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Cada vez más muertos

 PAULINO CÁRDENAS

El número de muertos a causa del combate armado emprendido por el gobierno de Felipe Calderón contra los capos de la droga y del crimen organizado sigue creciendo y la cuenta acumulada ya rebasa con mucho los 40 mil decesos que acepta como válidos la administración federal. Para cuando finalice el sexenio el número de víctimas mortales se habría elevado a unos 60 mil. Además el número de gentes que se han tenido que desplazar de sus lugares donde residen por temor a los encuentros armados, se calcula en al menos 120 mil, más los que se sumen por esa diáspora de aquí al término del sexenio.

Por lo pronto, se calcula que entre los muertos, desaparecidos, ‘levantados’ y jóvenes secuestrados por parte del narco para incorporarlos a sus filas contra su voluntad, además de los desplazados, las cifras serán descomunales, las cuales serán desglosadas y dadas a conocer dentro de poco por la secretaria de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, Teresa Incháustegui, del PRD, lo que será otro motivo de escándalo.

La legisladora está por finalizar la recopilación de datos para completar un informe sobre las víctimas mortales por la narcoguerra y gente desaparecida por comandos armados, que pronto habrá de conocer esa comisión, los cuales también serán hechos del conocimiento público. El trabajo de recopilación está siendo calculado desde diciembre de 2006.

Adelantó algunas cifras preliminares y señaló que además de las víctimas mortales de esa guerra armada y de los asesinatos de gente inocente, en este año han sucedido un “sinnúmero de violaciones sexuales” relacionadas con los operativos, y que hay 14 mil casos denunciados de manera formal. Dijo que las cifras las ha ido recolectando con ayuda de organismos no gubernamentales de derechos humanos y de la sociedad civil.

Denunció que desde hace un año, el gobierno federal no ha atendido un punto de acuerdo en la Comisión Permanente que se le hizo para hacer un desglose pormenorizado de las víctimas por la lucha anticrimen, en el cual se precise edad, sexo y situación legal. “No respondieron; la Secretaría de Gobernación hizo mutis de este punto de acuerdo”, acusó la perredista.

Consideró que existe una gran indiferencia del gobierno federal hacia las víctimas, pues no se ha buscado recomponer el tejido social en la mayoría de los casos, sino sólo se atienden los casos mediáticos, como el de Ciudad Juárez, Chihuahua. Señaló que de acuerdo con proyecciones con base en el incremento de asesinatos, el sexenio de Calderón podría terminar con más de 60 mil muertos.

Las cifras rebasarán con mucho a las de cualquiera guerra del Oriente Medio. Incluso será superior a todas las cifras juntas que han registrado las guerras convencionales en esa región y en Africa del Norte durante la última década, en donde son utilizados aviones bombarderos, vuelos no tripulados lanza-misiles de corto y largo alcance, tanques blindados, bazucas, granadas de fragmentación y armas de alto poder que utilizan ejércitos con comandos de élite bien adiestrados para el combate bélico por tierra, mar y aire.

Lo que no resulta congruente, por más que el discurso oficial insista en lo contrario, es que a pesar de tantos miles de efectivos del Ejército, de la Marina y de la Policía Federal que desde hace años han sido desplegados prácticamente en todo el territorio nacional con el fin de impedir el avance de los cárteles en el país, los resultados no justifican tanto aparato, ni tanto presupuesto, ni tanta alaharaca mediática. ¿Por qué?, es la pregunta.

Parece que el investigador Edgardo Buscaglia, asesor de la Organización de Naciones Unidas para asuntos del crimen organizado, tiene la respuesta. Al hablar la semana pasada en la Casa de América de Madrid, España, señaló al titular de la Secretaría de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna,  como “el arquitecto del fracaso y de la tragedia mexicana”, que en cualquier país “medianamente desarrollado” ya hubiese “renunciado y sido investigado por negligencia”.

Él ha sido el arquitecto de las políticas de seguridad pública en los últimos diez años y sigue estando ahí, señaló. Y comentó: “En cualquier otro país, con un sistema de derecho medianamente refinado, García Luna ya hubiese renunciado hace mucho tiempo y hubiese sido investigado por el Congreso y por el Poder Judicial por negligencia y algún tipo de comportamiento antisocial”.

