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Más ‘operaciones secretas’

PAULINO CÁRDENAS

Al arrancar los primeros actos de los aspirantes norteamericanos del Partido Republicano que busca con uno de sus candidatos suceder al presidente demócrata Barack Obama en 2012, el nombre de México aflorará una y otra vez en materia de política exterior y será motivo de planteamientos en sus discursos sobre temas como el de los inmigrantes ilegales en el que unos estarán por que haya deportaciones y otros por la amnistía, o quienes seguirán apoyando la Ley de Arizona o criticando el manejo de un diálogo racista del mandatario estadounidense para tratar de asustar a los latinos y que voten en contra del partido opositor.

Pero sin duda un asunto relevante serán las críticas a la política de Washington de no ser lo suficientemente dura sobre el tema de que cárteles mexicanos de la droga pudieran hacer alianzas con grupos extremistas islámicos, lo que vendría a significar un peligro para la estabilidad norteamericana. La razón es la latente amenaza de que esos grupos quisieran vengar con ataques a Estados Unidos, la muerte del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, quien fue asesinado en mayo del año pasado por un comando de élite estadounidense en la casa donde se refugiaba en la ciudad de Abbottabad, cerca de Islamabad, la capital paquistaní.

Por ello, desde comienzos de este año se habría dado la orden para que la frontera norteamericana colindante con México y los litorales de ambos países, empiecen a ser reforzados militarmente de manera discreta por fuerzas de tareas especiales de aquel país, en coordinación con grupos castrenses nuestros. Los grupos islámicos están en la lista de enemigos de la llamada Guerra Contra el Terrorismo, para la cual fue creado el Comando Norte en el que están como ‘socios’ Estados Unidos, Canadá y México en ese enclave militar multidisciplinario, que trabaja en conjunto con el Comando Sur que abarca naciones aliadas del vecino país del norte, ubicadas en Centroamérica, Sudámerica y el Caribe.

El Northcom o Comando Norte fue creado en 2002 a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando la Unión Americana se cimbró junto con el mundo al impactarse dos aviones comerciales contra las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York e instalaciones del Pentágono, realizados por una célula islámica perteneciente a Al Qaeda que dirigía entonces Bin Laden, hecho inédito hasta entonces en la historia norteamericana, del que hay diversas versiones sobre quiénes pudieron estar detrás.

Por lo pronto, el Departamento de Estado norteamericano no quita el dedo del renglón de que esos grupos extremistas andan en busca de aliados con algunos cárteles mexicanos, que incluso la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, sugirió el año pasado el nombre de Los Zetas, como probable candidato de esa alianza, porque cubre el perfil que busca Hezbollah, un grupo terrorista del Medio Oriente y que tiene como brazo armado a la Fuerza Quds de Irán.

El objetivo de la presencia militar norteamericana en su frontera con México –que incluiría vigilancia en aviones no tripulados en cielos mexicanos– es impedir el paso de terroristas a territorio norteamericano y dar anticipadamente con planes de posibles ataque a aquella nación, como el sucedido aquel fatídico ataque a las torres gemelas en donde habrían perdido la vida unas 3 mil personas el 9/1. Se teme que en alguno de los países latinoamericanos o en México pudieran establecerse “aldeas lanza misiles”.

Informes de inteligencia han dicho que los grupos extremistas no sólo están a la expectativa, sino ‘actuando’, según fue revelado en octubre pasado con la detención en Nueva York de un supuesto miembro de una célula islámica que radicaba en Eu y quien habría hecho contacto con un intermediario de Los Zetas pero que resultó ser un agente encubierto de la DEA. El propósito, dijeron las autoridades norteanericanas, era atentar contra las embajadas de Israel y Arabia Saudita, y asesinar al embajador de este último país en Washington, Adel al Jubeir.

