Debilidades institucionales

PAULINO CÁRDENAS

Al referirse hace unos días, sin mencionarlo directamente, al caso de los 10 policías federales que en lugar de cumplir con su cometido para el que fueron enviados a Ciudad Juaréz dentro del plan de protección y seguridad a la ciudadanía, acabaron como viles delincuentes, el secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora habló de ‘debilidades institucionales’ que en el caso específico de las corporaciones policiales federales sigue siendo una penosa asignatura pendiente. Por más que en los discursos se diga misa, el hecho es que las ‘pruebas de confianza’ que realiza la Secretaría de Seguridad Pública federal han servido para poco.

Esto resulta evidente porque la ‘debilidad institucional’ a la que hizo referencia el titular de la política interior, impide a la policía federal cumplir con sus objetivos y a la policía juarense la ha convertido “en una amenaza para la sociedad”, según señala una investigación llevada a cabo conjuntamente por el Colegio de Chihuahua, el Colegio de la Frontera Norte y el Instituto Transfronterizo de la Universidad de San Diego, California.

“Hay una clara conciencia entre los funcionarios de que la Policía sí está involucrada en delitos, lo que habla de una integridad institucional débil, particularmente en los altos grados de mando”, apunta el estudio “Diagnóstico Integral de la Policía Municipal de Ciudad Juárez”. Ahí se asienta que los agentes creen que la dependencia (la SSP federal) “no tiene la capacidad para controlar la corrupción y los abusos a los derechos humanos”. Carece de eficientes mecanismos internos y externos de control y evaluación que permita contener la corrupción y los abusos, “en particular los practicados por oficiales de alto nivel y supervisores”.

Al margen de los eufemismos que usan los funcionarios como el que utilizó Blake Mora al hablar de ‘debilidad institucional’ cuando debió haber hablado de delincuencia policial en el caso de Ciudad Juárez, esas ‘debilidades’ son un flagelo que ha penetrado en todos los ámbitos de competencia de los tres niveles de gobierno del país –federal, estatal y municipal– por lo que México está como está, sin que haya poder humano que pueda sacar al buey de la barranca.

Y durante la inauguración de la Cumbre de la Comunicación 2011, el presidente Felipe Calderón dijo ante empresarios de medios, publicistas y comunicadores, que “si todos en una sociedad se convencen de que no hay crecimiento, de que las cosas están del cocol, de que sólo hay fracaso, esa sociedad va a ir necesariamente al fracaso” y puso como ejemplo el caso de las extorsiones telefónicas. Criticó que una sociedad débil y sin actitud, no las denuncia.

“Cuando una sociedad está fuerte y confía en la autoridad, puede denunciar, no puede simplemente un tipo hablar por teléfono y pedirle que deposite en determinada parte un dinero. Va, le cuelga o le echa una mexicanísima expresión, digámoslo así” y acude a hacer la denuncia a las autoridades.

Al respecto habría que preguntarle al mandatario panista: ¿Por qué cree que la gente tiene esa percepción negativa del país? ¿Por qué la gente cree que no hay crecimiento? ¿Por mera ocurrencia? ¿Por qué siente que las cosas van ‘del cocol’? ¿Porque todo lo tiene resuelto, porque los gasolinazos no le pega a los precios, porque por fin consiguió un empleo bien remunerado? ¿Por qué cree Calderón que la gente no confía en la autoridad y no denuncia amenazas? ¿Porque la autoridad es muy eficiente, competente y honesta? ¿Porque actúa estrictamente apegada a la ley?

Es obvio que el Presidente aprovecha cada foro en el que se para para repartir culpas de lo que sucede en el país por las malas políticas económicas y sociales de su gobierno. Anda buscando a quiénes echarle la culpa de la ola de sangre y la criminalidad desatada por la guerra que le decretó a las mafias y que ha resultado un fracaso.

De lo que pasa en el país todos son culpables, menos el gobierno que encabeza. Cuando no es el PRI es Estados Unidos o los diputados de oposición y ahora tildando a los mexicanos de débiles por no querer confiar en las autoridades. En resumen sugiere que México padece de autoestima. Lo que padece es la inseguridad que priva en el país, de miedo por tanto baño de sangre, y de tanta corrupción e impunidad que se anida principalmente en los tres nieveles de gobierno.

México padece de la ausencia de una política económica clara que saque al país del atolladero en el que está. Lo cierto es que las debilidades institucionales son muchas y ahí siguen. Los mexicanos quieren paz, no guerra. Y como él mismo lo dijo en la Cumbre de la Comunicación, no se trata de asumirse como siquiatra, pero por la actitud que ha venido tomando, sería bueno que alguien comenzara a atender su caso que presenta un agudo síndrome de desesperación porque el sexenio se esfuma y el balance final evidentemente no le será favorable.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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