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Guerra en México ‘de baja intensidad’

PAULINO CÁRDENAS

Mientras los reflectores estuvieron los últimos tres meses puestos en las campañas de los aspirantes presidenciales, la criminalidad se acentuó en el país. En tanto la atención informativa estuvo en el proceso electoral, en el día del sufragio y en las discusiones posteriores que sin duda seguirán, varios medios de influencia internacional, respecto del combate al crimen organizado, han empezado a hablar de que en México hay una guerra ‘de baja intensidad’. La estela de violencia y sangre se ha extendido de manera alarmante. La cifra de víctimas mortales por la llamada guerra de Calderón, debe andar por los 80 mil o más. Con el recuento y relatoría de hechos sangrientos en ese lapso se podría hacer un libro del tamaño de un grueso directorio telefónico.

Mientras los medios andaban atentos a lo que decían los candidatos, en varias entidades del país se registraron toda una serie de hechos sangrientos: ejecuciones, decapitados, colgados, enfrentamientos, torturas, cadáveres mutilados, descuartizados y aventados en la vía pública, fusilamientos, mandos policiacos ultimados e incluso varios periodistas y hasta una alcaldesa ejecutados, así como el estallido de granadas y de coches-bomba en instalaciones policiales y ministeriales, provocando terror y miedo entre la población. Toda una página negra escrita en tan solo tres meses, dentro de la larga historia de violencia y muerte que ha habido en el gobierno calderonista.

¿A qué le llaman una guerra ‘de baja intensidad’?  Unaa definición de carácter bélico señala que son estrategias militares de un gobierno, para combatir revoluciones, movimientos de liberación o cualquier conflicto que amenace los intereses de una nación, que en este caso sería México con la guerra de Calderón contra el narcotráfico, cuyas bandas podrían estar ligadas a grupos subversivos como a alguna guerrilla o a alguna de las células islámicas de Al Qaeda. Obvio que de esto nada se dirá por ningún motivo a los mexicanos si así fuese. Pero es algo que subyace en el ánimo de algunas instancias de alta jerarquía y tomas de decisión.

Es el caso de a secretaria de Seguridad Interior norteamericana, Janet Napolitano, quien no ha quitado el dedo del renglón en ese sentido. Y no es para menos, ya que la venganza que han jurado los integrantes del movimiento que fundó Osama Bin Laden a la muerte de éste, tiene en permanente alerta a Washington y sobre todo al Pentágono, en virtud de que no descartan que los cárteles mexicanos ya tengan vínculos con grupos extremistas islámicos como Al Qaeda. La señora Napolitano sospecha del más temido de los cárteles que operan en México, en el que entre sus mandos, dicen, se ha escuchado afirmar: ‘Venceremos porque somos los más fuertes’.

Pero la verdadera preocupación que tienen en la Casa Blanca es que Calderón no ha podido, ni con el apoyo de las Fuerzas Armadas, someter al narco, a causa de lo que es obvio: la corrupción e impunidad que prevalecen entre diversos mandos del Ejército y la Armada, ya no se diga de las Policías federal, estatales y municipals, que han hecho imposible acabar con ese flagelo o al menos ver disminuídas sus actividades en nuestro territorio. Es una preocupación mayúscula por la vecindad entre ambas naciones, ya que la inteligencia norteamericana sabe además que en la clase política hay ‘padrinos’ que protegen a los capos y a muchos de sus operadores.

A eso hay que agregarle casos como el de ‘Rápido y Furioso’ de trasiego ilegal de armas que han quedado en manos de la criminalidad organizada que opera en México, hecho que por lo pronto ha puesto en jaque al fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, y al propio mandatario de aquel país, Barack Obama, por las acusaciones de su propio Congreso y en donde el gobierno de México ha estado muy calladito a sabiendas que ese tráfico illegal de armas se ha venido realizando por nuestras fronteras.

Esa guerra ha colocado al Ejército y la Armada en un predicamento, ya que por órdenes de su jefe supremo sus tropas han sido obligadas a entarle a esa guerra. Su prestigio ya quedó maltrecho por las derrotas que no han merecido o las victorias que no han conseguido, ante los grupos contrarios que sirven a las bandas criminales con mejor armamento y muchas veces con mejores tácticas. La causa ha sido la evidente falta de coordinación entre las Fuerzas Armada, las Policías federal y locales y, peor aún, por la ineficiencia e ineficacia de la inteligencia anticrimen que ha sido un fracaso en esa lucha.

