Reivindican a De la Madrid

PAULINO CÁRDENAS

Después de muerto todo mundo le empieza a reconocer méritos a Miguel de la Madrid Hurtado, de quien siempre se dijo que había sido un presidente tibio, extremadamente moderado en sus tomas de decisión e incluso timorato en aquellas ocasiones como la del temblor del 19 de septiembre de 1985 cuando tardó en reaccionar frente a los estragos del terremoto que devastó parte de la capital del país y otras entidades cercanas al epicentro. La parálisis del gobierno federal y del Distrito Federal  llevó a los ciudadanos a organizarse por sí mismos y formar brigadas para el rescate de sobrevivientes bajo los escombros.

Hasta el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, de quien su antecesor lo acusó  a él y a su hermano Raúl de haber acumulado dinero de manera ilícita, y que dijo estar arrepentido de haberlo designado como su sucesor según le declaró en una entrevista a Carmen Aristegui, estuvo presente en la casa de Coyoacán del colimense, quien asistió para darle su pésame a la familia De la Madrid Cordero donde aseguró que ‘aunque a Miguel le tocó una presidencia muy difícil, supo establecer las estructuras necesarias para 25 años de progreso y modernización de México’.

Todavía se recuerda aquel affaire cuando quisieron acallar al ex mandatario hoy fallecido queriéndolo hacer pasar como afectado por la demencia senil por lo que había dicho de los Salinas. Esos mismos, que lo quisieron hacer pasar como un hombre que ya no colegía lo que expresaba, entre los que estaba Emilio Gamboa quien había sido su secretario particular, hoy lo elogian y después de muerto le reconocen méritos como un presidente que ciertamente heredó un país en el desastre económico por los regímenes que le precedieron, el de Luis Echeverría y el inmediato de José López Portillo, quienes hicieron un derroche de gastos superfluos que pusieron al borde de la quiebra al país.

Después de aquel decreto de nacionalización de la banca que anunció JoLoPo en su último informe de gobierno, dejándole a De la Madrid un guiñapo de país en lo económico y lo financiero, López Portillo, que había llegado a la máxima magistratura del país sin experiencia política, decidió ungir a De la Madrid –que también carecía de esa misma experiencia–, por las muy buenas relaciones que éste tenía con los bancos extanjeros, por lo que lo consideró el más apto para restablecer el orden en la caótica situación que le estaba heredando, y salvar del hundimiento total a México.

El entonces presidente hizo lo que pudo en las materias de su especialidad. Sin embargo, el temblor del 85 dio pie al surgimiento de priístas de nuevo cuño, como su propio secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, quien aprovechó las torpezas del entonces regente Ramón Aguirre, y comenzó a crear su propio nicho político en busca de ir tejiendo su futuro en tanto sus aspiraciones presidenciales. Uno de sus principales, si no el que más en esa nueva aventura, fue Manuel Camacho Solís, quien después aventó el arpa cuando no fue candidato a sucederlo.

Otro pasaje de aquel régimen delamadridista fue el peso que le fue dando a su entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, en quien recayó más de un problema para ser resuelto, como fue el caso de Chiahuahua en 1986. El presidente le encomendó a su más enérgico subalterno frenar el triunfo del PAN en aquella entidad arguyendo prácticamente razones de ‘seguridad nacional’. Había que echar mano de todas las artimañanas del partido en el poder para impedir que en ese estado fronterizo se asentara un gobierno conservador. La misión fue cumplida.

Otro encargo fue el de la famosa ‘caída del sistema’ del 88. Con el prestigio de su maestría en Harvard, Salinas hizo gala de ser un colaborador de De la Madrid eficaz para sacar al país del hoyo y colocarlo en el umbral, primero del GAT y más tarde, durante su mandato, en lo que sería el TLC. Con la baja del petróleo hubo que hacer recortes en todas las dependencias; por eso le llamaron ‘Salinas Recortari’. Eso lo puso en primera fila para que De la Madrid lo ‘destapara’. Después de superar la confusión de que el ungido había sido su titular en la SPP  y no el entonces procurador Sergio García Ramírez, el PRI echó toda la carne al asador para hacerlo ganar.

Sus contendientes habían sido Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano que representaba a la oposición supuestanente de izquierda y Manuel ‘Maquío’ Clouthier por el PAN. Cárdenas, que fue senador por dedazo con López Portillo y en 1980 gobernador por Michoacán también por dedazo, había formado la Corriente Democrática junto con Porfirio Muñoz Ledo. El michoacano había criticado, junto con otros personajes del tricolor, la política económica de De la Madrid, que había empobrecido más a los mexicanos por las devaluaciones del peso que fueron históricas.

Cárdenas previno en su discurso de la convención priísta de 1987 sobre el descontento de la política económica a favor de los ricos, e insistió en que la elección del candidato fuera con un perfil democrático y nacionalista, con lo cual se estaba apuntando como tal. Jorge de la Vega, dirigente del partido, había dicho que sería bueno que quienes no estuvieran de acuerdo con las ‘tradiciones’ del PRI, que se fueran. Y De la Madrid, refiriéndose a Cárdenas y Muñoz Ledo, completó diciendo,: “Por mí que se vayan; que formen otro partido”.  Y así fue.

Cárdenas no estuvo de acuerdo en la selección del candidato y después del destape de Salinas terminó por aceptar la postulación como candidato del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. EL PRI lo expulsó de inmediato junto con Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, y el michoacano empezó a tener muchos seguidores. Pese a la reticencias de un principio, al final se unieron a él líderes estudiantiles como Imanol Ordorika y Carlos Imaz. A finales de diciembre de 1987 seis partidos formaron el Frente Democrático Nacional en apoyo del ex priísta disidente.

Llegaron las elecciones del 6 de julio de 1988 y cuando los artífices del fraude se dieron cuenta que Cárdenas llevaba la delantera en el Distrito Federal y en el estado de México, el entonces titular de Gobernación, Manuel Bartlett, anunció que un desperfecto en una computadora de tabulación impedía tener los resultados de la elección, lo que manchó una vez más al régimen de Miguel de la Madrid, cuya idea de la ‘renovación moral’ se quedó en quimera ya que hasta la fecha la corrupción y la impunidad van de la mano.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

Anuncios

Los comentarios están cerrados.