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Encarará Calderón otra vez a juarenses

PAULINO CÁRDENAS

En poco más de un mes, el presidente Felipe Calderón viajará a Ciudad Juárez, en donde habrá de enfrentar un ambiente bastante más crispante que en las anteriores ocasiones por los crímenes perpetrados el sábado contra una empleada del consulado estadounidense en esa localidad, el de su esposo y el de otro hombre más, y la inmediata respuesta que tuvo Washington de Los Pinos para esclarecer esos asesinatos.

Esos crímenes, atribuídos a sicarios de una de las mafias que operan en aquella entidad fronteriza, habrán de ser los detonantes de esa visita, la cual se realizará, como es lógico, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad por tierra y aire, que está en alerta roja por tanto derramamiento de sangre que hay en el combate al crimen organizado y contra los cárteles de la droga.

Paralela a la visita del mandatario mexicano, trascendió que habrá una reunión bilateral de mandos militares, policiales y de inteligencia de ambos países –se dice que convocada con carácter de urgente a iniciativa de Washington– en la cual se anunciará, por enésima vez, otro modelo para combatir a los capos de la droga, ya que la última estrategia resultó por demás fallida.

El presidente Calderón tendrá que encarar nuevamente el enojo e indignación de la sociedad juarense en la que prevalece la creencia de que contra el crimen organizado, el gobierno federal se ha remitido a combatirlo más con discursos que con una estrategia eficaz y eficiente, argumentos que seguramente lo habrán de poner nuevamente contra la pared a él y a los funcionarios que lo acompañarán en esa visita.

También se topará con el reclamo popular, porque en los casos de las ejecuciones perpetradas el sábado pasado contra la pareja estadounidense, hubo una inmediata reacción de Los Pinos en cuanto el presidente norteamericano Barack Obama manifestó su indignación, en tanto en la mayoría de los asesinatos que se han cometido antes y después de sus dos anteriores visitas, no han sido atendidos, ya no se diga con la premura de ahora, sino ni siquiera al acostumbrado ritmo de tortuga de siempre.

Familias enteras y diversos organismos y agrupaciones de aquella entidad tomarán las calles para hacerle reclamos al jefe del Ejecutivo, a quien le habrán de colgar todas las culpas  del fracaso de esa lucha contra el narco, en virtud de que ni el gobernador José Reyes Baeza ni el alcalde José Reyes Ferriz, ambos priístas, han hecho prácticamente nada para detener el avance de las banda del narcotráfico en esa ciudad, considerada la más peligrosa del mundo, con el pretexto de que es un asunto federal.

Además de la indignación, el presidente Calderón suma ahora las presiones que ya empezó a sentir su administración por parte del gobierno de Washington. Por lo pronto, agentes del FBI y de la DEA investigarán en Juárez el asesinato de la empleada del consulado estadounidense, el de su esposo y el de otro hombre más, por encargo directo del presidente Obama. Coordinarán sus acciones con agentes mexicanos.

Trascendió asímismo que el Consejo de Seguridad Nacional de EU ya recibió órdenes de establecer medidas a lo largo de la frontera de Estados Unidos con México, y mucho más rígidas en El Paso, Texas que lo es con Ciudad Juárez. En la guerra que emprendió desde su llegada al poder contra el crimen organizado, es obvio que a estas alturas la situación para Calderón se torna cada vez más delicada.

¿Cuánto más aguantará el Presidente mexicano la situación y las presiones frente a esa problemática contra el crimen organizado que cada vez se complica más, no sólo en Ciudad Juárez sino en más de la mitad del país?


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Crispación nacional por matanzas

PAULINO CÁRDENAS

El Senado de la República ha pedido la comparecencia de los titulares de la Defensa, Marina, SSP y la PGR, para que expliquen el por qué la falta de coordinación y de trabajo de inteligencia en la lucha contra el narcotráfico, no sólo en Ciudad Juárez en donde se dio la masacre de estudiantes, sino de otras muchas ciudades en el país, en donde a diario siguen corriendo ríos de sangre inocente, producto de la guerra que le tiene declarada el presidente Felipe Calderón a los capos de la droga, mientras las autoridades al parecer andan en la luna.

