Un sexto año descifrable

 PAULINO CÁRDENAS 

El presidente Felipe Calderón dice que terminará su sexenio ‘a tambor batiente’. También ha dicho que su prioridad seguirá siendo la guerra contra el narcotráfico hasta el último día de su mandato. Lo indudable es que dedicará gran parte de su tiempo a apoyar a su partido, que está hecho bolas y no acaba de ponerse de acuerdo para saber quién será el abanderado para las elecciones del julio próximo. Se cree asímismo que se dedicará a ver la manera de evitar que gane la Presidencia Enrique Peña Nieto. Se dice que preferiría que fuera Andrés Manuel López Obrador el que llegara con tal de no ver regresar al PRI a Los Pinos.

No obstante, aunque seguirá teniendo su séquito de aplaudidores, el mandatario panista se encamina a asumir sus últimos doce meses de gestión prácticamente tomando sus decisiones en la soledad, como lo ha hecho siempre. No ignora por supuesto lo que le sucede al Presidente en turno en el último año de su gobierno: tener que cabalgar cada vez con menos fuerza real y viendo que sus decisiones cada vez son menos tomadas en cuenta por la natural merma política y desgaste que va sufriendo el poder y el mando conforme se acerca el final.

De por sí al llegar a su quinto año los momios no les han favorecido como hubiese querido. En las encuestas como las que ya empezaron a salir, que supuestamete son el reflejo de la percepción pública, la mitad de las opiniones lo favorecen con el voto de aceptación en su gestión gubernamental y la otra mitad lo desaprueba. Acaso ninguna de las dos calificaciones sea una conclusión certera de su administración, porque no es sólo el hecho que un número determinado de encuestados coincida en que su adminsitración ha sido buena y la otra diga que no o que no sabe.

Habría que reguntarle por ejemplo a las familias cuyos miembros han caído muertos en la lucha contra el crimen organizado, aún estando del lado de los malos, si aprueban la gestión de Calderón con su guerra contra las mafias o inquirirle a otros en otra muestra si están de acuerdo con las políticas públicas que no les han resuelto el problema de desempleo, de lograr un salario digno o que han visto empeorar su calidad de vida en los cinco años que lleva la actual administración.

Ello por no mencionar a los más de 44 mil empleados que se quedaron sin trabajo en la Compañía de Luz y Fuerza o los que andan arrastrando la cobija porque el gobierno no tiene la intención de que Mexicana vuelva a volar con tal de darle cabida a otras líneas por supuesto extranjeras, para que cubran las rutas y destinos que dejó de cubrir la legendaria empresa aérea que dejó sin empleo a más de 8 mil 300 trabajadores.

El michoacano inició su gestión con un muy reducido número de leales y con dudas de legitimidad en contra, acusado por el perredismo lopezobradorista de haber llegado a la Presidencia gracias al fraude electoral que se gestó a su favor, por lo que siguiendo el consejo de alguno de sus más beligerantes asesores, aceptó la idea de tratar de legitimarse ante los mexicanos emprendiendo una lucha armada contra los capos de la droga, haciéndole creer que sería fácil someterlos y erradicarlos con las Fuerzas Armadas por delante.

Es sabido de siempre que Calderón ha tomado sus decisiones prácticamente solo. Incluso desde que le decretó la guerra a las mafias lo hizo en un mero acto de autoridad, que si bien le correspondía como jefe del Ejecutivo, por las consecuencias que entrañaba amenazar a los capos del narcotráfico y del crimen organizado debió escuchar los consejos de otras instancias, empezando al menos por los otros dos Poderes, el Legislativo y el Judicial, por los riesgos que esa decisión podría acarrear. Pero no. Prefirió lanzarse a la aventura sin más ni más. Hoy México está pagando las consecuencias.

El mandatario panista no es hombre que le guste sentarse a dialogar con los distintos sectores de la sociedad. Más bien le gusta dictar línea sin que nadie le discuta y así seguirá. Por esa apatía o desdén no le gusta pactar compromisos ni resolverle los problemas ajenos. Prefiere el dejar hacer y el dejar pasar. El fracasado diálogo que sostuvo con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad es un botón de muestra. Y no cambiará.

A no ser los suyos, nadie cree que en el último tramo de su gestión gubernamental dé un golpe de timón en ninguno de los principales rubros que han quedado olvidados o rezagados por la prioridad bélica. Nadie cree que varíe el rumbo. Se dedicará a seguir administrando su guerra y a cerrarle el paso a quienes pretenden sacar al PAN de Los Pinos. Y si no, como dicen los clásicos, al tiempo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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