El temor en Washington es permanente. Por ello quieren evitar que México se convierta en ‘santuario’ terrorista islámico en donde se entrenen células extremistas o se diseñenen planes de ataque contra Estados Unidos. Para ello, desde su creación, una de sus ramificaciones de élite del Comando Norte fue diseñada para dirigir y planear ‘operaciones delicadas’ ante eventos que pudieran atentar contra territorio estadunidense. Se trata de acividades secretas que estarían realizándose bajo control de los jefes del estado mayor de las fuerzas armadas norteamericanas.

Muchas de esas operaciones son ‘tan secretas’ que ni siquiera se entera el gobierno mexicano, como quedó de manifiesto con el fracasado proyecto de la ATF de Rápido y Furioso. Y son operaciones secretas que siguen y las seguirá habiendo, sin que el gobierno calderonista chiste. Ni el Senado de la República.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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9/11: las contraversiones

PAULINO CÁRDENAS

La administración del ex presidente estadunidense George W. Bush tomó ventaja de los ataques a las torres gemelas del World Trade Center del 11 de septiembre de 2001, para justificar la ocupación militar estadounidense en Afganistán e Irak y matar a gente inocente, dijo el domingo el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, al conmemorarse los diez años de esos ataques. Los atentados en Nueva York y Washington fueron un “juego” diseñado por Estados Unidos a fin de tener un pretexto para atacar a los Estados musulmanes, manifestó el mandatario iraní.

Señaló que “el 11 de septiembre fue realmente un juego previsto para provocar sentimientos de la comunidad humana y encontrar una excusa para lanzar ataques en las regiones musulmanas y la ocupación de Irak y Afganistán, que condujo a la matanza de un millón de inocentes”. En el marco del décimo aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el mandatario iraní reiteró su teoría de que los ataques fueron parte de un plan para proteger los intereses de Estados Unidos e Israel.

Indicó que dos años después del ataque, Estados Unidos tuvo el pretexto de invadir dos países (Afganistán e Irak) para matar, herir y desplazar a millones de personas inocentes. El presidente iraní ha reiterado que los atentados del 9/11 fueron una “gran mentira” y una “conspiración”. Dijo  Ahmadinejad que algún día “esa verdad” saldrá a la luz y llamó a la comunidad internacional a abrir una investigación “seria e independiente” de lo sucedido hace 10 años. Como sea, esos atentados, por inéditos, han originado decenas de teorías conspiratorias.

A partir de supuestos episodios oscuros del 9/11, hay una corriente que afirma que la administración Bush hijo estaba al corriente del ataque pero que no hizo nada para evitarlo. Según esta teoría, bautizada como LIHOP -Let It Happen On Purpose-, Dich Cheney (vicepresidente con Bush Jr.), Donald Rumsfeld (Secretario de Defensa también en la administración de W. Bush) podían justificar su posterior guerra contra el terrorismo internacional. El propio Noam Chomsky (lingüista, filósofo y activista estadounidense, considerado por The New York Times como “el más importante de los pensadores contemporáneos”) ha dado verosimilitud a esta hipótesis.

También hay quien sostiene que el 9/11 forma parte de una conspiración contra China, con el fin de arrebatarle la construcción de oleoductos en Afganistán. Otras teorías apuntan a Israel, ya que previamente al 11-S existió un escándalo de espionaje israelí que fue tapado por los atentados. Hay cosas inexplicables en torno a esa teoría de la conspiración, como es el video –uno de los más vistos de los útlimos años  en YouTube – donde una periodista de la BBC da la noticia del derrumbe del edificio siete del World Trade Center,  20 minutos antes de caerse.

Por otra parte, los defensores de la teoría de la conspiración dicen que es imposible que las torres se derrumbaran por el impacto de los aviones y aseguran que se detonaron cargas controladas. Incluso un ex consejero de Bush, el profesor emérito de la Universidad de Texas Morgan Reynolds, defiende que “únicamente una demolición profesional puede explicar el desplome”. Después de una larga investigación, los informes oficiales culpan del derrumbe a la debilidad de las columnas diseñadas.

