Entre el decir y el hacer

PAULINO CÁRDENAS

El discurso del 83 aniversario del PRI estuvo lleno de buenas intenciones y propósitos, aunque en los hechos resulta difícil pensar en que haya renovación y cambio verdadero por parte del tricolor en caso de que llegue a desplazar al PAN en Los Pinos, a juzgar por la práctica de saltibanqui político que se creía superada, por la que el tricolor optó nuevamente para designar, dentro de su Jurassic Park, a quienes habrán de dejar de ser diputados federales para ser senadores plurinominales y viceversa en el proceso de lograr un escaño o una curul en el Congreso.

Ciertamente hubo empatía de millones de mexicanos con lo que señaló Pedro Joaquín Coldwell, dirigente del Revolucionario Institucional ayer domingo en el auditorio ‘Plutarco Elías Calles’, de que el país requiere un cambio urgente en donde se concluya una etapa de muertes, violencia y corrupción, y en contrasentido darle paso a una agenda con políticas públicas sociales que regresen la tranquilidad que la sociedad anhela. Nadie podría negar que ese es el sentir nacional.

Con la presencia del virtual candidato Enrique Peña Nieto, quien no tuvo ninguna intervención por respetar la veda electoral, y a pesar de ello cientos de priístas lo vitorearon y, al grito de ¡duro, duro, duro!, recibió el espaldarazo de sus seguidores, el dirigente triolor afirmó que ya son tiempos de un cambio para que el país pueda recuperar su crecimiento y abatir la pobreza que en los últimos años se ha incrementado notablemente.

En una suerte de apología partidista señaló que ya son tiempos de que el PRI recupere el poder para generar políticas públicas que den empleo, que combatan frontalmente a la pobreza y de recupere la productividad en el agro mexicano. Criticó a los gobiernos panistas porque no han sabido explicar qué han hecho con los recursos excedentes del petróleo y sólo se han preocupado por mantener una estabilidad macroeconómica.

Eso y mucho más dijo en el auditorio de la sede nacional priísta, sintetizando su discurso ante la presencia de gobernadores, líderes de sectores, ex dirigentes nacionales incluído el tabasqueño Roberto Madrazo, y líderes de sector, al señalar que el PRI es el partido surgido de una revolución social, mientras que la derecha surgió en las oficinas de los banqueros.

Hizo hincapié en que corresponde a su partido ‘poner fin a la pesadilla de dolor, violencia, corrupción y pobreza que el panismo le ha recetado al país a lo largo de estos años’. Añadió que de un mejor país y de una mejor calidad de vida para los mexicanos, depende de quienes empujan el carro del progreso, de los que tienen la experiencia y la mejor oferta para hombres y mujeres, y esos son los priístas, según el dirigente.

Todo lo que se escuchaba de ese discurso resultaba congruente con lo que millones de mexicanos quieren para el país y para salir del atolladero en el que están desde hace casi doce años las familias de la clase media, baja, pobre y la olvidada. Lo que no checa sin embargo con esa propuesta es la forma en que se dieron las decisiones de ‘cambio’ y ‘renovación’ de cuadros priístas la semana anterior, cuando las caras del ‘nuevo PRI’ volvieron a ser las mismas al definir la cúpula partidista y su virtual candidato a la Presidencia, las candidaturas a diputados federales y a senadores plurinominales.

El mensaje que mandan con esas designaciones resulta una afrenta para quienes aspiraban llegar a alguna de las dos Cámaras por méritos propios, unos por el principio de mayoría relativa o quedar en las listas de los plurinominales. Pues no. El método de ‘palomeo’ para el Congreso acabó siendo, como siempre, el de ‘cuates’ y de ‘cuotas’. Para sacársela, el dirigente priísta explicó que los escogidos fue debido a su experiencia legislativa y a sus tareas partidistas. ¡Ooohhh!

Joaquín Coldwell insistió en que México ya no quiere seguir sin rumbo y que corresponde al Partido Revolucionario Institucional poner fin a la pesadilla de dolor, violencia, corrupción y pobreza que el panismo le ha recetado al país a lo largo de estos años. Esto suena bien como retórica discursiva. Lo que no acaba de embonar es la serie de buenos propósitos con el viejo estilo de decidir el ‘nuevo rostro’ del PRI para el Congreso, con los mismo personajes de su Jurassic Park, lo que muchos mexicanos no estarían dispuestos a palomear el primero de julio próximo.

Si a esto se aúna el desdén que ha manifestado Peña Nieto por las encuestas que señalan un supuesto acercamiento de la abanderada panista Josefina Vázquez Mota, que en teoría debería alertarlo a él y a sus asesores, con esa declaración hecha en Boca del Río, Veracruz la semana pasada de que no le preocupan los resultados porque sabe que su partido y él van adelante en todas las encuestas, mucho empieza a parecerse al Andrés Manuel López Obrador de hace seis años, cuya soberbia y engreimiento al saber que iba adelante en las preferencias le costó la derrota presidencial.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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