Preocupante obsesión bélica

PAULINO CÁRDENAS

Los mexicanos que se quejaban de las locuras que decía Vicente Fox, dicen ahora que su sucesor no canta mal las rancheras. Cada día resulta más preocupante la belicofilia del presidente Felipe Calderón que todo lo vincula con la guerra que le declaró a los cárteles de la droga. Nadie sabe hasta dónde lo va a llevar esa enfermiza obsesión que padece, la cual afloró una vez más en el Foro Económico Mundial de Davos en donde, en el discurso que le correspondió pronunciar, al hablar de la llamada crisis de la deuda soberana que afecta a la Eurozona dijo que cada nación debe sacar la “bazuca inmediatamente” para resolverla y evitar que se propague a Italia y España y salpique a la economía internacional

“Tenemos una bomba de tiempo. La bomba está en Europa y estamos trabajando juntos para desactivarla, antes de que nos explote a todos”, dijo Calderón, que instó a Europa a sacar “la bazuca inmediatamente antes de que la pólvora se humedezca”. Los presentes se sacaron de onda. Para matizar, quien preside temporalmente el G-20, el club de las principales economías desarrolladas y emergentes, señaló que lo primero que debe hacer Europa es “crear un cortafuegos para evitar la caída de la tercera y cuarta economías europeas”, Italia y España, y que la crisis no salpique al resto del mundo.

Davos es un foro de alto nivel que reúne a los principales líderes empresariales, políticos internacionales, intelectuales y periodistas selectos para analizar los problemas más apremiantes que enfrenta el mundo empezando por los económicos. Por ello algunos sugieren que el Presidente debería ver cuanto antes a un profesional, ya que lo mismo hace en cada lugar al que asiste, dentro y fuera de México: aunque el tema no tenga nada que ver con la lucha armada que le declaró a las mafias, él insiste en utilizar términos bélicos en cada exposición. Todo lo quiere relacionar con su guerra.

Incluso el periodista Jairo Calixo Albarrán, con su habitual ingenio, dijo el viernes que al escuchar al Presidente decir en Davos lo de la bazuca, la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, se le acercó para decirle a Calderón al oído que recordara que no estaba en Uruapan, sino en Europa. Bromas aparte, el asunto ya es para preocuparse. No se sabe si sus asesores estén tomándolo a relajo, pero Davos no es un foro de frivolidad donde se puedan aventar consejos bélicos para el arreglo de crisis, estando las cosas como están de graves en aquella zona. Su enfermiza obsesión quedó de manifiesto una vez más.

El lenguaje bélico que acompaña a Calderón no es nuevo. Ya tiene años que lo viene usando, en busca de que permée en la sociedad la idea de que sólo con la fuerza bruta de las armas podrá liquidarse a las mafias, lo cual no ha demostrado ser cierto a más de cinco años de tratar de acabar la violencia con más violencia en la lucha armada contra las organizaciones criminales que operan en México. Sobre su fracasada estrategia, que muchos especialistas le han pedido que cambie, matice o complemente, esos consejos le entran por un oído y le salen por otro como decían las abuelitas.

Su belicofilia no lo deja en paz. Sus sueños de guerra los lleva cotidianamente a sus discursos. De un tiempo para acá ha querido que todos los sectores de la sociedad hagan suya su absurda guerra cuya cifra escalofriante de muertos rebasa el número de víctimas mortales que han cobrado, juntas, las guerras de Irak, Irán, Afganistán, la Franja de Gaza y las del Cuerno de Africa. Más de sesenta mil muertos –que algunos creen que ya alcanzó los 70 mil– al parecer no sólo lo tiene sin cuidado sino pareciera que en su fuero interno es motivo de jactancia y los tome como trofeos de guerra, ignorando que a la larga tantos muertos vendrán a ser su estigma de vida.

Algunos dicen que Calderón podrían estar sufriendo el síndrome de TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), provocado por la obsesión de la guerra que trae en su mente. El hecho es que esa enfermiza idea ha ido creciendo peligrosamente desde que sus asesores bélicos le vendieron la idea de tratar de legitimarse ante los mexicanos decretándole la guerra a las mafias sin saber en la que se metía, después de su cuestionado triunfo en las elecciones de 2006, por lo que desde el primer día de su mandato sentenció que la política de su gobierno sería la guerra contra la delincuencia organizada, en lugar de haber sido la de impulsar la creación de empleos como lo había prometido.

Con el pretexto de estar luchando ‘para garantizar la seguridad de la nación’ ha militarizado a más de la mitad del país, cosa contraria al sueño de cualquier mexicano  bien nacido que anhela vivir en un mundo en paz, sin guerras, con libertad y justicia, desarrollo y prosperidad, y sin hambre. La belicofilia de Calderón lo está llevando a ser protagonista del absurdo, porque al final de la película, la lucha armada contra el narcotráfico en México, por sus decepcionantes resultados, ha parecido más una guerra ficticia, aunque los muertos sean de verdad.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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