Advirtió que el Ejército Mexicano corre el riesgo de convertirse en una pieza más del engranaje de las mafias. “Hay antecedentes históricos de captura del Ejército, como ocurrió con el Regimiento 21. Esa situación puede repetirse en el futuro y el Ejército Mexicano, en esta situación de exposición, tarde o temprano va a desprestigiarse más que la Policía Federal mexicana”.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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El banquillo los espera

PAULINO CARDENAS 

Por más que se quiera, el último tercio del sexenio no alcanzará para resolver tantos rezagos que hay en la agenda gubernamental, ya que la prioridad del presidente Felipe Calderón ha sido, y seguirá siendo en lo que resta de su administración la narcoguerra, la cual no sólo será el estigma que lo señalará para el resto de sus días, sino que al rendir cuentas de los beneficios que pudo haber tenido esa aventura, los resultados para nada le favorecerán.

Sólo habría que considerar que si el número de muertos hasta ahora anda en el orden de los 40 mil, habría que sumar los que se acumulen de aquí a que termine su sexenio. Otro factor en su contra será si de veras habrá disminuido el problema del tráfico de estupefacientes y el consumo interno de drogas. El factor tercero será el de cuánto se habrá gastado de dinero del erario en esa guerra las cuales, dicen los expertos, acaban siendo un gran negocio para los que las promueven.

No se sabe si será la Auditoría Superior de la Federación la encargada de escudriñar cómo estuvieron los gastos de guerra que al final resultará por demás muy desigual por tantas vidas que se habría llevado, en tanto las mafias, como desde ahora podría apostarse, lejos de disminuir su poder y su ventaja, las acrecentará. El saldo de esa lucha, no cabe la menor duda, será devastador para los anhelos políticos de querer que el partido del Presidente repita por tercera vez en el mando federal.

La gente, millones de mexicanos, han hecho suya la frase del poeta, escritor y articulista Javier Sicilia de “!Estamos hasta la madre¡”. Pero eso no le dice nada al mandatario panista, quien sigue con su ‘voy derecho y no me quito’, pese al malestar e indignación que cada vez se extiende más entre los diversos sectores de la población, mayormente en las entidades en donde persiste el olor a violencia y sangre y profundo dolor por tantas muertes acaecidas en gente inocente, como Tamaulipas, Durango, Chihuahua, Nuevo León, Michoacán, Guerrero y decenas de estados más.

Las mafias del narco y del crimen organizado no han parado de enfrentarse a las fuerzas armadas del gobierno incluso con armamento mucho más sofisticado que los que utilizan los soldados y los cuerpos policiales federales; entre las filas de los sicarios hay mercenarios adiestrados para realizar operativos tipo guerrilla urbana como ha quedado demostrado en infinidad de ocasiones. Muchos de ellos están imbuídos, como los Kailbiles que hay entre las filas de los ejércitos al servicio de los capos, para cometer actos extremistas que rayan en el terrorismo.

Hay muchos misterios en las entrañas de esa guerra, que desde su origen estuvo cuestionada porque el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, o sea el Presidente, a nadie consultó, Hoy, cuando el asunto se ha salido de madre, hay una sensación de desesperación de parte de quienes integran el aparato de seguridad, no sólo porque la sociedad empieza a presionar al mandatario panista diciendo en cartelones, “Calderón, no quiero ser víctima de tu guerra” como sucedió recientemente en Cuernavaca, sino por tantos muertos siguen sumándose a la macabra lista y más y más cadáveres son descubiertos en fosas clandestinas.

El asunto no sólo es razón de indignación y hartazgo por parte de la población mexicana, sino que ya es motivo de escándalo internacional por tanta corrupción, impunidad e ineficiencia del gobierno  ante ese monumental problema, en donde de fuera observan, empezando por el gobierno de Washington, que la guerra emprendida por el presidente Calderón está extraviada –sin brújula pues– además de perdida en el terreno bélico, y ve con ojos cada vez más desorbitados, cómo el imperio del crimen organizado avanza en México. Temen que esa violencia cruce la frontera.

El gobierno no ha podido contra el monstruo al que se enfrentó creyendo que era de paja y sin saber del poderío de que era capaz. Una y otra vez las voces oficiales y oficiosas han dicho sobre esa guerra que el gobierno le ha ido ganando la partida a los capos y sus sicarios, pero ese supuesto avance ha sido para efectos mediáticos; ha sido más coreográfico que real el supuesto avance triunfal contra las mafias. La verdad es otra.

