Crítica hostil del cardenal

PAULINO CÁRDENAS

El cardenal Juan Sandoval Íñiguez criticó duramente al sistema que impera en México. Culpó a gobernantes, políticos y empresarios de la propagación del crimen organizado como ‘revancha’ social. No dejó títere con cabeza al señalar que la clase política y empresarial del país, igual que las mafias del crimen organizado, se aprovechan del pueblo con total impunidad que es la que impera por encima de la ley en México.

En la sección La Palabra del Pastor edición 768 página 3 de El Semanario que publica la arquidiócesis de Guadalajara, el prelado hace una dura crítica al desorden que radica en el país a consecuencia de la injusticia. Señala que en la nación opera una nueva ola de políticos cínicos y hambrientos de dinero, responsables de que el pueblo busque “venganza” contra ellos a través del crimen organizado.

Agrega que la criminalidad también es ejercida desde todos los niveles de gobierno. “En ese desorden habría que incluir no sólo a criminales violentos, sino a gobernantes que se aprovechan del cargo para consumar grandes latrocinios y desfalcos a la Nación sin que les pase nada”. Puntualiza: “Al parecer, la nueva ola de políticos llegó con hambre de dinero, y como no hay castigos, pues adoptan una actitud cínica porque se pasean libremente, van de un puesto a otro o aspiran a cargos más altos sin que nadie pueda hacerles algo. Estas personas, que tienen en sus manos la riqueza del país, terminan riéndose de sus fechorías y del pueblo, frente al cual actúan impunemente”.

Aseguró que hay empresarios y comerciantes que abusan del pueblo con total impunidad. “De igual forma, hay empresarios y comerciantes de grandes vuelos que también abusan del pueblo, porque venden servicios y productos a precios de primer mundo, cuando los sueldos en México son del tercero o cuarto” mundos.

“Es lamentable decirlo, pero cada vez hay más injusticia y desorden en muchos campos, y esto genera, en el corazón de algunos: resentimientos, odios y envidias, que a su vez devienen en la delincuencia a la cual esos se entregan, porque se sienten injustamente maltratados de una manera oscura, profundamente agraviados, y por lo tanto, buscan venganza a través de lo ilícito”.

Añade: “Dentro del crimen organizado quieren tener lo que la Sociedad les ha negado de manera ordenada y pacífica mediante un trabajo honesto que, en primer lugar, es difícil de obtener; y en segundo, es pagado, en muchas ocasiones, con sueldos de hambre y miseria. Hablar, pues, de paz en nuestra Patria, suena muy bonito, porque es un anhelo deseado por todos; pero, lo reitero, la justicia es una condición para que reine la paz, y ésa no se da”.

El prelado concluye que los que dirigen el rumbo del país deben pensar en reconstruir la paz social. “La solución la tienen los gobiernos y también los líderes sociales en el campo del pensamiento, así como líderes de la economía, los grandes empresarios. Todos ellos tienen que pensar que este país va de tumbo en tumbo, con un crecimiento de la pobreza e insatisfacción en el pueblo que constituye, cada vez más, una amenaza para la tranquilidad social”.

Pero en medio de toda esa dura crítica que hace del sistema, ¿en dónde queda su arzobispado y la Iglesia en general? ¿Acaso no viven de la bienaventurada limosna de la gente cada día, y que en muchos casos, como el del gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, la iglesia recibe dádivas millonarias –sacadas del erario en este caso– para proyectos evangélicos como ha sucedido con la arquidiócesis de Guadalajara?

¿No en ocasión de una de esas dádivas a la que es afecto el mandatario de aquella entidad en una fiesta, en estado de ebriedad insultó a quienes no estaban de acuerdo con su estilo de dar dinero ajeno –dinero del pueblo– a obras que él considera benefactoras gritando ‘me vale madre’ lo que digan e incluso pidió al arzobispo de Guadalajara que estaba en el mismo jolgorio, que lo absolviera por las sandeces que dijo bajo los efectos del alcohol?

Sandoval Íñiguez es el mismo que en ocasión de una homilía por el Día del Voceador, al elogiar la pobreza y la humildad dijo públicamente que “no hay rico que no sea rico sin haber robado”. Y para que no hubiera dudas dijo: “El rico es ladrón o hijo de ladrones; si obtuvo el dinero es porque es ladrón o hijo de ladrones, y está dicho por San Agustín”.

Todo mundo sabe que aparte de las limosnas que da con fervor la gente del pueblo a los templos, los grandes ricos, los hombres del poder político y hasta los capos, aportan muy buenas sumas de dinero en calidad de limosnas y diezmo a las iglesias. Sandoval Íñiguez dice cosas difíciles de refutar, pero también debería aceptar que ese mismo sistema que critica, amamanta, entre otras, a su arquidiócesis.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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