él mismo: “Porque si un alcalde o un diputado es bueno, tiene que seguir” con el voto ciudadano. “Y si es malo, ahí tiene que acabar su carrera política. Punto. Que lo corran. Así pasa en muchas democracias”.

¿Y si un Presidente es malo? ¿También que lo corran? Eso preguntarían millones de mexicanos que están hasta la madre, como dijo el poeta Javier Sicilia, de su guerra contra las mafias que ha sido infructuosa, que ha cobrado tantas vidas –se calcula que para este fin de año habrá unos 60 mil en la lista de muertos–, y sobre todo porque toda la atención y los recursos han sido para fomentar esa lucha dejando en el camino una serie de prioridades que han afectado la economía de miles de familias mexicanas y que ha sumido al país en una de las peores crisis de las últimas décadas. Más lo que falta todavía.

En el periplo que realiza por todo el país, Calderón anda a la búsqueda de conseguir corresponsables por todos lados y de paso echándole a Estados Unidos mucha de la culpa de lo que pasa en México con los capos de la droga, porque la adicción de los gringos ciertamente es mucha, y por la libre venta de armas que se da en el vecino país, queriendo incluso que su Congreso modifique sus leyes para que parte de ese armamento no acabe en manos de los sicarios mexicanos.

La novedad es que ahora empieza a decirle a su ‘sucesor o sucesora’, que necesariamente tendrá que seguir con esa lucha armada contra las mafias. ¿Y si no? ¿Tendría que buscarse algún arreglo con los capos como se habría intentado al inicio de este sexenio según lo consigna el libro de Anabel Hernández ‘Los Señores del narco’?

El hecho es que el discurso presidencial empieza a denotar desesperación, mala consejera para cualquier jefe de gobierno, y en nuestro país una circunstancia muy preocupante para todos los mexicanos. ¿Así seguirá en lo que resta del sexenio?  Ojalá que no, porque entonces se abrirá muchos frentes con los sectores de la sociedad que no comulgan con esa guerra que ha sido la prioridad de su gobierno, y el gran perdedor será él. Moderación y juicio, reza la antigua conseja.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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