A Calderón le queda muy poco tiempo para tratar de hacer lo que no pudo en cinco años y medio de gestión combativa contra la mafias. Ese grave problema se lo heredará a Enrique Peña Nieto, quien tendrá que establecer, como ya lo dijo, una nueva estrategia de combate al crimen organizado. Ojalá al ganador de la contienda electoral no se le ocurra vestirse con traje verdeolivo como su antecesor, y en lugar de ocuparse de la guerra, él sí actúe con una verdadera visión de jefe de Estado, ocupándose  de los problemas que se abaten sobre el país y sobre todos los mexicanos.

@Paulinocomenta

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Se teme ola narcorrepresiva

 PAULINO CÁRDENAS

Aunque nada de lo que hablaron los mandatarios de Estados Unidos y México y el primer ministro de Canadá sobre temas de inseguridad del hemisferio se ha dado a conocer oficialmente, después de la reunión celebrada en Washington el pasado domingo lo que ha trascendido es la seria preocupación que prevalece en la Casa Blanca por el avance de los cárteles mexicanos de la droga, cuyas actividades, según estiman grupos de inteligencia, podrían empezarlas a disfrazar de terrorismo para amagar a gobiernos y poblados enteros, en su afán de conquistar más bastiones de los que ya tiene con miras a ampliar sus actividades ilícitas en todo el continente americano.

Para empezar, ante el acoso de los cárteles de la droga, Barack Obama, Stephen Harper y Felipe Calderón, acordaron sumar la seguridad del hemisferio al Sistema Integral de Centroamérica, por ser una de las zonas más vulnerables de la región americana y donde se ha sabido que las mafias desde hace tiempo han empezado a sentar sus lares para operar, como son Guatemala, Honduras y El Salvador. Lo que es un hecho es que con el poder del dinero y la coacción de los cárteles que suelen acabar en hechos sangrientos contra quienes se oponen a sus designios, el paulatino avance del narco en México y Centroamérica es evidente.

En territorio nuestro son varios los cárteles que se disputan gran parte de las plazas para sus actividades, destacando primordialmente el de Los Zetas, el de Sinaloa y el cártel del Golfo que han extendido sus tentáculos a esos países y más allá.  En esa pelea también están los Caballeros Templarios y la Familia Michoacana con sus derivaciones en la Familia Mexiquense y la Familia Guanajuatense, así como el cártel del Milenio, La Resistencia y Nueva Generación entre otros de los que van surgiendo al recomponerse o hacer alianzas unos con otros, ante el acoso de las fuerzas gubernamentales armadas.

La penetración que han logrado los capos de las mafias en las instituciones de seguridad y procuración de justicia, el gobierno de Estados Unidos lo ve con preocupación ya que tiene conocimiento de que en muchos poblados mexicanos la ley que impera, abierta o soterradamente, es el de los capos quienes han ido estableciendo una especie de gobiernos paralelos. La gente, los ciudadanos comunes y corrientes, tienen que andarse cuidando no sólo de los sicarios que trabajan para los capos, sino también de los militares y policías amafiados con ellos; los ‘levantamientos’ de civiles suelen estar a cargo de estos últimos.

No solo se sabe sino está documentado con detalles, nombres y montos de sobornos, como es que están infiltradas las instituciones de seguridad y de procuración de justicia mexicanas por parte del narco. Policías estatales, comandantes ministeriales, soldados, subtentenientes y mandos militares han sido detenidos al saberse que han caido en la tentación del soborno por parte de los cárteles de la droga, en especial del grupo de Los Zetas. Se dio el caso en Coahuila del ex fiscal Jesús Torres Charles y de la subdelegada de la PGR Claudia González, que fueron encarcelados por estar vinculados con este cártel. Ese ejemplo se replica en otros estados.

Ante todo este panorama, de poco sirve que el presidente Barack Obama diga que su gobierno seguirá apoyando a Felipe Calderón en la lucha anticrimen y siga aventándole flores al reconocer ‘la valentía’ del mandatario panista de enfrentar a los cárteles de la droga, como sucedió el pasado fin de semana al término de una reunión celebrada en la Casa Blanca donde recibió al mandatario mexicano y al primer ministro de Canadá, para hablar en secreto sobre el  combate a la criminalidad en el hemisferio americano.

Diríase que por los resultados no obtenidos después de cinco años y cuatro meses de haberle declarado la guerra a los cárteles de la droga, la de Calderón pareciera ser una guerra simulada o manipulada, ya que detienen y detenienen a supuestos líderes de células criminales casi todos los días, pero las actividades de las mafias siguen y siguen. Bien le decía Ismael ‘El Mayo’ Zambada a don Julio Sherer García en una entrevista, que la guerra del gobierno contra los cárteles de la droga no será suficiente para acabar con esas actividades. Menos si en medio hay corrupción e impunidad.