Resulta obvio que algo muy grave está sucediendo en las entrañas del gabinete de seguridad, quienes no salen del gastado discurso de que los ríos de sangre son porque hay una disputa territorial entre los distintos grupos rivales del crimen organizado, absteniéndose de hacer autocrítica y reconocer que lo que ha fallado es la estrategia implantada en esa guerra por el comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Es obvio que ha faltado trabajo de inteligencia.

Las voces de indignación son cada vez más en el país, millones de ellas que al unísono claman poner freno a la ola de violencia en la lucha contra el narcotráfico, en donde el gobierno federal y los gobiernos locales evidentemente están perdiendo la pelea, no obstante el optimismo discursivo oficial de que la estrategia contra el crimen organizado es la correcta, como lo reiteró el secretario de gobernación, Fernando Gómez Mont, en un afán de verle el lado positivo a algo que evidentemente no lo tiene.

Muy tardíamente, el funcionario dijo que no se va a dejar a Ciudad Juárez a su suerte, y se comprometió a trabajar en una lógica de Estado de manera articulada para dar respuestas ágiles, institucionales y serias que inhiban la violencia. Pero eso es estar reaccionando a destiempo, ya que el baño de sangre en Ciudad Juárez, como en otras muchas ciudadas del país –y eso lo sabe bien Gómez Mont–, no es nuevo.

Esos sangrientos acontecimientos, que la sociedad en su conjunto deplora por la alevosía e impunidad con que son cometidos, desmienten cualquier optimismo oficial y pone en evidencia ese afán gobiernista de querer, ante todo, defender a contrapelo una estrategia que por supuesto no ha funcionado en ninguna entidad federativa del país para combatir al crimen organizado. Y no basta que el gobierno diga que cada masacre es una tragedia y lamente sentidamente la muerte de gente inocente que ha caído abatida por el fuego del narco.

Lo que la sociedad está viendo son los múltiples hechos que suceden diariamente en todo el país, en donde la muerte se da cita en prácticamente todas las ciudades del territorio nacional, producto del fuego cruzado o las ejecuciones y fusilamientos de gente inocente que se dan impunemente día y noche en prácticamente todo el país por parte del los carteles de la droga, como los que han sucedido en los últimos días a Ciudad Juárez, Torreón y Tepic, pero que de hecho abarca más de la mitad del territorio nacional.

A mediados de enero en Juárez fue replegado el Ejército mexicano del mando operativo contra el narco, cuyos efectivos quedaron de hecho bajo las órdenes de la Secretaría de Seguridad Pública, lo mismo que los infantes de Marina destacados en esa peligrosa ciudad ¿Por qué? Nadie sabe. ¿Por qué en Ciudad Juárez le quitan el mando al Ejército y ni siquiera lo regresan a sus cuarteles? Nadie lo ha explicado públicamente.

También en Washington hay preocupación, en donde, aunque siguen los elogios para Calderón por el combate al narcotráfico, el Departamento de Estado norteamericano ha encendido sus luces de alerta, no sólo por los sangrientos hechos de Juárez, sino por la forma en que los capos de la droga han ido intensificando la violencia en más de la mitad del territorio mexicano. Habrán de redoblar la vigilancia en El Paso, Texas, sin la menor duda.

Mientra tanto la gente en todo el país está crispada por las matanzas que hay en todo el país y se pregunta: ¿Hasta dónde llegará esa guerra? ¿Qué más sigue?.


