México, en el eje del mal

PAULINO CÁRDENAS

En respuesta a la insistencia de la mayoría republicana de que el gobierno de Obama debe implementar una estrategia contrainsurgente en coordinación con México para evitar que los capos del narcotráfico pudiera hacer alianzas con grupos extremistas islámicos, Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, ha señalado que la administración demócrata se mantiene “muy vigilante de la guerra al otro lado de la frontera”, del “nivel sin precedentes de violencia atizada por la lucha de los cárteles por el control de territorio” y de los “crímenes terribles” que se han acumulado a lo largo de una cruzada que ha hermanado, dijo, los esfuerzos del gobierno de México y de Washington.

“Desde hace mucho tiempo hemos pensado por anticipado qué pasaría si Al-Qaeda se uniera con Los Zetas”, dijo Napolitano hace unos meses durante una audiencia pública ante el comité de seguridad nacional de la Cámara Baja estadounidense. Incluso ha insistido en que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) y el Buró Federal de investigación (FBI), tienen clasificados como prioridad la investigación de estos posibles vínculos. Ha comentado que para su Departamento el problema latente es mayúsculo.

Había manifestado que una de las estrategias que el DHS aplicaría en diversos países dentro de los esfuerzos contra la amenaza de los grupos extremistas o criminales, era poner en marcha un programa para compartir con las autoridades migratorias su base de datos biométrica como las que utilizan el FBI y la DEA, que contiene una lista de más de 6 millones 200 mil terroristas conocidos o sospechosos, así como delincuentes y trasgresores de leyes de inmigración de Estados Unidos.

Lo que se pretende con los gobiernos extranjeros, como México, es “incrementar el intercambio de información con el fin de evitar movimientos de los terroristas a la mayor brevedad posible”. En septiembre pasado, el DHS advirtió sobre el hallazgo en Texas de lanzacohetes portátiles, armas de grueso calibre, lanzagranadas con municiones, fusiles, armas cortas y tres paquetes con explosivo denominado C-4, presuntamente relacionado con Los Zetas.

Los botones de alerta del Departamento de Seguridad Nacional se encendieron hace no mucho, cuando en el desierto de Arizona, ruta de paso de drogas e ilegales hacia Estados Unidos, fue encontrado por la Patrulla Fonteriza el libro en inglés ‘En memoria de nuestros mártires’ con el que supuestamente se honra a los hombres-bomba suicidas del islamismo extremista, en el que entre otras cosas hay instrucciones de cómo hacer bombas. Al hecho el DHS no le dio mucha importancia.

Sin embargo se supo que desde mayo, cuando habría sido el hallazgo, las diversas agencias estadounidenses de espionaje y contraespionaje incrementaron de inmediato sus investigaciones sobre el alcance y lo que pudiera haber colateralmente en torno a ese libro, y más aún después de las sospechas de un complot contra el embajador de Arabia Saudita, Adel Al-Jubeir, y la posible realización de atentados contra la embajada saudita y la de Israel en Washington que habrían sido frustrados por la DEA y el FBI a principios de octubre pasado.

En Colombia, entre los años 80 y 90, cuando aquel país ya no podía contener el avance del narcotráfico controlado por Pablo Escobar y cansados gobierno y sociedad de tanto hostigamiento y derramamiento de sangre ejercido por el líder del cártel de Medellín, fueron apareciendo varios grupos paramilitares bajo el nombre genérico de ‘Los Pepes’ (acrónimo de Perseguidos por Pablo Escobar), integrados por narcotraficantes y sicarios enemigos y ex amigos que había traicionado el capo, así como familiares de gente que había mandado a ejecutar, incluidos personajes de la clase política.

Escobar, quien con su poder económico quiso incursionar en la política, al tiempo  acabó siendo encarcelado y condenado a 60 años de prisión, pero escapó de la cárcel. Esto aceleró la idea de que esos grupos paramilitares decidieran colaborar con la justicia colombiana y con las fuerzas especiales de Estados Unidos como la DEA, la CIA y la Fuerza Delta enviadas a ese país con el propósito de acabar con el capo, logrando su muerte el 2 de diciembre de 1993 en Medellín junto con un guardaespaldas, en un enfrentamiento con la policía 16 meses después de su fuga de la cárcel de Envigado.

Hay quienes creen que un esquema similar podría aplicarse en México para acabar con los verdaderos líderes de las mafias que operan en el país. Para Estados Unidos, México aparece en el sexto lugar en sus alertas de seguridad nacional, por el asunto de la inseguridad, la violencia y el baño de sangre por la guerra de Calderón contra el narco. Por lo pronto el Sistema de Alertas de Terrorismo Nacional (NTAS por sus siglas en inglés) que depende del Departamento de Seguridad Nacional, sigue vigente, lo mismo que los esfuerzos sobre la seguridad fronteriza desplegados por ambos países desde 2001 a raíz de los atentados del 9/11.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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