Que AMLO acatará el resultado

PAULINO CÁRDENAS 

La idea no es propia. Antes de que López Obrador declarara que está puesto para firmar el documento que propone el Consejo Coordinador Empresarial en el que se comprometería a aceptar el resultado electoral del 1 de julio, Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del Distrito Federal, ya lo había declarado, al señalar que aunque la diferencia sea corta, habría que respetar el resultado. Agregó que si hubiese alguna irregularidad, hay instrumentos legales que permiten reclamarla ante las autoridades electorales y que así se haría, si fuera el caso. El eventual ‘secretario de Gobernación’ del tabasqueño manifestó que no se piensa cuestionar de ningún modo el resultado de las elecciones. ¿Será?

El mencionado Consejo, en un desplegado aparecido esta semana señalaba, entre otras cosas, que para garantizar que no se discutirán los resultados de las elecciones con reacciones fuera de la legalidad, convocaba a los aspirantes a la Presidencia a firmar su compromiso para respetar el dictamen de las autoridades electorales. Luego luego el abanderado de las izquierdas se apuntó: ‘Que me manden el documento y yo se los firmo’. Dijo que ‘fue el pueblo’ el que ‘le aconsejó’ respetar el dictamen de las urnas. En realidad sus asesores lo convencieron a que saliera a decir que sí lo firmaría, para efectos de ‘serenar’ los ánimos no sólo de la cúpula empresarial sino de los ‘nerviosos’.

No obstante, conociéndole al tabasqueño la facilidad con que cambia de opinión según amanezca de ánimo, pocos creen que, de veras, si llegase a perder ante Enrique Peña Nieto, cumpla su palabra de no hacer otro escándalo igual o peor del que hizo cuando no ganó en el 2006 ante Felipe Calderón. Aunque López Obrador se comprometió a respetar los resultados de la próxima elección federal y dijo que firmaría ese compromiso, advirtió que la única condición ‘es que no puedo estar en actos para firmarlo’.

Afirmó también que ‘el fantasma del fraude ya está disipado’. Y es aquí donde la puerca tuerce el rabo. ¿Quién le va a creer eso, cuando en su vida política lleva récord de protestas y escándalos cuando no ha ganado elecciones? ¿Quién le va a creer que el fantasama del fraude está disipado, cuando hace apenas unos días volvió a recurrir a ese artilugio en un mitín celebrado en Puruándiro, Michoacán, en donde empezó a amarrarse el dedo de manera anticipada, por si pierde la elección presidencial por segunda vez?

Pese a que había avanzado en puntuación en las preferencias según algunas encuestas, en ese poblado michoacano pareció entrarle la duda sobre su triunfo e invocó públicamente, de nueva cuenta, el fantasma del fraude que pudiera haber en su contra por parte de las autoridades electorales y la complacencia del PRI, de lo que se desprende, como ha sucedido históricamente en su caso, que si pierde, haría todo un escándalo nacional, azuzando a los suyos a seguirlo en su propósito de reclamo y de no aceptación del resultado en las urnas.

Apenas el martes 5 de junio, en Puruándiro, no parecía el más convencido de su triunfo, no obstante que tiene a a su favor a miles de fieles soldados y soldaderas que pertenecen a su movimiento y ahora con la suma del colectivo estudiantil #YoSoy 132, entre quienes saldrán los 450 mil escogidos para vigilar casillas en todo el país y ‘evitar’ que le pudieran hacer chanchullo con los votos. Por ello vuelve a escucharse desde ahora a todo pulmón en sus mítines el clamor de ‘!voto por voto¡’ y ‘!casilla por casilla¡’ instigados por él, que salido de las gargantas de sus fieles seguidores es como un remanso para sus oídos escucharlos.

Por ello, igual que sucedió hace seis años después de que perdió ante el abanderado panista que hoy despacaha en Los Pinos, nada indica que no hará lo mismo si no gana la contienda electoral, aunque firme lo que tenga que firmar. Ahora anda con la cantaleta de que ‘es el pueblo’ el que le dice lo que tiene que hacer. Pues bien, ¿y si ‘el pueblo’ le dice que mande al diablo lo que firmó y se vayan nuevamente al zócalo capitalino a plantarse permanentemente y a tomar las principales avenidas y calles de la ciudad de México y lo mismo hagan en otras urbes del interior de la República, no les hará caso?

Esos son los tipos de argucias que suele esconder el tabasqueño bajo la manga para sacarlas a relucir en su momento como hacen los magos, lo que invalida la creencia de que respetará, sólo por haberlo firmado, el compromiso de que respetará y aceptará los resultados de la elección, si pierde. Quienes lo conocen de viejo, saben que con la mano en la cintura rompería tal compromiso en la principal plaza pública del país, ‘porque el pueblo así me lo manda’. Y aléguenle.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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