Los que son de verdad son los muertos. En México se habla de más de 70 mil, aunque el  secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, afirmó hace unos días en una reunión celebrada en Ottawa, Canadá, que “150 mil personas han fallecido” por la guerra de Calderón. El titular de la Defensa, Guillermo Galván, lo corrigió y dijo que ‘solo’ eran 50 mil los muertos. Cincuenta mil, 70 mil o 150 mil son una barbaridad de decesos, cuyos cadáveres nadie sabe en dónde quedaron ni en qué condiciones perdieron la vida esos seres humanos. Como para el gobierno calderonista eran criminales, lo demás no importa.

“El problema del narco envuelve a millones” le dijo ‘El Mayo’ al periodista fundador de Proceso. Sobre los capos, encarcelados, muertos o extraditados, “sus reemplazos ya andan por ahí”. Considera que el gobierno llegó tarde a la lucha contra el narco ‘y no hay quien pueda resolver el problema’. Aseguró que el gobierno fue infiltrado ‘desde abajo’ y que la corrupción se arraigó en el país. Dice además que a Felipe Calderón lo engañan sus colaboradores. “Son embusteros y le informan avances que no se dan en una guerra que está perdida”.

Por otro lado, lo que venía diciendo desde hace ya tiempo la titular de Seguridad Interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, de que tenía informes de inteligencia de que Los Zetas pudieran entablar una alianza con alguna célula extremista islámica de Al Qaeda para atacar nuevamente instalaciones estratégicas del vecino país del norte, para el gobierno que encabeza Obama sigue vigente. Para el Pentágono y la Defensa militar estaounidense, la latente posibilidad de que pudiera darse esa alianza representa un  problema real que incluso está clasificado como de seguridad nacional para Washington.

Nadie sabe de qué hablaron Obama, Calderón y Harper en la Casa Blanca el domingo pasado. Lo único que se publicitó en México es la baladronada mediática del mandatario panista que volvió a ‘exigir’ al gobierno norteamericano que haga algo para evitar la libre venta de armas y su trasiego ilegal a nuestro país a través de operativos como ‘Rápido y Furioso’, queriendo ignorar cómo se manejan las cosas en aquel país. El hecho es que allá se teme una ola narcorrepresiva en pleno proceso electoral mexicano. Y acá el gobierno federal seguirá empujando la idea, ¿acaso para ‘reventar’ las elecciones?

pcardenascruz@yahoo.com.mx

Janet pudo más que Galván

PAULINO CÁRDENAS

La secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, vino a sepultar lo dicho hace unos días por el general Guillermo Galván, secretario de la Defensa Nacional, quien durante la celebración de la Marcha de la Lealtad advirtió del rotundo fracaso de la estrategia de guerra de Calderón. La influyente funcionaria del gobierno de Barack Obama dijo en su visita a México que la fallida estrategia de guerra armada contra los cárteles de la droga “seguirá”, y no sólo eso, “sino que la vamos a profundizar y vamos a perseverar en ella”.

Esto significa una clara afrenta a lo expresado por el general secretario, quien tendrá que rumiar solo sus advertencias hechas de cara a la nación sobre el fracaso de la guerra que emprendió el mandatario panista contra las mafias, por lo que la seguridad interior del país está bajo grave amenaza, lo que equivale a un reconocimiento tácito de que la estrategia gubernamental contra el crimen organizado no ha funcionado no obstante que la señora Napolitano viene con la espada desenvainada a decir que la estrategia seguirá.

Resulta obvio que la influyente funcionaria norteamericana vino a México a tirar línea y a supervisar en corto lo que está haciendo el gabinete de seguridad de nuestro país, que se ha visto obligado a manejarse al compás que le tocan desde el Departamento de Estado norteamericano a través de la Iniciativa Mérida. El que paga quiere mandar. Lo dicho por el general Galván, de reconocer que la estrategia impuesta por la Casa Blanca y que ha seguido al pie de la letra el presidente Calderón, ha sido un rotundo fracaso, no gustó en Washington.

El general secretario habló aquel jueves 9 de febrero como ningún otro funcionario del gabinete de seguridad lo había hecho, incluido el Presidente que comanda las fuerzas armadas, al señalar que en algunas regiones del país la delincuencia organizada se apropió de las instituciones del Estado y diversificó sus poderosas actividades para despojar a la sociedad de lo que por derecho le corresponde, generando un clima de violencia inusitado. De ahí que la visita de la funcionaria fue aprovechado por ésta para ponerle punto a las íes sobre la campaña contra el narcocrimen.