Otro hecho es el del cuarto avión secuestrado en el 11-S, cuyo objetivo supuestamente era el Capitolio, que se estrelló “accidentalmente” en un campo de Shanksville, Pensilvania. La primera versión oficial, minutos después de los atentados, aseguraba que se había abatido la nave para evitar males mayores. Días más tarde, el Pentágono afirmaba que el avión cayó después de que los pasajeros intentaran tomar el control del avión. Varios testimonios aseguran haber visto reactores del ejército persiguiendo a la nave.

Y está lo del Pentágono, en donde una hora y cuarto después del primer impacto en el World Trade Center, un avión comercial chocó contra la sede del ejército más poderoso del mundo. Muchos investigadores cuestionan la vulnerabilidad de ese búnker y aseguran que un piloto amateur es incapaz de realizar esa maniobra. Algunos investigadores incluso sostienen que fue un misil, y no un avión, lo que impactó contra el inmueble, pese a que se habló de que el FBI encontró la caja negra de la nave.

Y la caída de la torre siete del World Trade Center que albergaba el búnker de emergencia de la alcaldía y las oficinas del servicio secreto de Estados Unidos es otro misterio. Según el ex ministro de Defensa alemán Andreas von Bülow, el edificio fue demolido para destruir las pruebas de que los atentados fueron perpetrados por los servicios secretos. Un grupo de científicos encontraron restos de material inflamable entre los escombros. La versión oficial explica que el edificio se derrumbó a causa de los incendios sin control.

En torno a las contraversiones de los atentados terroristas se han escrito muchos libros y mucho se ha comentado en foros internacionales. ¿Cuál es la verdad? Vayaustéasaber.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

EU y sus Black Ops

PAULINO CÁRDENAS

¿Qué tienen que ver con México los recientes movimientos en el aparato de seguridad nacional norteamericano que ha ordenado realizar el presidente Barack Obama? Pues mucho porque el meollo de esos planes urgentes es que en nuestro país el narcotráfico se está convirtiendo en el ‘nuevo poder’. Y ante la ineficiencia e ineficacia de nuestras fuerzas gubernamentales armadas para detener el acelerado paso de los criminales organizados, la Casa Blanca está dispuesta a evitarlo a como dé lugar, usando tácticas de guerra verdaderos en nuestro territorio, obviamente con la anuencia del gobierno mexicano. Luego se vería el aspecto de la soberanía.

¿Por qué quiere evitar Washington ese avance? Por preservar su propia seguridad más que la nuestra. ‘América para los americanos’ reza el viejo apotegma nacionalista de ese país. Eso quiere decir que Estados Unidos es para los estadounidenses. Lo demás no les importa. Con los hechos de violencia, sangre y fuego que se han registrado en México en los casi cinco años que lleva la narcoguerra, y con el reciente ataque de corte terrorista que se dio hace unos días en el casino de la muerte de Monterrey, para el Departamento de Estado norteamericano no queda ninguna duda de que hay que hacer algo, ya.

Por lo pronto ha trascendido que el Pentágono ha puesto en marcha un operativo  conocido como ‘J.S.O.C.’, un Black Op o plan secreto que operaría uno o varios  comandos conjuntos del Ejército de Estados Unidos formado por soldados de élite con experiencia en terrorismo, inteligencia militar, espionaje y contraespionaje que vendrían a nuestro territorio a matar a ‘los malos’. Pero también podrían ocuparse de vigilancia ilegal, planes de asesinato, secuestros, infiltraciones, escuchas telefónicas secretas de columnistas y periodistas importantes, y la vigilancia de activistas que promueven la paz, entre otras de sus actividades.

Por supuesto que en Washington deben saber por qué hay tanta ineficacia e ineficiencia de los aparatos de ‘inteligencia’ mexicana, como el presumido ‘búnker’ que depende de la secretaría de Seguridad Pública federal y los de la Defensa Nacional, la Marina-Armada de México y otras instancias que se supone que para eso están, como el Cisen que depende la Secretaría de Gobernación así como de las costosas estructuras de espionaje que hay en los gobiernos estatales y municipales que servirán para espiar a los enemigos políticos pero no para descubrir con antelación los planes criminales de las mafias.

