Mejor, políticos confiables

PAULINO CÁRDENAS

Igual que policías confiables, los mexicanos exigen que haya políticos confiables. La enésima reunión del Consejo Nacional de Seguridad volvió a servir para lo mismo que las anteriores: para hacer llamados a misa. Reunidos integrantes de dicho consejo con gobernadores de todos los partidos, por parte del Presidente hubo regaños y reproches, pero también revires a cargo de los mandatarios invitados, aclarando paradas. Al final hubo compromisos, de esos que al correr de los días, las semanas y los meses, nunca se cumplen.

El tema central, que debió haber sido abordado y resuelto desde el principio de sexenio antes de que le declarase Felipe Calderón la guerra a las mafias, fue cómo lograr policías ‘confiables y certificados’ para enfrentar mejor a la delincuencia organizada y a la desorganizada. Para empezar esto debió haber sido parte del diseño de una política pública orientada a la prevención del delito, antes de ir y alborotar el avispero de las mafias sin saber las consideraciones negativas que eso traería como consecuencia de la declaratoria de guerra del mandatario panista contra los capos de la droga y del crimen organizado.

A los pobres policías estatales y municipales se les cargan todos los males: que si están vinculados a la delincuencia, que si la mayoría está corrompida, que si ser policía en México es una experiencia de supervivencia y abandono, que si todos esos pesares los lleva al consumo de drogas y de alcohol, que no cambiarán de actitud mientras no sea para hacerlo a favor de sus propios intereses. En fin, todo lo malo, para ellos. Para los mandos superiores, nada. Ellos son blancas palomas.

Para los policías federales la suerte parece ser otra. Ellos están cubiertos por el sagrado manto de su jefe, quien a su vez goza de la sagrada gracia del Presidente. Parecería que la masquiña está sólo del lado de los policías de los estados y municipios. Los otros, los que dependen del gobierp federal, parecen estar bordados a mano; son de élite pues. Hasta serie de televisión les tocó dizque para exaltar sus virtudes.

Los policías comunes y corrientes dependen de su suerte y están sujetos a las reglas internas que comúnmente sus jefes corrompen y a las que sus subordinados se tiene que plegar. Habrá que recordar la tristemente célebre época de la ‘hermandad’ policiaca del ‘Negro’ Durazo de lo que todavía hay muchos resabios, lo que conduce a esos pobres servidores públicos pobres, a estar sujetos al estrés, al desánimo, a la desmotivación y por si fuera poco, al señalamiento negativo de la sociedad como estigma de vida.

Con toda esa enorme carga emocional, económica y existencial, el Presidente y los gobernadores quieren que México tenga policías ‘confiables y certificados’. Y por eso pelean uno con los otros, como sucedió el pasado lunes en la reunión del Consejo de Seguridad –que debería ser de Inseguridad para estar acorde con la realidad–, llevada a cabo en un recinto de la Secretaría de Hacienda en Palacio Nacional.

La palabrería entre ellos fue recurrente. Nunca se tocó el tema, acaso por lacerante y vergonzante para las autoridades ahí presentes, de que el policía común vive aislado en su propio e ingrato mundo, aislado frente a la sociedad y olvidado por las propias instituciones a las que pertenecen. El tema de los sueldos que perciben los policías estatales y municipales no está considerado seriamente en los planes y  programas de ‘cambio’ de mentalidad y comportamiento que tan orondamente los funcionarios ponen a consideración en sus discusiones.

Acaso de manera retórica lo hagan, es decir, de a mentiritas. Ni siquiera se ocupan de preguntarle a los policías de abajo, la tropa, los de sin grado, cómo le hacen para vivir con lo poco que ganan o si la conseja del panista Ernesto Cordero de vivir con 6 mil pesos al mes no la han puesto en práctica. Con todo y eso hay policías honestos, que cumplen cabalmente con su deber sin caer en corruptelas.

El lunes, al irse descomponiendo la reunión por críticas mutuas a negligencias y deficiencias organizacionales, Calderón propuso que en un plazo perentorio de unas cuantas semanas, por arte de magia hagan con sus cuerpos policíacos lo que en cinco años no han hecho. Queremos policías confiables y con un nuevo enfoque de formación y certificados; la sociedad lo exige, les dijo el Presidente. La moción fue aprobada.

Pero la sociedad también exige tener políticos ‘confiables y certificados’, no que sólo busquen el favor del voto para luego olvidarse de lo que prometen. Lo que la sociedad en su conjunto desea es que acabe la corrupción y la impunidad en México, empezando por la que se propicia desde los propios mandos en los tres niveles de gobierno del país.

Hasta ahora se plantea la urgente necesidad de preparar policías adiestrados para combatir a los delincuentes oranizados. En la señalada reunión del Consejo de Seguridad se volvieron a hacer compromisos en ese sentido que, obviamente, por discrepancias políticas irreconciliables, no se cumplirán en el lapso propuesto. Eso justificará que el Ejército siga en las calles.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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