De esta manera, en esa fracasada guerra contra el narco México seguirá poniendo los muertos, mientras que en Estados Unidos el consumo de drogas continuará igual o peor. Para paliar este entuerto, la propia secretaria de Estado norteamericano, Hillary Clinton, dijo ayer en el Congreso de su país al tratar de defender el presupuesto para la Iniciativa Mérida, que México, junto con Colombia, ‘transitan por un periodo de intensiva inversión de capital en academias de policías, prisiones y tribunales, a equipo y entrenamiento’, como si ignorara la realidad que acontece en nuestro país. Y le volvió a echar flores a Calderón.

De poco sirven los elogios de las funcionarias de la Casa Blanca a favor del mandatario panista  en su lucha armada contra las mafias, cuando los mexicanos están más que conscientes del rotundo fracaso de su estrategia de guerra, que la señora Napolitano viene no sólo a defender sino a dictar la orden de que siga, desdeñando lo que dijo el general Guillermo Galván sobre el peligro que se cierne en México por el avance de los cárteles de la droga y su empoderamiento en el país.

En esta visita ya no hubo resistencia de parte del gobierno mexicano en aceptar que México pudiera ser trampolín de grupos extremistas islámicos, tema en el que ha venido insistiendo Janet Napolitano desde el año pasado, manifestando su temor de que alguno de los grupos pertenecientes a Al Qaeda pudieran establecer alianzas con alguno de los cárteles que operan en México para atacar instalaciones estratégicas norteamericanas, sugiriendo incluso el nombre de Los Zetas. En esta visita el tema salió a relucir.

El gobierno calderonista está dispuesto a colaborar con el de Estados Unidos para prevenir la presencia del terrorismo internacional en nuestro país. A la señora Napolitano se le preguntó si la firma de dicho convenio entre ambos países respondía a una preocupación del gobierno estadunidense porque la violencia en la frontera mexicana favoreciera el tránsito de terroristas hacia su país, y se limitó a responder que el documento se firmó “para prevenir” que eso pudiera ocurrir, a partir de la cooperación binacional.

Por cierto que fue criticada la Secretaría de Gobernación al dar por bueno lo que no dijo la señora Napolitano sobre ‘El Chapo’ Guzmán. La traductora achacó palabras a la funcionaria no dichas por ella y así se difundió a los medios, no obstante que a solicitud de su oficina, Gobernación se vio obligada a corregir el dislate y enviar por la noche la versión textual en inglés de la parte correspondiente a la equivocación que casi nadie atendió.

Así pues, la versión de que ‘El Chapo’ caerá como Osama Bin Laden, atribuido a Janet Napolitano, no se ajustó a la realidad. Plan con maña de un asunto que sonó más a sueño guajiro del gobierno calderonista. Otro más.

pcardenascruz@yahoo.com.mx




Doble temor en Washington

PAULINO CÁRDENAS

Mientras que al gobierno de Washington le preocupan el asunto del avance en México del narco, y la advertencia de la ONU de que el mundo estaría al borde de una nueva recesión global y si los problemas que afectan la economía y finanzas de varios países de Europa no se superan en el corto plazo su efecto podría llegar a la Unión Americana, acá esos dos temores de la Casa Blanca le tienen sin cuidado al gobierno mexicano; cree que todo se arregla con la retórica discursiva.

La Organización de Naciones Unidas estimó un crecimiento máximo de la economía mexicana de 2.5 por ciento para 2012, en contraste con el pronóstico de 3.5 por ciento de las autoridades mexicana, quienes seguramente volverán a decir que nuestra economía y finanzas están blindadas y que esos vaivenes le hacen los mandados a nuestro país. En cuanto al tema del narco y su avance dirán que eso está bajo control, con un letrero que dice ‘no disturb’ ya que todos andan en la onda electorera.

Para la Casa Blanca el anuncio de una posible recesión global que pudiera volver a afectar la economía y las finanzas norteamericanas, en pleno inicio de proceso electoral es una mala noticia, ya que a Barack Obama los republicanos le han reprochado su incapacidad para restaurar los efectos del crack de septiembre de 2008, del cual el vecino país del norte no se ha podido recuperar plenamente. Otro golpe a las finanzas norteamericanas por un efecto dominó europeo podría hacer recrudecer la agudización de su crisis y la prolongada falta de desarrollo a causa de la austeridad, obligada por las circunstancias.

