Morir en día de muertos

PAULINO CARDENAS

Morir en día de muertos es una paradoja de la vida. Eso sucedió con la ejecución del alcalde de La Piedad, Ricardo Guzmán Romero, que ha puesto al rojo vivo las elecciones en Michoacán a celebrarse el próximo día 13 si es que no se cancelan los comicios. ¿Fue un mensaje? Lo que queda claro es que la lucha por el poder cada vez se pone más candente. Y es obvio que la mano del crimen organizado está en medio. Por lo pronto el PAN exigió al gobernador Leonel Godoy esclarecer los hechos y los líderes de todos los partidos condenaron el artero crimen del edil panista.

Desde Cannes, Francia, en donde se encuentra, el presidente Felipe Calderón Hinojosa ofreció su pésame a la familia del presidente municipal “cobardemente asesinado”, y recordó que era parte de un proyecto por un Michoacán mejor. Instruyó a su gabinete de seguridad a disponer de todos los instrumentos a su alcance, con el fin de coadyuvar en las investigaciones que realiza el gobierno de Michoacán “para esclarecer los hechos, identificar y localizar a los responsables, así como someterlos ante la justicia”.

Para el panismo, las elecciones en Michoacán están consideradas como el preámbulo para hacer tropezar al PRI en ese estado –en el que el PRD ha tenido el mando desde hace casi tres sexenios–, y de ganar Acción Nacional lo festinarían como lo que podría suceder en el 2012.  La candidata de Acción Nacional, Luisa María Calderón Hinojosa, hermana del presidente Calderón, dijo que ese crimen no la arredra para seguir en la contienda, sino al contrario.

Como se sabe, fue en su propio estado en donde el mandatario panista le declaró la guerra a las mafias en diciembre de 2006. En esa entidad hay desplazados miles de efectivos de las Fuerzas Armadas y de la Policía federal para hacerle frente a los cárteles de La Familia Michoacana y a los Caballeros Templarios que pelean la plaza con otros cárteles que se las quieren arrebatar para realizar también sus actividades ilícitas.

Todo eso sucede, mientras hoy se están cumpliendo tres años de la muerte de Juan Camilo Mouriño. Para Felipe Calderón la muerte de su delfín fue un golpazo emocional además de político. Con esa pérdida el Presidente entró en una fase de fragilidad política porque, entre otras cosas, no ha habido quien supla esa ausencia. Si viviera quien fuera su secretario de Gobernación, sería sin la menor duda la carta fuerte que le estuviera disputando simpatías al candidato inevitable del PRI, Enrique Peña Nieto para el 2012.

El encargado de la política interna del país era una pieza clave en la lucha contra el crimen organizado, por lo que algunas versiones apuntaron a que el funcionario pudo haber muerto víctima de un sabotaje. Lo mismo se dice del otro funcionario que lo acompañaba, José Luis Santiago Vasconcelos, quien se desempeñaba como titular de una Secretaría Técnica encargada de la implementación de reformas constitucionales en materia de seguridad y justicia penal y que ya había recibido amenazas de muerte.

En el mismo vuelo iban , Miguel Monterrubio, Arcadio Echeverría, Norma Díaz, Julio César Ramírez Dávalos, así como los pilotos Álvaro Sánchez y Martín Olivo y la sobrecargo Gisel Carrillo. Todos murieron. La fatalidad alcanzó abajo en la calle a otras personas al estrellarse  el jet y provocar un fuerte incendio en las imediaciones del periférico en las Lomas de Chapultepec aquella tarde-noche de hace tres años que era martes.

Fue mucha coincidencia que dos personas clave en la lucha contra el crimen como eran Mouriño y Santiago Vasconcelos, hayan muerto en el mismo avionazo, cuando el acoso contra las mafias empezaba a incrementarse y los hilos de las complicidades de los capos estaban llegando hasta personajes impensados, según trascendió de informes de inteligencia venidos de fuera. En septiembre habían sucedido los bombazos en Morelia –otra vez Michoacán– y se habían dado dos golpes consecutivos al narcotráfico una y dos semanas antes.

Según el libro de Anabel Hernández ‘Los Señores del Narco’, Juan Camilo Mouriño habría ordenado gestionar una tregua entre los cárteles de la droga que empezaban a disputarse entre ellos a muerte diversas zonas del país para sus actividades delictivas. Según investigaciones de la periodista, a quien comisionó el entonces secretario de Gobernación para esa audaz misión fue a un ‘general X’ que después se supo su identidad.

Escribió que dicho militar, Mario Arturo Acosta Chaparro, habló con los principales capos del momento, en donde supuestamente el enlace con ellos para hacer la propuesta de una tregua, iba a ser Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, quien por cierto en Forbes sigue mejorando posiciones. Aquel plan no se pudo concretar por razones que públicamente se desconocen. Luego vino el avionazo de hace tres años y ahí quedó todo. Y ahora está lo del asesinato del edil de La Piedad. ¿Qué sigue?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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