Ayuda por conveniencia

PAULINO CÁRDENAS

El caso de los supuestos suicidios de familias tarahumaras que dizque se han estado lanzado al vacío en los acantilados entre Creel y Barranca del Cobre, orillados a tomar esa decisión por hambre y por frío, a pesar de que ya fue desmentido incluso por el padre jesuita Javier Ávila –quien ha vivido y convivido con los tarahumaras hace años y los conoce por supuesto mejor que los políticos apuntados que los quieren ayudar pero con los reflectores mediáticos a un lado–, es una muestra de los tiempos que vive México de ambiciones políticas, estando enfrente las elecciones de julio próximo.

Apenas se supo de la noticia que cobró vuelo en las redes sociales en cosa de minutos, tanto el gobierno federal a través de la Secretaría de Desarrollo Social como el gobierno del Distrito Federal que encabeza Marcelo Ebrard, se apuntaron de inmediato para brindar ayuda a aquellos olvidados de siempre, después de las declaraciones de un líder de grupos indígenas respecto a que en la zona serrana de Chihuahua supuestamente estaban ocurriendo suicidios masivos por la hambruna que viven en la región, lo cual fue desmentido por el gobierno de aquella entidad.

El padre Ávila, quien es responsable de la Pastoral de la Diócesis de la Sierra Tarahumara, opinó que la noticia sobre los suicidios es “amarillista”. En entrevista con Carmen Aristegui dijo que no le consta que sea verdad; aunque sin mencionar su nombre manifestó que conoce a quien diseminó la especie, ‘pero no es de mis confianzas’. Señaló que “el rarámuri soporta muchas más cosas que nosostros y si acaso algún indígena lo ha hecho es por alteración psicológica o bajo los efectos del alcohol”.

Indicó que el problema de los tarahumaras “no es de hoy; es de siempre”, y en los proyectos de gobierno nunca son tomados en cuenta; los gobiernos “tienen acciones de bomberos” porque cada año les llevan despensas y cobijas, atacando más los efectos que las causas, pero no se preguntan “porque cada año se tiene que apagar la casa”. Admitió que ha habido un periodo de sequía prolongada y heladas fuertes que como consecuencia hay falta de alimento.

El sacerdote reconoció la solidaridad de las personas que han ayudado de manera desinteresada a los tarahumaras y aseguró que pese a que se invitó al gobierno para responder con programas sociales, hasta el momento no ha habido respuesta. En la entrevista manifestó que empezarán a repartir la ayuda por medio de un programa “y a cambio de trabajo”, por lo que han realizado un mapeo de las áreas más necesitadas, a donde no llega ni la “Cruz Roja o dependencias oficiales” porque no hay caminos.

Comentó que la mejor manera de ayuda en los centros de acopios es llevando alimentos como frijol, maíz, harina de maíz y trigo. Además indicó que el transporte es uno de los principales problemas para la entrega. Proporcionó el correo al cual puede ser contactado el sacerdote jesuita a quien los rarámuris llaman Padre Pato: pato@sjsocial.org

El problema de los tarahumaras no es el único en el país que padece hambruna o inclemencias por bajas temperaturas o sequías prolongadas, sino que son muchas los grupos indígenas que desde siempre han estado en el olvido por parte de todos los gobiernos del partido que se quiera, como son los nahuas, mayas, zapotecos, mixtecos, totonacas, tzotziles, tzetzales, mazahuas, mazatecos, huastecos, choles, purépechas, chinantecos, mixes, tlapasnekes, mayos, zoques, chontales, popolucas, chatinos, y amuzgos.

Lo mismo ha sucedido con los tojolabales, huicholes, tepehuanos, triquis, popolocas, coras, mames, cuicatecos, huaves, tepehuas, kanjobales, chontales, pames, chichimecas, matlatzincas, guarijíos, chujes, chochos, tacuates, ocuiltecos, pimas, jacaltecos, k’ekchíes, lacandones, ixcatecos, seris, motocintlecos, quichés, kakchiqueles, paipaies, pápagos, cucapáes, kumiais, kikapúes, cochimíes, ixiles, kiliwas, y aguacatecos.

Lo que pasa es que ahora, tanto el gobierno federal, como la jefatura de gobierno del Distrito Federal, andan a la caza de asuntos que les reditúe mediáticamente agua para llevar a su molino, ya que están enfrente las elecciones de julio para, entre otros asuntos, votar por quien será el nuevo jefe del Ejecutivo federal. Por ello más que nada se lanzaron a la velocidad del rayo dizque para brindarles ayuda a los rarámuris y salir en los medios como almas caritativas que distan mucho de serlo, a no ser porque están a la vista los comicios más importantes del sexenio.

Los tarahumaras o cualquier otro grupo étnico que habita hace siglos en México y que se resisten a desaparecer, de siempre han estado en el más completo olvido por parte de los gobiernos y autoridades del color del partido que se diga. Así ha sido prácticamente desde la época de la Conquista. Pero las elecciones del 2012 ya asoman. Y eso marca la diferencia. Hay que enviar ayuda rápida, pero con los reflectores mediáticos a un lado. Una ayuda por obvia conveniencia política, no tanto humanitaria.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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