La advertencia que el mundo estaría al borde de una nueva recesión global si los problemas que afectan la economía y finanzas de varios países de Europa no se superan en el corto plazo, es un anuncio que para efectos de que Obama prolongue otros cuatro años su mandato vendría a ser su segura virtual derrota anticipada, ya que ese problema pondría en un predicamento al actual gobierno norteamericano ya que la desaceleración se restringiría aún más lo que afectaría a todos los sectores productivos de esa nación.

La ONU dijo que era ‘muy posible’ que la crisis de la deuda se extienda a las grandes economías europeas, lo que resultaría en una contracción del crédito a nivel mundial y una eventual caída de las bolsas. Precisó que una recesión en Europa o en Estados Unidos no es suficiente para provocar una recesión global, pero ‘el colapso de ambas economías seguramente sí lo podría ocasionar’. Esto evidentemente le pegaría también a México cuyo comercio exterior depende de la suerte norteamericana.

En Estados Unidos, una escalada de la disputa política entre demócratas y republicanos sobre el presupuesto podría dar lugar a medidas de austeridad que reducirían la confianza del consumidor, afectarían al mercado de la vivienda y daría lugar a nuevos riesgos para los bancos. Los especialistas comentan que en un escenario pesimista, el contagio de la deuda soberana podría asfixiar el crédito en el mundo y provocar un crack en los mercados financieros, tal como ocurrió con el colapso de Lehman Brothers Holding en 2008, advirtió el informe dado a conocer en la sede de la ONU en Ginebra.

Pero si algo le faltara a la Casa Blanca, está la preocupación que significa tener en su frontera sur otra grave amenaza como lo es el avance de los capos de narco en México y la latente advertencia de su Departamento de Estado, y de Seguridad Interna, que se toman muy en serio cualquier amenaza relacionada con la seguridad, de que pudieran alguno de los líderes del los cárteles vincularse –como se teme que ya lo estuviesen haciendo desde hace algún tiempo–, con alguna importante célula extremista islámica.

La rama saudí de la red terrorista internacional Al Qaeda ha instado a sus seguidores a atacar las instalaciones petroleras de los países que suministran crudo a Estados Unidos, entre los que citó a México, Venezuela y Canadá. Esto no ha sido tomado en cuenta en México, pero en Washington es una amenaza de primer orden de atención. Las instancias del Pentágono y de inteligencia norteamericana y combate antinarcóticos coinciden en que después de la muerte de Osama Bin Laden por parte de un comando de élite norteamericano en mayo del años pasado, pudiera estarse organizando una venganza.

De ahí que la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, haya dicho hace dos días que sus áreas de inteligencia tienen un ojo puesto en lo que sucede en Oriene Medio y en el Cuerno de Africa, y otro ojo en lo que acontece en México y en Centroamérica con el avance y los movimientos de los capos de la droga, que sabe que se mueven con toda libertad en nuestro país y en las naciones aledañas. En tanto el gobierno mexicano no quiere saber  más que de las elecciones federales de julio.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Más ‘operaciones secretas’

PAULINO CÁRDENAS

Al arrancar los primeros actos de los aspirantes norteamericanos del Partido Republicano que busca con uno de sus candidatos suceder al presidente demócrata Barack Obama en 2012, el nombre de México aflorará una y otra vez en materia de política exterior y será motivo de planteamientos en sus discursos sobre temas como el de los inmigrantes ilegales en el que unos estarán por que haya deportaciones y otros por la amnistía, o quienes seguirán apoyando la Ley de Arizona o criticando el manejo de un diálogo racista del mandatario estadounidense para tratar de asustar a los latinos y que voten en contra del partido opositor.

Pero sin duda un asunto relevante serán las críticas a la política de Washington de no ser lo suficientemente dura sobre el tema de que cárteles mexicanos de la droga pudieran hacer alianzas con grupos extremistas islámicos, lo que vendría a significar un peligro para la estabilidad norteamericana. La razón es la latente amenaza de que esos grupos quisieran vengar con ataques a Estados Unidos, la muerte del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, quien fue asesinado en mayo del año pasado por un comando de élite estadounidense en la casa donde se refugiaba en la ciudad de Abbottabad, cerca de Islamabad, la capital paquistaní.

Por ello, desde comienzos de este año se habría dado la orden para que la frontera norteamericana colindante con México y los litorales de ambos países, empiecen a ser reforzados militarmente de manera discreta por fuerzas de tareas especiales de aquel país, en coordinación con grupos castrenses nuestros. Los grupos islámicos están en la lista de enemigos de la llamada Guerra Contra el Terrorismo, para la cual fue creado el Comando Norte en el que están como ‘socios’ Estados Unidos, Canadá y México en ese enclave militar multidisciplinario, que trabaja en conjunto con el Comando Sur que abarca naciones aliadas del vecino país del norte, ubicadas en Centroamérica, Sudámerica y el Caribe.

