¿Accidente por negligencia?

PAULINO CÁRDENAS

Si es verdad que presentaba fallas desde antes de su fatídico vuelo el helicóptero SuperPuma número económico TPH-06 que el viernes pasado se estrelló y donde perdió la vida el secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora y sus acompañantes –como lo afirman los parientes directos del fallecido piloto Pedro Ramón Escobar Becerra–, el asunto tomaría otro curso y podría llevar a acusaciones muy graves por negligencia contra quienes resulten responsables. Según el presidente Felipe Calderón, la aeronave ‘recientemente había recibido mantenimiento de rigor’ y había estado bajo la custodia del Estado Mayor Presidencial.

El helicóptero venía fallando desde antes, dijo Hiriam Fernando, hermano de Pedro Ramón que ese día fungió como copiloto del helicóptero que se desplomó. En tanto doña Rosalba, madre de ambos, preguntaba al arribar al hangar presidencial para asistir a la ceremonia lucutuosa el sábado en el Campo Marte: “¿Por qué si había esos otros cinco helicópteros, tuvieron que elegir para viajar a Cuernavaca justo el que no estaba bien?”

El aparato pudo haber fallado en pleno vuelo, por lo que el piloto habría tenido que hacer la maniobra urgente de buscar en dónde aterrizar de emergencia al perder altitud el aparato, lo que contradiría al Presidente quien en una primera declaración señaló que el piloto al parecer habría querido evitar un supuesto banco de nubosidad, por lo que habría modificado la ruta de vuelo hacia el estado de Morelos a donde se dirigía la comitiva encabezada por el titular de Gobernación.

Una nota de la reportera Cristina Pérez-Stadelmann para El Universal refiere lo que expresó el hermano del copiloto, el joven Hiriam Fernando, quien preguntaba: “¿Cómo es posible que el día del accidente usaran el mismo helicóptero que ya presentaba fallas? Ese helicóptero no está bien. Venía fallando de regreso de Colima”. El comentario lo hizo luego de escucharlo de propia voz de su hermano el piloto y después de haber oído entre los propios familiares que el aparato, número económico TPH-06, sólo había estado en el hangar presidencial un día, para revisión.

Al parecer, la caída del aparato pudo haber sido por falta de un mantenimiento adecuado como lo dispone la Organización de Aviación Civil Internacional –que depende de la ONU–, en lo que respecta a los estándares de seguridad aeroespacial. En el mismo caso estarían los demás aparatos en los que tienen que viajar el Presidente y los miembros de su gabinete. Son varios los accidentes mortales de helicópteros, además del Leartjet-45 donde viajaba Mouriño, en donde se han sucitado desplomes que han causado la muerte de funcionarios, en los dos sexenios panistas.

Cuando empezaba a correr la versión de que la caída del helicóptero la pudo haber ocasionado un atentado –por los personajes que viajaban en el aparato, uno de ellos dedicado a coordinar el combate al narcotráfico como lo era Blake Mora–, surgió de inmediato la voz del propio Calderón para decir que la caída de la aeronave la pudo haber provocado una nubosidad aparecida en la ruta hacia donde se dirigía el funcionario y su comitiva en gira de trabajo, lo que obligó al piloto a desviarse para tratar de evitarla, lo que se infiere, bajo esa hipótesis, que por la poca visibilidad se habría estrellado en un cerro del estado de México.

Lo cierto es que todo parecía encaminarse –como sucedió aquel 4 de noviembre de 2008 cuando cayó el Learjet-45–, a querer echarle la culpa al piloto, aunque esta vez de manera más sutil, ya que lo que dijo Calderón lo mismo repitió el titular de la SCT Dionisio Pérez Jácome en conferencia de prensa, quien de paso quiso atajar cualquier versión de un posible atentado, al señalar que ‘las revisiones visuales realizadas preliminarmente por los peritos en el sitio del siniestro, no revelan evidencia, en los restos de la aeronoave, de algún tipo de daño causado por explosión o fuego’.

Primero como secretario de Gobierno en Baja California y luego como segundo hombre en importancia en el gabinete presidencial en su carácter de secretario técnico del gabinete de seguridad a nivel federal –como corresponde al titular de la Secretaría de Gobernación–, tenía en ambos casos la misma misión de combatir a las mafias del narcotráfico y el crimen organizado. En su tierra, además de dedicarse a tareas políticas, se dio tiempo para combatir a los cárteles de Sinaloa y de Tijuana que se disputaban territorio, en donde habría dejado potenciales enemigos.

Ya instalado en Bucareli, su jefe y amigo le encargó una misión imposible: disminuir el avance de los cárteles en todo el territorio nacional, incluído el de apresar antes de que termine el sexenio a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán. En su breve paso por Gobernación, el funcionario, con la ayuda de elementos del Ejército, la Marina y la Policía Federal, hizo lo que pudo hasta la mañana del pasado viernes cuando cayó el helicóptero en que viajaba. ¿Algún día se sabrá la verdad?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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