Es obvio que la obsesión por esa guerra y sobre todo la necedad de no variar el método, está haciendo que empiece a cundir la agitación entre millones de mexicanos la cual  cada vez cobra más fuerza bajo el lema de “!Estamos hasta la madre¡” que se ha convertido en himno nacional contra esa narcoguerra, en la que nadie gana y todos pierden. Al término del sexenio –o antes si Washington apura las cosas– alguien, acompañado de otros, estarán subiendo al banquillo de los acusados, en un adelantado juicio de la historia. Y si no, como dirían los clásicos, al tiempo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Sigue el baño de sangre

PAULINO CÁRDENAS

Mientras que el presidente Felipe Calderón volvía a insistir la semana pasada en que la estrategia contra el narcocrimen no sufrirá modificaciones, continuaba la espiral de violencia y los asesinatos a mansalva que siguen tiñendo de sangre al país. Otra ejecución realizada presuntamente por un comando de sicarios acabó con la vida de la subprocuradora de la PGR en Gómez Palacio, Durango, Claudia Ávila Yáñez, quien fue secuestrada la noche del pasado jueves. Tenía en el cargo apenas dos semanas. Es un caso para que se estrene la nueva titular de esa dependencia, Marisela Morales, aunque la lista de pendientes es larga.

En lugar de ir hacia delante en la guerra contra las mafias se está yendo para atrás. Cada día hay más casos de secuestros y muertes en todo el país y poblados que son sometidos por la criminalidad, como sucede con el vergonzante caso de Cuencamé, Durango, en donde han habido decenas de despariciones forzadas u obligadas y se habla de infinidad de atrocidades contra familias enteras, sin que ninguna autoridad ni local, ni estatal, ni federal, se avoque a tocar el tema. ¿Por incapacidad? ¿Por corrupción e impunidad? ¿Por miedo? Unos a otros se echan la bolita.

El método de querer enfrentar la violencia con más violencia se ha convertido en una fábrica de muertos que quedan de manera inminente en el olvido jurídico. Nada o muy poco se indaga porque se dice que la mayoría son criminales. Pero ni estos, ni la gente inocente que queda enlistada como ‘daños colaterales’ al ser víctimas mortales del ‘fuego cruzado’, se investigan. La cifra casi llega a los 40 mil en lo que va de esa guerra. Más todos los que faltan de aquí a que termine el sexenio.

A quienes integran el sistema nacional de seguridad parece no conmoverles ni las manifestaciones de protesta ni el grito de “!Estamos hasta la madre¡” por tantos muertos y tantos crímenes que alcanzan a la población. Tampoco parecen hacerle mella las decenas de cadáveres hallados en Tamaulipas de gente que habría sido secuestrada y sufrido torturas antes de ser ejecutada y enterrada en fosas clandestinas en el municipio de San Fernando. Hay por ahora 14 detenidos. Entre los muertos podría estar un norteamericano.

La misma actitud se da con las arteras ejecuciones como las que sufrieron varios jóvenes el pasado 27 de marzo en Temixco, Morelos en el que entre otros cadáveres apareció el del hijo del poeta y articulista Javier Sicilia. Cambiaron al encargado de Seguridad Pública pero nada más. Pero cambiar el modo de enfrentar a las mafias, nada. Para el gobierno federal parece no haber de otra: resulta mejor seguir acumulando más muertos de aquí a que acabe su administración, que buscar otros caminos para enfrentar ese flagelo.

Cada vez que el Presidente aborda el tema de su estrategia, argumenta lo mismo: mientras no haya quien proponga una mejor estrategia, continuará la misma, la que evidentemente ha sido un fracaso. ¿Quién más debe proponer estrategias si no sus propios ‘asesores’ de guerra que tiene al lado? Pareciera haber algo muy poderoso que le impide al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas variar el rumbo y el modo en el combate al narcocrimen. ¿Qué podría ser?

Se sabe que la guerra es gran negocio. Tan sólo en 2009 los gobiernos recibieron un total de 113 mil millones de pesos para dizque gastarlos en ese rubro, pero sin resultados tangibles. Cada vez que las mafias atacan o contratacan, los gobiernos estatales y municipales salen siempre con la cantaleta de que los narcocrímenes son del fuero federal. ¿A dónde pues se han ido los miles de millones del erario que se han asignado a la lucha contra las mafias del crimen organizado?

¿Cómo le hace Estados Unidos para tener bajo control a las mafias? ¿Será porque es el país de donde se surten de armas y donde se les permite lavar dinero, y el país que más consume drogas en el mundo? Porque alguna fórmula deben de tener en Washington para que no tener la necesidad de declararle la guerras a los capos ni a mandar a su Ejército a las calles de la Unión Americana. ¿Cuál es el secreto? ¿Hay pactos con las mafias? ¿De qué ídole?

