Prepara AMLO su plan de derrota

PAULINO CÁRDENAS 

Andrés Manuel López Obrador desde esta semana empezó a adelantar su plan estratégico de derrota más que de triunfo en la elección presidencial. En lugar de animarse por el ascenso registrado en las preferencias y animar a sus seguidores después que logró rebasar a la panista en las encuestas, de pronto lo invade el temor de que se está gestando un ‘compló’ en su contra como el de hace seis años y en una rara actitud autoexculpatoria ha comenzado a ver moros con tranchetes y a decir que porque Enrique Peña Nieto “va en picada y yo voy para arriba”, hay una ‘guerra sucia’ en su contra. Como en 2006, empieza anticipadamente a hablar otra vez de ‘fraude’ y de una conspiración en su contra.

Perdido en las locuras de su mente loca como diría el poeta veracruzano Salvador Díaz Mirón, eso dijo el martes en el poblado de Puruándiro, Michoacán, donde trató de explicar a los suyos, en un mitin, que ‘como llevamos la delantera’ ¿¡¡? ‘ya empezaron a arreciar los ataques’. Señaló que si esa ‘guerra sucia’ no le funciona al priísmo para revertir el declive de su candidato, el tricolor recurrirá al fraude. Sin embargo, más tarde, en otra de sus divagaciones, ante miles de simpatizantes, en León, Guanajuato dijo esta contradicción: “Si Peña está hasta arriba, ¿por qué la guerra sucia?”.

El hombre pues, anda como sacado de onda. Parece ignorar que así son las campañas, llenas de injurias, improperios, señalamientos y acusaciones contra el adversario. Él mismo lo hace todos los días. ¿Luego entonces? Lo que sucede es que desde ahora empieza a amarrarse el dedo y a trazar lo que será su estrategia de derrota si como él mismo lo empieza a suponer, llega a perder por segunda vez la elección presidencial el próximo 1 de Julio. En lugar de denotar seguridad por haber avanzado en la escala de las preferencias, su actitud es derrotista. Lo que sucede es que está al borde de un ataque de nervios. La fecha fatal se acerca. ¿Qué tal si pierde? ¿Qué le va a decir a sus seguidores? ¿Que aceptará civilizadamente la derrota?

Claro que no. Lo que va a decir es lo que ya comenzó a esbozar desde ahora en desdoro propio. Habla anticipadamente de agravios en su contra, de que hay un complot contra su persona como en 2006, que quieren debilitar su candidatura, que ya se le quitó lo amoroso y que ya le empezó a salirle lo autoritario, que está en contra de la democracia, que volverá a mandar al diablo a las instituciones, que no quiere reformas constitucionales, que no abrirá Pemex al sector privado, que dice que meterá a la cárcel a los corruptos, que acabará con la ‘mafia del poder’ de la que habla en su libro, etc., etc.

Una de las razones, quizá la principal, es que López Obrador ha venido planteando en su larga campaña de seis años, propuestas poco realistas, tratando de embaucar a sus seguidores diciéndoles que el suyo sería un gobierno totalmente diferente a los demás. Ha querido hacer creer que por el sólo hecho de llegar al mando federal, se producirá una eficiente política económica, desaparecerá la corrupción, cesará la impunidad, se crearán miles de empleos, bajarán los impuestos para la gente que trabaja y se les cobrarán más a los que más ganan, y que en síntesis México logrará un inmediato desarrollo como por arte de magia en los primeros 100 días de su gobierno. Su discurso de promesas es  muy parecido al de Vicente Fox cuando era candidato. Hay muchas similitudes, empezando por querer acabar con las víboras y tepocatas priístas. ¿Y que pasó?

Cierto es que su discurso ha despertado esperanza en muchos mexicanos que siguen en espera de que un Mesías venga a solucionarle sus problemas económicos y existenciales. Aprovechando ese sentimiento de orfandad, desde hace seis años cuando inició su campaña para el 2012, empezó a decirles a sus seguidores lo que querían escuchar. Una de sus primeras flechas que lanzó fue la de que había que impedir el regreso ‘del viejo PRI’ al mando federal, cuando él mismo encarna a ese viejo PRI que fue de donde él surge a la política y donde aprendió a echarle rollos al pueblo.

A pesar de que desde que irrumpió ‘espontáneamente’ en la escena política el movimiento universitario #Yo Soy 132 y estuvo a su favor desde el primer momento y en contra del puntero priísta, de ser un amoroso candidato comenzó a subírsele la bilirrubina y a cambiar de actitud, empezando a recuperar su vieja fama de autoritario y terco. En lugar de evolucionar, retrocedió. ¿Por qué? ¿Por miedo a perder? ¿Y si pierde armará la bronca en México como muchos creen? O tal vez adopte la razonada decisión que tomó Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 cuando dizque perdió con Carlos Salinas de Gortari.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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