Calderón se suma al reclamo

PAULINO CÁRDENAS 

El gran dilema en el que no tarda en estar inmerso el ex candidato de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador, es no tanto si acepta o no la derrota ante el priísta Enrique Peña Nieto, sino qué va a hacer con los millones de seguidores que creyeron en él, en sus promesas y en sus mentiras. Por lo pronto anda rogándole al PAN que se sume a su exigencia de que se anule la elección por insistir, necio como es, en que hubo compra de votos y triquiñuelas, mismas que  él sabe hacer a la perfección, lo mismo que Acción Nacional y el PRD. A esa exigencia del candidato de la coalición Movimiento Progresista, de hecho se empezó a sumar el apuntado de Felipe Calderón, no obstante que la noche de la jornada electoral el jefe del Ejecutivo felicitó a Peña Nieto como virtual ganador de la contienda.

Un primer asomo de esa alianza postelectoral es que el dirigente del PAN, Gustavo Madero, señaló que a pesar de que los conteos de los votos han sido precisos por parte del Instituto Federal Electoral, no significa que el proceso electoral del 1 de julio haya sido equitativo. Y enseguida el propio jefe del Ejecutivo salió con que ya pidió a las autoridades electorales atender las inconformidades con el proceso electoral, en particular las referentes al uso de recursos indebidos en las campañas, “que provocan una desigualdad”. Expuso que si estas acusaciones no son atendidas debidamente, habrá razones para no aceptar el proceso o, por lo menos, para protestar. “Mi mensaje es que se haga legalmente, por las vías institucionales”, aseveró Calderón.

Lo anterior lo señaló en una entrevista a Excélsior en la que también expuso que un señalamiento en el que coincidieron los candidatos Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota (lease él mismo), fueron los relativos a la inequidad y a la desproporción en el uso de los recursos para las campañas. “Yo no puedo afirmar que la haya habido, pero sí creo, como Presidente y como ciudadano, que las autoridades electorales están obligadas a darnos a todos una respuesta sobre ello”, aseguró.

Eso explica por qué el movimiento ‘YoSoy 132’, nacido dizque ‘apartidista’ aunque es descaradamente amlista y antipeñista, no se ha lanzado contra el pésimo gobierno de Calderón ni lo ha cuestionado por los más de 80 mil muertos de su guerra contra el narcotráfico, ya que a los aliados no se les ataca. Además, esa alianza postelectoral con el tabasqueño evidencia que, diga lo que diga y declare lo que declare, el mandatario panista anda con la espina bien clavada, de que el PRI al final vendrá a sacar al PAN de Los Pinos. De ahí su decidido apoyo postelectoral  a López Obrador.

Ahora Calderón quiera montarse en la exigencia del gran perdedor, lo que pudo haberse ahorrado si durante el periodo de campaña, cuando podía haberse hecho, no se decidió a que Josefina Vázquez Mota declinara a favor de López Obrador, con lo cual el candidato de la coalición Movimiento Progresista sin duda le hubiese ganado al priísta, cosa que hoy debe estarse lamentando el jefe del Ejecutivo panista,

Ahora bien, si se aplicara la lógica del tabasqueño de que hubo coacción del voto para que ganara Peña, entonces habría que preguntar si con el triunfo del también representante de la coalición de izquierdas, Miguel Angel Mancera, no hubo compra de votos para que ganara en la abrumadora forma en que ganó la contienda para jefe de gobierno del Distrito Federal. Y es muy probable que así haya sido por el obvio control absoluto que tiene el PRD en el capital del país en materia electoral, aunque la diferencia estriba en que las candidatas perdedoras aceptaron que las preferencias en el voto no les favorecieron, y punto. Además, el modo de ser y de pensar entre Mancera y López Obrador es abismalmente diferente. El virtual jefe de gobierno capitalino es gente seria.

La terrible encrucijada en la que estará muy pronto Andrés Manuel, será ya no tanto el tener que aceptar las resoluciones del IFE y del Tribunal Electoral e incluso de la Fiscalía especializada en asuntos electorales, sino el qué va hacer después del 6 de septiembre con sus huestes, fecha perentoria del proceso electoral, cuando ya no haya más qué discutir dentro de los cauces legales a los que, según ha dicho, sometería las impugnaciones sobre la coacción del voto que afirma hubo por parte del PRI en el proceso para elegir nuevo Presidente de la República que finalizó el pasado domingo 1 de julio.

¿De veras López Obrador, y ahora Calderón, creen que azuzando a los dolidos seguidores del gran perdedor a realizar en las plazas públicas y en las calles y avenidas de otras entidades del país, sus peregrinaciones de lamentación y repudio contra el ganador y contra las instituciones electorales, podrán revertirse los resultados o, lo más descocado, que se anulen las elecciones presidenciales? Bien que las inconformidades se expresen libremente, pero ese profundo resquemor y odio que emana de las entrañas de sus huestes en sus marchas –las que sin duda ve con simpatía y gusto el principal huésped de Los Pinos–, podrían acabar muy pronto en episodios de un peligroso encono social y desembocar en violencia y hechos de sangre.

@Paulinocomenta

Anuncios

Los comentarios están cerrados.