Gobernaría un caudillo autoritario

PAULINO CÁRDENAS

Del 2006 al 20012 el candidato de las izquierdas ha evolucionado. Durante ese lapso se ha dedicado a adoctrinar a la gente que visita en todos los rincones del país para que vote por él, prometiéndole el oro y el moro si gana la Presidencia que desde ahora advierte, no le volverán a arrebatar. Tiene en su haber ciertamente a miles de fieles seguidores inconformes con las políticas del viejo priísmo y con los pésimos gobiernos panistas, el de Vicente Fox y el de Felipe Calderón que, como él, prometieron el ‘cambio’, un cambio que nunca llegó y que lejos de mejorar las cosas esas dos administraciones empeoraron los términos de vida de millones de mexicanos, acabando más mal de cómo estaban. El tabasqueño apuesta a que en el juego de la alternancia el turno obligado ahora es de la izquierda, o del remedo de izquierda que han dejado tantas disputas de sus tribus.

En su campaña ocurre a la misma estrategia y tácticas que utilizó el guanajuatense cuando se lanzó como candidato en pos de la presidencia, quien le echaba todo el lodo posible al priísmo y prometía que iba a acabar con las víboras y tepocatas del antiguo sistema, montando su campaña del ‘cambio’ en la decidida promesa de dizque acabar con el imperio federal que el tricolor había acumulado en sus más de 70 años de gobiernos ininterrumpidos, una vez que llegara al poder, lo que más pronto de lo que él creyó todo quedó en socarronería, haciéndose realidad aquel viejo dicho de que cae más pronto un hablador que un cojo, ya que al asumir al mando del país sus bravatas y promesas quedaron casi de inmediato en el olvido al enfrentarse con la realidad.

En el 2012 en su campaña López Obrador está corriendo en la misma pista que corrió Fox. Cierto que las expectativas de sus seguidores son muy altas, pero él dista mucho de tener la madera de estadista que se requiere para enderezar los entuertos que han dejado al país como está. Así le sucedió a Fox. De ser el supercandidato que fue, pronto pasó a ser un inoperante Presidente, prácticamente desde que asumió el mando en diciembre de 2000, ya que desde los primeros días de su gobierno se percató que sus osadas y estrafalarias promesas de campaña, como aquello de que él arreglaría el conflicto de Chiapas ‘en quince minutos’, acabó siendo una más de sus intrépidas declaraciones con las que quiso ganarse el voto de sus seguidores.

Más de una vez analistas y críticos escribieron que si bien como candidato había sido astuto, decidido y audaz, como presidente era otra cosa ya que desde el inicio de su administración empezó a dar signos de ineptitud, vacilante y no muy decidido a acabar con las víboras y tepocatas del priísmo. De hecho a ninguno de los protagonistas del pasado autoritario les echó el guante. Le faltó valor para hacerlo. Eso empezó a motivar  desaliento y decepción entre sus muchos adeptos que creyeron que detrás de su odisea de haber sacado al PRI de Los Pinos, vendría una ola de persecuciones contra los cuestionados predecesores a quienes tanto atacó en su campaña. En el Congreso no pasaban sus propuestas igual que le ha sucedido a Calderón.

Viene a cuento esta historia porque López Obrador, igual que Fox, ha enfocado sus baterías en criticar empecinadamente al candidato priísta Enrique Peña Nieto y al priísmo mismo, fustigándolos cada vez que puede y en donde quiera que se para, jurando ante los suyos que romperá con ese pasado de corrupción y que evitará que el abanderado más adelantado según las encuestas, llegue a suceder a Felipe Calderón. A esa misma estrategia de ataques se ha sumado la abanderada panista Josefina Vázquez Mota; ambos van de la mano en los ataques contra el puntero y a quienes no pocos atribuyen que son las manos que mecen la cuna estudiantil que también se ha puesto en contra del ex mandatario mexiquense.

Mientras que la aspirante ha dicho que si bien el candidato priísta dijo que ya no cabrán los corruptos en su partido, ‘tiene razón, porque todos los días se deslinda de alguno y sólo falta que se deslinde de él mismo’, aunque ella no ha tenido el valor de deslindarse de Felipe Calderón. También se constituyó en juez y dijo que ella meterá a la cárcel al ex líder priísta Humberto Moreira, a quien como gobernador se le achacan acusaciones que ni siquiera la PGR se ha pronunciado en términos de culpabilidad en su contra sobre algún delito con los recursos del erario coahuilense. Ambos, López Obrador y ella, andan desatados tratando de hacer hasta lo imposible para ponerle piedras y azuzar con su acoso a jóvenes estudiantes de escuelas privadas a que hagan lo mismo con Peña Nieto.

El tabasqueño critica al ex mandatario mexiquense diciéndole que aunque es joven, está formado en la vieja escuela del PRI, por lo que estima que es heredero de todas sus mañas. Lo que no dice es que él mismo es producto de ese PRI que tanto critica y que si de algún partido habría abrevado sus mañas sería de ese su partido-madre que tanto aborrece. No hay que olvidar que AMLO proviene de las filas priístas antes de haber arribado al perredismo, cuya labor de zapa contra el líder moral y creador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, obligó a éste a renunciar a su propio partido. Quienes conocen bien y de siempre al tabasqueño saben de lo que es capaz, cuando se trata de alcanzar sus objetivos. Es todo un costal de mañas y de marrullerías; un lobo con piel de oveja. Si llegara a ganar, sin ninguna duda sería un caudillo autoritario. Lo que quiere es el poder por el poder mismo. ¿Eso requiere México?

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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