Por lo pronto dijo Calderón que mientras no le presenten un plan de mayor beneficio o de menor costo para la sociedad “seguiremos siendo contundentes en la aplicación de la ley, el combate al crimen organizado y aplicación de una política integral de prevención, contención y combate a los grupos criminales”. ¿No sería más fácil preguntarle al gobierno de Washington cómo le hace para llevar la fiesta en paz con las mafias, sin tanto rollo, sin sacar a las calles  al Ejército y usarlos como policías y sobre todo sin que haya tantísimos muertos?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


La estrategia de la violencia

PAULINO CÁRDENAS

Si se compara el discurso que pronunció el día de su toma de posesión el 1 de diciembre de 2006 en el Auditorio Nacional respecto al clima de inseguridad sobre lo que prometió que haría su gobierno para combatir a las mafias del crimen organizado, con el que expresó ayer en las instalaciones del Campo Marte de la capital de la República sobre ese tema que es su preferido, en esencia es prácticamente el mismo. Y la estrategia de combate también. Es la de seguir aplicando más violencia contra la violencia.

La diferencia es que hace poco más de cuatro años cuando inició su administración, muchos creyeron en sus palabras de lo que dijo que haría y, hoy, pocos son los que podrían considerar como ciertas sus promesas respecto a la ‘estrategia’ de su gobierno contra el crimen organizado y las bandas del narcotráfico, que para nada ha dado resultado si se ven las crecientes cifras de muertos y el avance de esas mafias en territorio nacional.

En aquella fecha dijo: “En todo esfuerzo de cambio, el objetivo central será que las instituciones públicas sirvan a los ciudadanos para que vivamos mejor. Hoy la delincuencia pretende atemorizar e inmovilizar a la sociedad y al Gobierno; la inseguridad pública amenaza a todos y se ha convertido en el principal problema de estados, ciudades y regiones enteras.

“Una de las tres prioridades que voy a encabezar en mi Gobierno es, precisamente, la lucha por recuperar la seguridad pública y la legalidad; las instituciones responsables de la seguridad pública requieren transformaciones profundas para incrementar sustancialmente su eficacia”. (¡!).

“Los resultados que estas instituciones le deberán entregar a los mexicanos son vitales para recuperar la fortaleza del Estado y la convivencia social, seguridad de que nuestra vida, la de nuestras familias y nuestro patrimonio estarán protegidos. Espacios públicos para nuestros hijos y no territorio para los delincuentes, no impunidad, no abuso de los poderosos, justicia para todos”. (¡!).

“Por eso, instruyo al procurador general de la República y al Gabinete de Seguridad Nacional a que en un plazo no mayor de 90 días presenten un programa de seguridad para renovar los mecanismos de procuración e impartición de justicia. Para ordenar, depurar y fortalecer nuestros cuerpos policíacos, para crear cuanto antes un sistema único de información criminal que nos permita poner los más sofisticados avances tecnológicos a la defensa de nuestras familias.

“Y ordeno a los secretarios de Marina y de Defensa a redoblar el esfuerzo para garantizar la seguridad nacional por encima de cualquier otro interés y al propio tiempo a velar para que se mejoren cuanto antes y en la medida en que el Congreso lo disponga la condición humana y familiar de los soldados y los marinos de México.

“Asimismo, en el próximo periodo ordinario de sesiones presentaré ante el Congreso una iniciativa de reformas legales con el objeto de mejorar la procuración y la administración de justicia, aumentar las penas para quienes más agravian a la sociedad y para que las leyes sean instrumento que protejan los derechos de los ciudadanos y no vías de impunidad para los criminales”. (¡!).

“Sé, que restablecer la seguridad no será fácil ni rápido, que tomará tiempo, que costará mucho dinero, e incluso y por desgracia, vidas humanas. Pero ténganlo por seguro, esta es una batalla en la que yo estaré al frente, es una batalla que tenemos que librar y que unidos los mexicanos vamos a ganar a la delincuencia.

“Pongamos fin a la impunidad, a la impunidad de los delincuentes que amenazan nuestras vidas y familias. A la impunidad de los políticos que violentan la ley en su beneficio, a la impunidad de quienes abusan de una sociedad inerme cualquiera que sea su posición de privilegio político, económico o social”.

Y ayer en el Campo Marte repitió prácticamente lo mismo. E insiste en su misma estrategia de utilizar más violencia contra la violencia.

Adosó su intervención diciendo que la lucha anticrimen “vale la pena” por lo que “debemos involucrarnos todos”, y aclaró que la caída sistemática de los líderes de las organizaciones criminales es un “indicador claro” de que esa lucha la va ganando el gobierno, por lo que seguró que “estamos en la ruta que debe seguirse para alcanzar el México de seguridad y de leyes al que aspiramos”. ¿Será?