Marines ponen orden en Haití

PAULINO CÁRDENAS

Desde la semana pasada, apoyado por miles de efectivos militares y marines –que este domingo habrían sumado unos veinte mil–, Estados Unidos controla de facto la totalidad de las instalaciones estratégicas de Puerto Príncipe, epicentro del terremoto que azotó el 12 de enero y devastó la capital haitiana, dictando órdenes no sólo a los oriundos de esa pequeña nación que quedaron en el total desamparo, sino incluso a los contingentes extranjeros que han llevado ayuda humanitaria a ese desvalido país.

Miembros del Ejército y de la Marina norteamericana tomaron el absoluto control en la capital haitiana y han empezado a dictar órdenes a todo mundo, incluso a personal de la ONU. Por órdenes militares del Departamento de Estado para las Américas se desalojó el aeropuerto Toussaint Louverture, echando fuera de su perímetro a gran parte de la gente que llegó a ofrecer ayuda humanitaria de la coumidad internacional y a periodistas, dejándolos a su suerte.

Para que no quedase duda del control que tomó desde entonces, el Ejército norteamericano decretó un toque de queda a partir de las nueve de la noche que será diario, arguyendo la peligrosidad de andar deambulando entre las ruinas en la oscuridad, por el riesgo de inseguridad, ya que hay reos de alta peligrosidad que escaparon de la cárcel derruida por el terremoto. Además, por el schock en que están, los haitianos no tienen la capacidad de autorganizarse.

Obama prometió hacer todo lo posible para ayudar a los sobrevivientes del desastre. Gregory Adams, vocero del Departamento de Estado para las Américas, dijo que las tropas estadounidenses permanecerán en Haití “el tiempo mínimo necesario”, hasta que el gobierno haitiano –al que no se le ha visto operar– pueda tomar el control total de la situación. El presidente haitiano René Préval dijo que la ocupación era amistosa y contaba con la anuencia de su gobierno.

Algunos jefes de Estado de Francia y America Latina han considerado un agandalle norteamericano el hecho de autonombrarse dueños y señores para ordenar lo que debe hacerse y cómo en aquella nación caribeña con el apoyo del Ejército y los Marines. Ven con suspicacia la maniobra y no saben si es ocupación militar o invasión amistosa, con el pretexto de ayuda humanitaria.

No se olvidan que la historia de intervenciones y ocupaciones militares estadounidenses en Haití tiene casi un un siglo. De 1915 a 1934 primero, luego de 1957 a 1986 cuando apoyaron a las dictaduras de Papa Doc y de su hijo Baby Doc, por el temor de que fuera a imponerse un régimen afin a Cuba. El hecho de que Estados Unidos haya hecho suya Haití con la ayuda militar con el pretexto de brindarle ayuda humanitaria a ese pequeña nación, está tomando un cariz de escándalo internacional,

Unos dicen que es para que Washington tenga un enclave miliar en el Caribe aprovechando su ubicación geográfica, y otros que es para evitar que miles de hatianos pudieran entrar de forma ilegal a Estados Unidos. No obstante, lo obvio es que ante tanta anarquía, alguien debía de meter orden cuando menos a la repartición de ayuda de la comunidad internacional que sigue llegando a Haití. Pese a las suspicacias, muchos se preguntan:

¿Qué era peor, dejar a la deriva a ese país y quedar en la contemplación viendo como se acaban de venir abajo los hatianos en medio del caos, la anarquía y la desesperación que han estado a punto de protagonizar una masacre civil masiva? ¿O entrarle como lo hizo Estados Unidos a meter orden en un abatido país y envuelto en el caos del que muchos quieren escapar?

Ocupación militar o invasión amistosa, el hecho es que Estados Unidos intervino Puerto Príncipe y asumió el rol de Big Brother en la capital haitiana, dictando órdenes en ese país con el permiso de un gobierno ausente en sus funciones. Aunque esa ayuda tenga parecido al Plan Marshall de los años 40, esa intromisión será tema de muchas críticas y reclamos por parte de la comunidad internacional, como ya empezó a suceder. Otro negrito más en el arroz para Barack Obama.

pcardenascruz@yahoo.com.mx