La supuesta conspiración

PAULINO CÁRDENAS

La historia que cuenta el cuestionado fiscal norteamericano Eric Holder –cuestionado por los legisladores republicanos de su país por los fracasados operativos Rápido y Furioso y Receptor Abierto de paso ilegal de armas de Estados Unidos a México–, sobre una supuesta conspiración terrorista que habría sido conjurada por agentes de la DEA y del FBI ‘con la ayuda de México’, está, además de nebulosa, llena de lagunas y omisiones que no permiten distinguir con claridad de qué se trató ese aparente complot para asesinar a los embajadores de Arabia Saudita y de Israel en Washington, con el  imaginario aporte del cártel de Los Zetas.

Muchos creen más bien que es pretexto para una intervención directa de Estados Unidos en México con miras a detener a los verdaderos capos de la droga que operan en nuestro país, a los que no ha podido, o no ha querido, aniquilar el gobierno federal panista, pero que al norteamericano le preocupa, no sólo por la venta de estupefacientes que se da cada vez en más y más ciudades de la Unión Americana, sino porque temen que de veras se dé una alianza de ese cártel con la organización terrorista Al Qaeda creada por Osama Bin Laden, como lo había mencionado la secretaria de Seguridad Interior de aquel país, Janet Napolitano.

Trascendió que la supuesta conspiración comenzó a cobrar forma desde el pasado mes de mayo y habría terminado hace un par de semanas al ser apresado uno de los supuestos terroristas, Manssor Arbabsiar, un ciudadano estadounidense de 56 años que contaba  con pasaportes de Estados Unidos y de Irán, y quien fue detenido a fines de septiembre en el aeropuerto internacional JFK. El otro es Gholam Shakuri, que está libre y que sería un miembro de la Fuerza Quds, la unidad especial del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, a la que Washington acusa de promover y apoyar el terrorismo.

Parte de la historia es que un agente de la DEA se hizo pasar por un miembro del cártel de Los Zetas, quien se habría reunido en varias ocasiones con Arbabsiar, en México, para supuestamente planear los asesinatos y ataques en Washington. No se dan detalles de cómo y por qué fue escogido ese cártel por los acusados. Acaso porque sabían lo que contó el ‘Vicentillo’ Zambada del arreglo que tiene el Chapo Guzmán con la DEA.

Todo parece indicar que ese ruido mediático internacional lleva al menos dos propósitos: uno –como lo expresó de inmediato el mandatario iraní Mahmud Ahmadineyad– el de distraer la atención sobre la grave situación por la que atraviesa Estados Unidos en cuanto a su actual circunstancia económica, financiera y de desempleo y, otro, el de poder tener una justificación para que soldados norteamericanos vuelvan a incursionar en esa nación en busca, dizque, de los autores intelectuales de esa supuesta conspiración.

En este caso el meollo parece estar en que Washington sigue en la creencia de que Irán continúa con sus programas nucleares. Está convencido que esa nación ha incrementado sus actividades con el enriquecimiento de uranio al 20 por ciento y que siguen sus planes de construir nuevas instalaciones. Teherán ha insistido en que su programa sólo intenta generar energía eléctrica, pero Estados Unidos y sus aliados creen que el verdadero objetivo es producir armas nucleares. Pero el asunto no se constriñe a eso. Israel está como referente en cuanto a uso de fuerza con misiles nucleares en aquellas lejanas regiones. Irán teme que Israel pudiera usar su poder nuclear contra ese país con la anuencia de Estados Unidos.

México no está exento de que Irán pudiera arremeter contra sus instalaciones estratégicas, ya que el mes que le tocó presidir en junio de 2010 el Consejo de Seguridad, en una severa nota diplomática que Irán hizo llegar a México a través de su embajada le reprochó haber pedido su apoyo para ocupar un lugar en dicho Consejo para después ceder a las presiones de Estados Unidos. ¿De veras estuvo consciente el gobierno de Calderón en qué estaba metiendo al país con esa ayuda?

Por su parte la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que discutiría con sus aliados  –y nuestro país es uno de ellos–, cómo podrían enviar un mensaje ‘muy fuerte’ para indicar que este tipo de acciones (como el supuesto atentado terrorista), debe terminar, recordando lo que preguntaba el año pasado la señora Napolitano: “¿Qué pasaría si Al Qaeda se uniera con Los Zetas?”.

Para unos ese supuesto complot terrorista es la señal que augura un posible paso a México de comandos norteamericanos de élite que vendrían a aniquilar, de manera embozada, a todos los capos que operan en México (menos a uno, claro) Otros podrán decir que ese ruido mediático puede ser el pretexto para que el gobierno panista decida unir fuerzas con Estados Unidos para evitar una alianza Al Qaeda-Zetas. La mayoría creerá que esas dos versiones se complementan y es lo que podría suceder.

pcardenascruz@yahoo.com.mx



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