Fracasó la narcoguerra

PAULINO CÁRDENAS

Lo dicho por el secretario de la Defensa Nacional sobre el peligro que se cierne sobre México por el avance de los cárteles de la droga, abre un nuevo capítulo de la narcoguerra emprendida por el presidente Felipe Calderón, pero ahora abordándolo por el lado más oscuro de ese necio empeño que mal empezó y tal parece que mal irá a terminar. La disputa de hecho parece haber comenzado para saber quiénes tendrán que pagar los platos rotos de esa fallida guerra y a quiénes se les tendrá que cargar la cuenta de alrededor de 70 mil muertos o más al final del sexenio, o antes, como parece vislumbrarse desde ahora.

Lo que expresó en su discurso del pasado jueves el general Guillermo Galván, además de sorpresivo para los mexicanos que creían en el discurso oficial, viene a ser un verdadero parteaguas entre el idílico discurso rosa del ‘vamos ganando’ la guerra, y la verdad descarnada sobre esa inútil lucha armada contra las mafias decretada desde principio de su administración por el Presidente de la República en su calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, cuya estrategia le ha sido criticada de tiempo atrás porque sólo la anima el afán de querer acabar la violencia con más violencia.

Y no se trata como lo dijo Calderón, de invitar a pasar a los capos y ofrecerles un cafecito –aunque algunos dicen que si hay uno que goza de ese priviegio–, sino de darse cuenta de que el tiempo sexenal se agota y los resultados, lejos de ser animosos, son verdaderamente desconsoladores, sobre todo para las fuerzas castrenses que tiene que encarar todos los días a los sicarios al servicios de los capos, arriesgando por supuesto la vida. Este hecho desmoraliza a los efectivos castrenses que en varios casos han llegado al suicidio.

De un tiempo para acá, cuando sus asesores bélicos empezaron a ver que la guerra estaba prácticamente perdida, el mandatario panista empezó a manejar un discurso cuyo eje temático ha sido el de buscar corresponsables en todos los sectores de la sociedad para que hagan suya esa absurda guerra, diciendo que ‘hay gente que le reprocha a mi gobierno que combata a los criminales”, cuando lo que se le ha venido reprochando ha sido la necedad de no querer ni siquiera matizar o complementar su estrategia de guerra, lo cual lo ha llevado a un callejón sin salida.

La pregunta es ¿por qué el general Galván el día de la Marcha de la Lealtad, se atrevió a decir que las mafias le están generando “intrincados momentos” al país, enquistadas “con la colaboración de la propia autoridad”; que en algunas regiones ya se apropiaron de las instituciones del Estado, y que “es evidente que en algunas latitudes el espacio de seguridad pública está totalmente rebasado”, lo que es un tácito reconocimiento del fracaso de la guerra de Calderón?

¿Las fuerzas castrenses estarán hasta la madre de la sordera presidencial? ¿Será que no están de acuerdo en que se siga militarizando el país en aras de una necedad que no está llevando a ningún lado, y sí al desprestigio del Ejército y la Marina de cara a la nación? ¿Son tales las persiones de los organismos defensores de derechos humanos nacionales e internacionales que exigen que se juzguen en tribunales civiles los casos de abusos y violaciones contra gente inocente por parte de mandos y efectivos de esas instituciones armadas?

La mayoría de las miles y miles de muertes a causa de los encuentros entre las fuerzas gubermantales armadas y los comandos que tienen a su servicio las mafias, se ubican principalmente en Chihuahua, Michoacán, Guerrero, Nuevo León, Sinaloa, Durango, Jalisco, Tamaulipas, Coahuila, Veracruz, y el Estado de México. Evidentemente no son todas, aunque sí en donde ha habido el mayor número de muertos por la narcoguerra.

Otro filón de acusaciones contra mandos y efectivos del Ejército se refieren también a las desapariciones o “levantones”, secuestros y torturas, además de violaciones contra mujeres inocentes sobre todo, desastre más de hechos que de precepción, que se suma a los asesinatos que cotidianemente se dan en más del territorio nacional, junto con decapitaciones, tráfico de personas y gente que aparece mutilada o colgada en lugares públicos, hacen todo un escenario de terror donde el Ejército y la Marina quedan en medio.

Y como la estrategia oficial no cambia, el Presidente ordena seguir enviando más y más militares a cada foco de violencia que aparece un día sí y otro también, lo que a los mandos militares y marinos ya no les está pareciendo que se les esté usando de policías, por lo que el general Galván, con los tanates bien puestos, habría optado por hablar con la verdad, lo que no ha tenido su jefe supremo. ¿O hay algo más truculento detrás de ese preocupante discurso? Lo que es un hecho es que la guerra de Calderón fracasó. ¿Luego entonces qué sigue?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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