La Casa Blanca no se ha ido con la finta de las autoridades mexicanas empeñadas com están en desviar la atención de los ataques como el sucedido en el Casino Royale de Monterrey el pasado 25 de agosto, en torno al cual hay el oscuro interés, no de saber qué cártel estuvo detrás, sino de echarle la culpa al otorgamiento de concesiones, a que los dueños no se ponen ‘guapos’ con el dinero que les exigen los capos por ‘derecho de piso’, y de querer politizar el asunto y poner en la palestra pública la red de complicidades que existen entre las mafias internacionales del juego con la clase política, de cara a las elecciones del 2012.

Washington teme que la conocidísima corrupción y colusión que existe entre las mafias que operan en México, y los mandos encargados de ordenar perseguirlos siga creciendo y que ese poder alcanzado por los criminales traspase las fronteras y de pronto se estén registrando en la Unión Americana actos de violencia y muerte perpetrados por sicarios armados en ciudades del vecino país del norte –de lo cual ya hay registros– similares al que acaba de suceder en el casino de la muerte de Monterrey.

De ahí las órdenes venidas de la máxima instancia del poder norteamericano, de cerrar filas a través de los cambios estratégicos en prácticamente todas las áreas sustantivas y de mandos superiores en la intrincada pirámide de Seguridad Interna estadounidense, poniendo énfasis en el mapa de altos riesgos que atentan contra la seguridad estadounidense, donde aparece el nombre de México en rojo.

Dentro de los últimos movimientos en las instancias de seguridad y espionaje norteamericano está el nombramiento del ex general David Petraeus como jefe máximo de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, la CIA, en lugar de Leon Panetta, quien ahora ocupa el cargo de secretario de la Defensa de Estados Unidos. Atrás de Petraeus está el coronel John Nagl que ha venido ocupando la presidencia del Center for a New American Security (Centro para una Nueva Seguridad Americana).

Hasta febrero México estaba en el lugar 44 de una lista de 75 países donde Estados Unidos realizaría este tipo de ataques militares conocidos como Black Ops. Pero se da por hecho que uno de esos operativos secretos podría adelantarse con incursiones en nuestro territorio por parte de comandos armados norteamericanos, para tratar de acabar con la grave amenaza de los cárteles de la droga y las mafias del crimen organizado que son un peligro no sólo para México sino para Estados Unidos.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

2012: guerra y recesión

PAULINO CÁRDENAS

Lo que le faltaba a los mexicanos está a la vuelta de la esquina. Además de la imparable guerra del gobierno calderonista contra las mafias del crimen organizado y los capos de la droga que seguirá bajo la misma ‘estrategia’ militarizada según lo anunció el viernes el Presidente, que ha sido un rotundo fracaso –no obstante que en breve vendrían ‘Rambos’ norteamericanos a eliminar a ‘los malos’– el país se verá sometido el año próximo, año de la madre de todas las elecciones en el que el PRI buscará sacar al PAN de Los Pinos, a los efectos de una nueva recesión anunciada por el FMI y especialistas en la materia.

Señalan analistas internacionales que Estados Unidos sería el primero en América en protagonizar el primer sacudimiento recesivo ‘porque la economía norteamericana padece un problema de confianza’, y la suerte que corra la vecina nación –que muchos estudiosos consideran será más profunda que la que se originó en el 2008–, será la misma que corra México ya que más del 90 por ciento de su intercambio comercial y económico depende de la vecina nación. Esto, aunque el gobierno calderonista haya dicho que nuestro país está preparado para afrontar ese embate.

Los del gobierno panista aseguran que México tiene las reservas suficientes y necesarias para cualquier contigencia de esa magnitud, pero la verdad es que los mexicanos están tan ciscados que ya no creen en nada y menos en que pueda haber la capacidad de actuación para prevenir a tiempo el tsunami que viene, ya que el gobierno panista suele ver ese tipo de eventos como una cosa menor, como sucedió con el primer trancazo en Wall Street que fue calificado como ‘un catarrito’, cuando en realidad los efectos fueron tales que persisten hasta la fecha, sobre todo en el sector de importación y exportación.

