Se avecina una tormenta

PAULINO CÁRDENAS

Respecto a las sospechas de que hay colusiones entre autoridades y criminales organizados, mucho dará de qué hablar lo que acaba de publicar The New York Times sobre la infiltración de agentes estadounidenses de la Drug Enforcement Administration en México que se dedican a lavar dinero y a traficar droga, dizque para dar con las mafias de este lado de su frontera, refiriendo un documento que tiene en su poder la revista Emeequis, la cual publica esta semana un interesante y preocupante reportaje, “El cártel de la DEA”, sobre oscuras actividades de esa agencia la cual viene operando turbiamente en territorio nuestro, sin duda con la anuencia de nuestras autoridades.

No es la primera vez que el diario neoyorquino afirma que el gobierno de Estados Unidos, a través de la DEA, se ha dedicado a lavar miles de millones de dólares para los cárteles mexicanos y a traficar cocaína hacia Europa, Asia y Oceanía desde territorio nuestro. Pero lo que publica la revista mexicana pone los pelos de punta. Señala que declaraciones juradas de agentes encubiertos revelan cómo usaron suelo azteca para traficar cocaína de Amércia a Europa, transportar millones de dólares a granel, y lavar dinero en bancos de Estados Unidos, China y Hong Kong.

Después de leer estos dos reportajes queda la percepción que lo más probable es que autoridades nuestras que tienen contacto frecuente con esa agencia antidrogas, estén coludidas con esas actividades criminales, lo cual, de llegarse a corroborar plenamente –y no es nada difícil–, sería un gran escándalo para el gobierno de Calderón. Acaso por ello la guerra contra el narcotráfico está perdida de antemano y sólo se administra, aunque su estrategia siga siendo del que ‘vamos ganándole’ a los capos del narcotráfico y a las mafias criminales y que es una guerra por el bien de México, lo cual dista mucho de ser cierto.

Por lo pronto, en cada lugar que va o en foro que se le atraviesa, el Presidente sigue machacando la idea de que la guerra es por el bien de los mexicanos, pese a los miles de muertos que ha cobrado esa lucha armada cuya cifra sigue en aumento. En Escobedo, Nuevo León, presidió ayer una presentación de los cuerpos policiacos estatales que están listos para el ataque contra los comandos al servicio de los capos en aquella entidad feerativa. No obstante, en el campus del Tec de Monterrey lo abuchearon los estudiantes, quienes no olvidan los asesinatos de los alumnos de posgrado, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Arredondo Verdugo, muertos en marzo de 2010 por parte de militares.

La animosidad presidencial sobre todo lo bélico resulta preocupante. En el Campo No. 1 de la llamada Nueva Fuerza Civil de Nuevo León, volvió a hacer la apología de su guerra y dijo que en materia de seguridad, “hemos enfrentado a los criminales con toda determinación, sin titubeos, como debe ser”. Dijo que la sociedad ha sido testigo de la serie de detenciones de delincuentes, incautación inédita de armas, alrededor de 140 mil en cinco años, sin dejar de darle un raspòn al priísmo al señala que en la administración de Miguel de la Madrid, en todo el sexenio se decomisaron algo así como 700 armas.

Sólo que entonces no había el soslayo que hay en este sexenio para dejar pasar armas de forma deliberada e ilegal por las fronteras con Estados Unidos, como en el caso de la operación Rápido y Furioso –por las aduanas que se supone están a cargo de la Secretaría de Hacienda de donde salió quien Calderón quiere que sea el candidato para enarbolar al panismo en las elecciones del 2012–, dizque para seguirle la huella a las guaridas de los narcotraficantes en territorio nuestro. Sobre ese vergonzoso plan operado por la ATF norteamericana, para no dar explicaciones su gobierno ha preferido decir que, al respecto, nada sabía.

Su obsesión bélica lo tiene atrapado. De visita al campo neoleonés de operación y adiestramiento policial civil armada, señaló que se tiene que hacer en el corto plazo lo que los anteriores regímenes dejaron de hacer en materia de lucha contra la delincuencia organizada, refiriéndose sin mencionarlo, a las administraciones federales del PRI. Explicó de nueva cuenta que la espiral de violencia generada por los criminales no es un problema que haya surgido de la noche a la mañana ni por arte de magia. Volvió a afirmar que esa espiral es un mal que se vino gestando e incubando durante muchos años.

Es decir, insiste en voltear al pasado para echar culpas a otros de algo que no ha podido resolver desde que le declaró la guerra a los cárteles de la droga hace cinco años. Por ello gran parte del país está militarizado. Pero ni aún así cede la violencia. Un caso es Michoacán, donde acaban de hallar 13 cadáveres en Zitácuaro con signos de tortura y con el tiro de gracia. Ello pese a que la entidad está tapizada de militares. ¿Luego entonces? Pero lo que revela The New York Times de la DEA y lo que publica la revista Emeequis sobre esta agencia norteamericana, seguramente preocupará no sólo a Los Pinos sino a la Casa Blanca.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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