El Northcom o Comando Norte fue creado en 2002 a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando la Unión Americana se cimbró junto con el mundo al impactarse dos aviones comerciales contra las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York e instalaciones del Pentágono, realizados por una célula islámica perteneciente a Al Qaeda que dirigía entonces Bin Laden, hecho inédito hasta entonces en la historia norteamericana, del que hay diversas versiones sobre quiénes pudieron estar detrás.

Por lo pronto, el Departamento de Estado norteamericano no quita el dedo del renglón de que esos grupos extremistas andan en busca de aliados con algunos cárteles mexicanos, que incluso la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, sugirió el año pasado el nombre de Los Zetas, como probable candidato de esa alianza, porque cubre el perfil que busca Hezbollah, un grupo terrorista del Medio Oriente y que tiene como brazo armado a la Fuerza Quds de Irán.

El objetivo de la presencia militar norteamericana en su frontera con México –que incluiría vigilancia en aviones no tripulados en cielos mexicanos– es impedir el paso de terroristas a territorio norteamericano y dar anticipadamente con planes de posibles ataque a aquella nación, como el sucedido aquel fatídico ataque a las torres gemelas en donde habrían perdido la vida unas 3 mil personas el 9/1. Se teme que en alguno de los países latinoamericanos o en México pudieran establecerse “aldeas lanza misiles”.

Informes de inteligencia han dicho que los grupos extremistas no sólo están a la expectativa, sino ‘actuando’, según fue revelado en octubre pasado con la detención en Nueva York de un supuesto miembro de una célula islámica que radicaba en Eu y quien habría hecho contacto con un intermediario de Los Zetas pero que resultó ser un agente encubierto de la DEA. El propósito, dijeron las autoridades norteanericanas, era atentar contra las embajadas de Israel y Arabia Saudita, y asesinar al embajador de este último país en Washington, Adel al Jubeir.

El temor en Washington es permanente. Por ello quieren evitar que México se convierta en ‘santuario’ terrorista islámico en donde se entrenen células extremistas o se diseñenen planes de ataque contra Estados Unidos. Para ello, desde su creación, una de sus ramificaciones de élite del Comando Norte fue diseñada para dirigir y planear ‘operaciones delicadas’ ante eventos que pudieran atentar contra territorio estadunidense. Se trata de acividades secretas que estarían realizándose bajo control de los jefes del estado mayor de las fuerzas armadas norteamericanas.

Muchas de esas operaciones son ‘tan secretas’ que ni siquiera se entera el gobierno mexicano, como quedó de manifiesto con el fracasado proyecto de la ATF de Rápido y Furioso. Y son operaciones secretas que siguen y las seguirá habiendo, sin que el gobierno calderonista chiste. Ni el Senado de la República.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

Finaliza el año muy mal

PAULINO CÁRDENAS

México acabará el presente año envuelto en una especie de círculo negro trazado por las circunstancias que le han dado vida a las desavenencias políticas y al olvido de las verdaderas necesidades que requiere el país en lo económico y en lo social, que debieron ser atendidas con atingencia y oportunidad por el régimen sexenal pero que el presidente Felipe Calderón ha dejado rezagadas por darle todo a su infructuosa guerra contra el narco y las mafias criminales, la cual ha acumulado dramáticas cifras de violencia y muerte que serán las máculas que lo seguirán por siempre una vez que termine su periodo.

Además de la inseguridad que sin la menor duda seguirá en el país, la peor herencia para los mexicanos en 2012 será la distancia entre gobierno y gobernados que cada vez continuará ahondándose por no atender sus necesidades, por seguir anteponiendo las ambiciones de poder de los grupos políticos, unos dispuestos a retener el mando federal y otros buscando reconquistarlo o por primera vez probarlo, pero todos dispuestos a cumplir su propósito sin importarles lo que la ciudadanía diga o piense, y dejando que el país se desmorone y se vuelva un peligroso polvorín que pudiera estallar en cualquier momento.

Este 2011 que termina volvió a quedar de manifiesto la incapacidad de la administración calderonista para frenar la corrupción e impunidad que todo corroe y que está presente en menor o mayor grado en prácticamente todas las áreas del sector público y privado; esto por no hablar del reiterado tema de la lucha armada que en 2012 traerá consigo el aumento de las espantosas cifras de muertos, desaparecidos, torturados, gente violada o vendida a las mafias, decapitadas, ejecutadas, enterradas en fosas clandestinas, y familias enteras desplazadas de sus lugares de origen por temor a morir, todo a causa de la guerra y la necedad de seguir con la misma estrategia de combatir la violencia con violencia.

