Dichos que no convencen

PAULINO CÁRDENAS

Hechos del crimen organizado como los que acaban de suceder en tres municipios de Sinaloa y en Guadalajara en donde hubo más de 50 muertos, echan por tierra cualquier dicho justificatorio de que los cárteles están “debilitados”, “desmembrados” o “derrotados”. Tampoco es con ejercios basados en estudios sociológicos como los que planteó el presidente Felipe Calderón, como se convencerá a quienes reprueban su estrategia fallida contra las mafias, ya que su insistencia de querer acabar la violencia con más violencia sólo propicia el nacimiento de nuevas bandas  y el fortalecimiento de otras, como está visto.

Durante la conmemoración del Día de la Armada celebrada en Acapulco, Guerrero, señaló que asumir que el problema del narcotráfico y la violencia surgieron a partir de este sexenio, es una visión “tan equivocada, como suponer que al retirar a las fuerzas federales al concluir la presente administración, esa situación desaparecerá por sí misma”. ¿Cuántos recursos se ha gastado para sostener la narcoguerra y ahora salir con eso?

¿De qué ha servido el despliegue de miles y miles de militares, marinos y policías en la lucha contra el narcotráfico en el país?  ¿Cuál ha sido el sentido de insistir a cada rato en que los cárteles supuestamente han sido desmantelado o eliminados? ¿A quién se le quiere tomar el pelo?  Con argumentos que a nadie convencen, Calderón trata de justificar a contrapelo que la violencia es el camino para acabar con la violencia, aunque al mismo tiempo advierte que el problema del narco no se irá al terminar su sexenio. Y por ende, la violencia tampoco. ¿Entonces? ¿Se ha tratado entonces sólo de estar capoteando al toro en estos cinco años?

Para el Presidente, quienes reprueban que la violencia no acabará con la violencia, son ‘críticas sin sentido’. Acaso para él tiene más sentido que la violencia propicie la proliferación de las mafias del narcotráfico, como ha quedado visto con las ejecuciones con las que amanecieron en Sinaloa y Jalisco, realizadas según se ha dicho, por nuevos cárteles. Señaló en Acapulco que las fuerzas federales han tenido que reaccionar ante la violencia que azota al país, pero no son éstas las causantes de esa violencia.

En dicha ceremonia volvió a repetir el mismo rollo de otras veces: “Hay quien dice que la violencia es consecuencia de la acción del gobierno. No es así. La violencia no se da por la intervención de las fuerzas federales; es al revés, las fuerzas federales intervienen porque hay violencia, y porque hay violencia en un lugar determinado”.

Añadió: “Pensar que el problema se gestó de la noche a la mañana, o empezó con esta administración, es tan equivocado como suponer que al retirar a las fuerzas federales, al concluir la presente administración, desaparecerá por sí mismo”, enfatizó. Consideró que fue la inacción de administraciones pasadas –supuestamente de Vicente Fox para atrás–, lo que permitió la expansión del crimen.

Indicó que “para algunos”, esta expansión no tendría consecuencias mientras no se tocara a los criminales. Era una lógica absurda que dice que si no te metías con ellos no pasa nada. Aseguró que ‘este grave error’ permitió a las bandas distribuirse rápidamente en el territorio nacional y enquistarse en las instituciones del estado. Comentó que hay tres fases consecutivas en la “evolución” de los grupos criminales.

La primera, dijo, consiste en una fase “predatoria”, en la que el crimen actúa como banda local y en la que aún puede ser controlada por la policía local. Pero si se les permite avanzar, llegan a la siguiente fase, “parasitaria”, en la cual los criminales logran tener control sobre comandantes y jefes policiacos. Y si siguen adelante llegan hasta la fase conocida como ‘simbiótica’, donde ya no existe una diferencia “al menos perceptible entre la acción de la autoridad y la acción de los criminales en zonas o poblados donde policía y criminalidad, por ejemplo, se vuelven una y misma cosa”.

Dijo que una vez que llegan a esa etapa, los criminales toman el control de zonas del territorio nacional y empiezan a diversificar sus actividades, situación que en México ha provocado la afectación de cientos de personas que han sido víctimas del secuestro, la extorsión y muchos otros delitos. Por esas circunstancias se debe continuar con la estrategia de seguridad actual, insistió. Bonita explicación, pero deja de lado la altísima cuota de muertos –alrededor de 60 mil, más los que se acumulen de aquí al término del sexenio– que ha cobrado esa guerra inútil.

Insistió en que los grupos criminales tienen un comportamiento dinámico ante el cual el Estado tiene que reaccionar y que ‘de acuerdo a estudios sociológicos’, la tendencia natural de esos grupos es expandirse “hasta donde los límites del Estado se los permita”. Y en todo caso ‘el Estado soy yo’, como diría el absolutista Luis XIV de Francia.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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