Se suicidan o desertan

PAULINO CÁRDENAS

Además de poder morir abatidos por las balas enemigas, dos son las suertes que pueden correr los militares y marinos que participan en los operativos armados contra los capos de la droga y el crimen organizado ordenados por el Comandante Supremo de las Fuerzas Amadas: desertar de las filas del Ejército, Fuerza Aérea y la Marina o tomar la decisión de quitarse la vida. Desde el inicio del sexenio hasta junio pasado han desertado del Ejército 40 mil 179 militares y 4 mil 21 integrantes de la Marina. En el caso de los suicidios la Sedena reportó 82 casos: 20 ocurrieron en 2006, 13 en 2007, nueve el año siguiente, 14 en 2009, 15 el año pasado y 11 hasta el reciente 24 de julio.

En el caso de los que desertan, el presidente Felipe Calderón dio a conocer las cifras anteriores al Senado de la República aunque no precisó los grados de los militares y marinos que abandonaron sus cargos, asegurando que hay averiguaciones previas en marcha “por el delito de deserción” contra mil 382 generales, jefes, oficiales y personal de tropa que estaban en servicio cuando cometieron del delito de abandonar sus responsabilidades en los dos institutos armados.

La pregunta sobre el número de deserciones en el Ejército y la Marina la había formulado el coordinador de los senadores del PT, Ricardo Monreal Ávila. El mandatario panista sostuvo que su administración logró una importante disminución del índice de deserción en el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina, en comparación con la que se dio durante el gobierno de Vicente Fox, cuando casi 90 mil elementos dejaron las fuerzas armadas.

Indicó que reducir esa cifra más de 50 por ciento en cinco años de gobierno –para llegar a un total de 44 mil 200– se debe a los programas y las acciones emprendidas en favor de las fuerzas armadas. Estos datos los dio a conocer ayer el diario La Jornada en una nota firmada por Andrea Becerril y Víctor Ballinas, que da cuenta de la intención presidencial de tratar de defender su estrategia de guerra contra los capos de la droga y el crimen organizado que ha dejado una cifra de muertos de más de 50 mil mexicanos caídos en distintas latitudes del territorio nacional.

Señala la información que la bancada del tricolor solicitó al Ejecutivo precisar si se iniciaron investigaciones judiciales, si se sabe el nombre de los fallecidos y cuántos fueron a parar a una fosa común al considerarlos “daños colaterales. En su respuesta, Calderón rechazó haber dado a las víctimas trato de “daños colaterales” o considerarlos parte de una cifra estadística. Insistió en que no existen datos, porque son “fallecimientos ocurridos en el contexto de la rivalidad delincuencial”.

Determinar si se les inhumó en fosas comunes corresponde a las autoridades locales, así como la identificación plena de los nombres de los fallecidos, “por ser el homicidio un delito del fuero común”, agregó. Igualmente, a la pregunta de hasta dónde ha sido posible distinguir a las víctimas inocentes de los delincuentes, Calderón respondió: “El registro que lleva el gobierno federal en la base de fallecimientos ocurridos en contexto de rivalidad delincuencial no determina el estatus jurídico de la persona, pues en todo caso y circunstancia se asume el principio de presunción de inocencia”.

Por “rivalidad delincuencial”, reportó el Ejecutivo, han muerto hasta el 31 de diciembre del año pasado 34 mil 612 personas. El mayor número se dio en Chihuahua, con 10 mil 135, seguido por 4 mil 387 de Sinaloa, 2 mil 739 de Guerrero, 2 mil 19 de Baja California, mil 751 de Michoacán y mil 475 de Tamaulipas.

Sin embargo, los casos de suicidio por parte de miembros del Ejército y la Marina es otro rubro prácticamente ignorado, pero que la revista Proceso rescata en su edición de esta semana en un extenso reportaje sobre el tema firmado por Gloria Leticia Díaz, con gráficas que testifican esos dramáticos hechos. Esa publicación semanal solicitó información sobre el registro de suicidios a la Sedena y con fecha 18 de agosto esa dependencia reportó los 82 casos que se refieren en el párrafo inicial de esta colaboración.

Se añade que entre los militares que se quitaron la vida aparecen 31 rasos de diferentes armas, seguidos de 16 cabos, siete sargentos y siete tenientes, seis capitanes, cinco subtenientes, cuatro mayores, dos tenientes coroneles, dos soldados rurales y un general. Las razones habrían sido varias: el temor de morir, la presión de tener que obedecer órdenes sin chistar, el estrés que los invade cada vez que asisten a un operativo o sufrir una severa crisis depresiva.

Está el caso del general de brigada Diplomado de Estado Mayor, Jorge Alberto Cárdenas Cantón, quien se dio un balazo en la cabeza el 14 de noviembre de 2008. Había tomado el mando de la Décima Región Militar con sede en Mérida, Yucatán, el 15 de agosto anterior.

Habrá pues que entender lo que es estar bajo la presión de una guerra, la guerra de Calderón, y las consecuencias que viven los miembros del Ejército, la Marina y Fuerza Aérea, en el contexto de violencia extrema que padece el país y que se ha convertido para México en su peor estigma de la época contemporánea.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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