En lo económico y lo social no hay nada que se avizore en el horizonte que pudiera ser de aliento y esperanza para los millones de mexicanos que siguen en espera de que las políticas públicas les solucionen el cúmulo de rezagos que hay en el país en esos dos importantísimos rubros, cuya desatención ha provocado que haya una mayor desigualdad de oportunidades, un mayor número de desempleados, una creciente pobreza en casi todo el país, que ha motivado que muchos pequeños y medianos empresarios –y aún los dueños de grandes negocios–, cierren sus puertas y se sumen al comercio informal o en el mejor de los casos se vayan de México.

En lo político en el 2012 este negro panorama se verá colmado por la lucha para retener el poder federal por parte del PAN-gobierno con su aspirante o para que el PRI lo reconquiste con un candidato venido a menos, en cuya descarnada lucha, por el hartazgo de la gente, podría resultar beneficiado el abanderado de las izquierdas quien hace seis años era considerado ‘un peligro para México’. Será una lucha en la que, como estan poniéndose las cosas, hasta pudiera haber víctimas mortales. No se trata de magnificar las cosas sino de ver en perspectiva el futuro inmediato con base a los hechos presentes y una mirada en retrospectiva sobre lo que ha padecido el país en los últimos cinco años.

Quizá para antes de que se realicen las elecciones en julio próximo, México podría estar viviendo una etapa inédita de su historia contemporánea, ya que existe la sospecha de que el gobierno que encabeza Calderón pudiera darle luz verde a Washington para que agentes de la DEA, el FBI, la ATF o el ICE, actúen –como ha trascendido que sucede desde hace tiempo–, para sumarse a los los operativos contra los sicarios de los capos en muchas regiones del país. Incluso se habla de que podrían, en un momento dado, venir tropas de la Fuerza Delta y otras similares a combatir a los narcos.

Esto no se descarta ya que el Departamento de Estado y el Departamento de Seguridad Interna norteamericanos, insisten en que los cárteles de la droga que operan en México pudieran estar en tratos con grupos extremistas islámicos y reuniéndose en países cercanos al nuestro, para planear posibles ataques a instalaciones estratégicas de Estados Unidos con aliados que la inteligencia norteamericana considera que ya estarían del lado americano. Las sospechas de que Al Qaeda pudiera estar detrás de esos planes secretos, no cesan en la Casa Blanca.

Igual que Vicente Fox, quien sacó al PRI de Los Pinos con la promesa de un ‘cambio’ que nunca llegó, el también panista Felipe Calderón prometió las perlas de la virgen durante su campaña y no cumplió. El michoacano había prometido terminar con la creciente polarización entre ricos y pobres, había prometido reformas económicas, financieras y políticas que permitirían a todos acceso a créditos, prometió que bajarían los impuestos para la gente de menores ingresos, y prometió ser el ‘Presidente del empleo’. Sobre el proceso de cambio, tampoco hubo tal. No siquiera el intento.

No obstante, prefirió comprar la idea de declararle la guerra a la mafias para reivindicarse ante los mexicanos que no votaron por él y con los que se sintieron robados con la elección del 2006 que consideran que ganó Andrés Manuel López Obrador. Pero esa decisión, tomada sin consultarle a nadie ni pedir opiniones sobre los riesgos que entrañaba, lo ha llevado con el tiempo a un callejón sin salida. El optimismo con el que inició esa guerra contra los capos y sus sicarios pronto empezó a venirse abajo. Hoy esa infructuosa lucha significa para él una encrucijada de vida.

Al final, igual que su antecesor, prefirió emular los vicios del priísmo que tanto había criticado cuando fue legislador y dirigente de su partido. Constantemente invoca en sus discursos la democracia y afirma que en aras de ella actúa; pero la democracia no es garantía de un buen gobierno. Ni él, ni su antecesor, han tenido el vigor ni la energía ni el talento político que se requiere para revertir la tendencia y hacer un buen gobierno. Ahora habrá que esperar lo que sucede en los últimos meses de su sexenio, aunque nadie cree que lo que no logró hacer en cinco años, lo pudiera hacer en el poco tiempo que le queda. Si para algunos el 2011 finaliza muy mal, para otros el 2012 creen que será una pesadilla en lo político, en lo económico y en lo social.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


México, en el eje del mal

PAULINO CÁRDENAS

En respuesta a la insistencia de la mayoría republicana de que el gobierno de Obama debe implementar una estrategia contrainsurgente en coordinación con México para evitar que los capos del narcotráfico pudiera hacer alianzas con grupos extremistas islámicos, Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, ha señalado que la administración demócrata se mantiene “muy vigilante de la guerra al otro lado de la frontera”, del “nivel sin precedentes de violencia atizada por la lucha de los cárteles por el control de territorio” y de los “crímenes terribles” que se han acumulado a lo largo de una cruzada que ha hermanado, dijo, los esfuerzos del gobierno de México y de Washington.

