Está despertando el México bronco

PAULINO CÁRDENAS

La multiplicación de manifestaciones violentas, además de los actos delictivos del crimen organizado que no cesan y que se están dando cada vez con más frecuencia en México, están llevando al país a una agitación sin precedente ante lo cual el gobierno federal está más en la contemplativa limitándose a hacer eventuales llamados a misa para que prevalezca la concordia, en donde cada uno de los grupos protagonistas defiende su razón anteponiendo el grito insultante y creando un sórdido ambiente que se ha ido generalizando, lo que está dando pie a que estalle el odio, se generalicen las diferencias y se apresure la violencia. Hay una peligrosa ausencia de orden. Nadie está evitando el despertar del México bronco en plena época electoral, lo que puede incendiar a la nación.

Los hechos hablan. Felipe Calderón, ya en la puerta de salida, está más dedicado a regodearse de lo que dice haber hecho y no hizo, ubicado como está en el clásico narcisismo, síndrome que invade a los mandatarios que pierden la brújula y el sentido de la realidad, no queriendo reconocer la crisis económica que dejará por no haber apurado las políticas públicas sociales necesarias, por darle prioridad a su fracasada guerra contra los cárteles de la droga. Ha sido un presidente que ha desdeñado cuanto reclamo se le ha hecho y no tiene oídos más que para lo que sus asesores de guerra le dictan. Según él, ha hecho un gobierno de maravilla, aunque la evidencia de la realidad lo desmienta.

Eso sin contar el número de víctimas ocurridas a consecuencia de su fallida lucha contra el crimen organizado. De esa negra herencia habrá de responder por ello. La mala salud con la que dejará a la nación por haber tenido como prioridad única la lucha contra las mafias a las que no ha podido someter sino al contrario, más las muchas promesas incumplidas de campaña, habrá de servir para recordarlo como el presidente de la indolencia que habría dejado un país bañado en sangre por su necio e inútil combate contra los capos de la droga, que ni siquiera ha tenido los resultados positivos que esperaba.

Derivado de la indolente administración calderonista en la que el mandatario emanado de las filas del PAN ha sido infaliblemente leal a su guerra antes que a nada y por el estado de cosas que eso ha generado, es que México está empezando a vivir una inédita etapa de violencia y odio que ha empezado a aflorar y a ponerse de manifiesto en las calles de la capital del país y de otras ciudades del interior de la República, que es lo que empieza a preocupar seriamente a observadores, de dentro y de fuera del país, que analizan los procesos de los fenómenos sociales, muchos de los cuales suelen llevar a estallidos internos.

A México no le falta mucho. Sólo hay que ver lo que está sucediendo a diario con los distintos grupos que protestan en las calles de la ciudad cada cual por sus causas, todos disidentes y en contra de las malas políticas del gobierno federal, sobre todo los de la clase trabajadora cuyas demandas salariales se han mantenido bajo control,  y otros por el despido masivo de más de 44 mil empleados de Luz y Fuerza, más los de la clase media que más han  sufrido el mal gobierno en su economía familiar, sin que nada impida la necedad del incremento mensual de las gasolinas que resulta un fenómeno inflacionario, que encarece las cosas pues, aunque oficialmente se niegue.

 Y ni hablar de las clases olvidadas, las del campo, las que viven de la siembra de temporal, o las que no tienen ni para comer y que viven en las zonas más alejadas e inhóspitas del país, como los rarámuris de la sierra tarahumara de Chihuahua y muchos otros que viven en las mismas o peores condiciones en el territorio nacional, los cuales el gobierno los voltea a ver sólo cuando mediáticamente sale a relucir la desgracia en la que viven y las penurias por las que pasan para subsistir ellos y sus familias que incluye a mujeres, ancianos y niños y que suman millones.

Todo eso ha hecho un caldo de cultivo que está haciendo despertar al México bronco al que don Jesús Reyes Heroles advertía mejor dejarlo dormido, porque de despertar nadie podría predecir hasta dónde podría llegar el coraje y los arrebatos de los distintos sectores de la sociedad contra el gobierno, contra el régimen y contra el sistema que los ha tenido sometidos en la mediocridad, prefiriendo darle todos los privilegios a la élite del poder. Por ello, movimientos como el #Yo Soy 132 es apenas un asomo de rebeldía encabezado por jóvenes universitarios.

Aun con todo lo que tendrán que aprender en el camino, habría que alentarlos a seguir como acicate para quienes podrían gobernar al país. Quienes ya han hecho camino al andar son los integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad a los que los jóvenes deberían emular, al menos en cuanto al sentido de unidad en su lucha que ha sido ejemplo de rechazo a la indolencia gubernamental. Para no ir al caos, el coraje requiere de serenidad y juicio. Ojalá que México detenga su camino hacia la anarquía. Aun es tiempo. Nuestro país tiene muchas cosas buenas que darle a los suyos y al mundo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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