“Desde hace mucho tiempo hemos pensado por anticipado qué pasaría si Al-Qaeda se uniera con Los Zetas”, dijo Napolitano hace unos meses durante una audiencia pública ante el comité de seguridad nacional de la Cámara Baja estadounidense. Incluso ha insistido en que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) y el Buró Federal de investigación (FBI), tienen clasificados como prioridad la investigación de estos posibles vínculos. Ha comentado que para su Departamento el problema latente es mayúsculo.

Había manifestado que una de las estrategias que el DHS aplicaría en diversos países dentro de los esfuerzos contra la amenaza de los grupos extremistas o criminales, era poner en marcha un programa para compartir con las autoridades migratorias su base de datos biométrica como las que utilizan el FBI y la DEA, que contiene una lista de más de 6 millones 200 mil terroristas conocidos o sospechosos, así como delincuentes y trasgresores de leyes de inmigración de Estados Unidos.

Lo que se pretende con los gobiernos extranjeros, como México, es “incrementar el intercambio de información con el fin de evitar movimientos de los terroristas a la mayor brevedad posible”. En septiembre pasado, el DHS advirtió sobre el hallazgo en Texas de lanzacohetes portátiles, armas de grueso calibre, lanzagranadas con municiones, fusiles, armas cortas y tres paquetes con explosivo denominado C-4, presuntamente relacionado con Los Zetas.

Los botones de alerta del Departamento de Seguridad Nacional se encendieron hace no mucho, cuando en el desierto de Arizona, ruta de paso de drogas e ilegales hacia Estados Unidos, fue encontrado por la Patrulla Fonteriza el libro en inglés ‘En memoria de nuestros mártires’ con el que supuestamente se honra a los hombres-bomba suicidas del islamismo extremista, en el que entre otras cosas hay instrucciones de cómo hacer bombas. Al hecho el DHS no le dio mucha importancia.

Sin embargo se supo que desde mayo, cuando habría sido el hallazgo, las diversas agencias estadounidenses de espionaje y contraespionaje incrementaron de inmediato sus investigaciones sobre el alcance y lo que pudiera haber colateralmente en torno a ese libro, y más aún después de las sospechas de un complot contra el embajador de Arabia Saudita, Adel Al-Jubeir, y la posible realización de atentados contra la embajada saudita y la de Israel en Washington que habrían sido frustrados por la DEA y el FBI a principios de octubre pasado.

En Colombia, entre los años 80 y 90, cuando aquel país ya no podía contener el avance del narcotráfico controlado por Pablo Escobar y cansados gobierno y sociedad de tanto hostigamiento y derramamiento de sangre ejercido por el líder del cártel de Medellín, fueron apareciendo varios grupos paramilitares bajo el nombre genérico de ‘Los Pepes’ (acrónimo de Perseguidos por Pablo Escobar), integrados por narcotraficantes y sicarios enemigos y ex amigos que había traicionado el capo, así como familiares de gente que había mandado a ejecutar, incluidos personajes de la clase política.

Escobar, quien con su poder económico quiso incursionar en la política, al tiempo  acabó siendo encarcelado y condenado a 60 años de prisión, pero escapó de la cárcel. Esto aceleró la idea de que esos grupos paramilitares decidieran colaborar con la justicia colombiana y con las fuerzas especiales de Estados Unidos como la DEA, la CIA y la Fuerza Delta enviadas a ese país con el propósito de acabar con el capo, logrando su muerte el 2 de diciembre de 1993 en Medellín junto con un guardaespaldas, en un enfrentamiento con la policía 16 meses después de su fuga de la cárcel de Envigado.

Hay quienes creen que un esquema similar podría aplicarse en México para acabar con los verdaderos líderes de las mafias que operan en el país. Para Estados Unidos, México aparece en el sexto lugar en sus alertas de seguridad nacional, por el asunto de la inseguridad, la violencia y el baño de sangre por la guerra de Calderón contra el narco. Por lo pronto el Sistema de Alertas de Terrorismo Nacional (NTAS por sus siglas en inglés) que depende del Departamento de Seguridad Nacional, sigue vigente, lo mismo que los esfuerzos sobre la seguridad fronteriza desplegados por ambos países desde 2001 a raíz de los atentados del 9/11.

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