Pero el agobio para los mexicanos no sólo está cifrado en los negativos resultados de la guerra que el gobierno federal sostiene contra las mafias, sino que tienen encima la precaria situación económica familiar que los agobia porque no les alcanza el dinero para vivir, porque escasean los empleos y por la galopante carestía que provocan los nocivos ‘gasolinazos’ mensuales, por no mencionar otros rubros en los que, por las malas políticas del gobierno panista, la crisis les ha pegado fuerte y cuyo panorama no tiene visos de mejorar en lo que resta del sexenio.

Por su parte Washington trae clavado entre cabeza, ojos y ceja, el evidente avance de los capos en nuestro país a causa de la ineficiencia mexicana para combatirlos, por lo que el Pentágono –por órdenes del presidente Barack Obama cursada a través de la secretaria de Estado, Hillary Clinton–, ha puesto en marcha un operativo secreto conocido por ahora como ‘J.S.O.C.’, un comando conjunto del Ejército de Estados Unidos integrado por soldados de élite con experiencia en terrorismo, inteligencia militar, espionaje y contraespionaje que vendrían a nuestro territorio a matar a ‘los malos’, si no es que ya están en nuestro territorio para esos fines.

Quizá por ello Calderón ha empezado a decir con mucho ímpetu que la lucha contra las mafias seguirá con la misma estrategia de violencia y muerte y que la misma ‘la ganaremos’. Acaso esa seguridad que le ha empezado a imprimir a su discurso bélico esté animado por los arreglos que sin duda ya habría hecho de manera anticipada con su homólogo norteamericano para que un comando de élite –o varios– actúen en territorio mexicano para someter a los mafiosos y a sus sicarios, lo que crearía un escenario de guerra formal.

Sólo que en tiempos de elecciones eso pondría a México en un tris de la desestabilización y el miedo generalizado, y sobre todo crearía un ambiente de Estado de emergencia que pudiera impedir la celebración de los comicios del año venidero para elegir sucesor en Los Pinos. A propósito de ese nuevo escenario que se avecina está el hecho de que el nuevo embajador de Estados Unidos, Anthony Wayne, ex embajador adjunto de su país en Afganistán, llega a México. El diplomátio de carrera, quien sustituye a Carlos Pascual, fue secretario Adjunto para Asuntos Económicos y Empresariales en el Departamento de Estado de 2000 hasta el 2006. También se desempeñó como embajador en Argentina con George W. Bush.

Por ende, los mexicanos podrían estar viendo el año proximo –o quizá antes– la escalada de otro capítulo inédito en la vida del país bajo el segundo y quizá último gobierno federal panista. Un escenario por un lado colmado de dificultades por la recesión, y por otro, más muertes de balas salidas de armas de alto poder, bombazos, asedios, colgados, tortutados, decapitados y acaso el asesinato de gente inocente que nadie hubiera imaginado, por la ‘otra guerra’ que viene, protagonizada, según fuentes habitualmente bien informadas, entre otros por  los ‘Rambos’ gringos, contra las mafias.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Temblor recordó el 9/11

PAULINO CÁRDENAS

El miedo que subyace en el subconsciente de los neoyorquinos desde los ataques terroristas a las torres gemelas del World Trade Center y a las instalaciones del Pentágono de hace casi diez años, volvió a aflorar este martes cuando en una amplia franja de la costa este y parte del medio oeste de la Unión Americana se sintió un temblor de 5.8 grados en la escala de Richter. El temblor ha llamado la atención de expertos y de las agencias de inteligencia y antiterroristas norteamericanas, porque se dio en una zona que no tiene precedentes sísmicos.

Las áreas que integran el gabinete de seguridad nacional del vecino país están en estado de alerta e investigan lo que por ahora parecen meras especulaciones, ya que el epicentro, ubicado por el Servicio Geológico estadounidense al noroeste de Richmond, Virginia, a 3.7 kilómetros de profundidad, está en la misma zona geográfica de donde se hallan las instalaciones del Pentágono que es la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, localizado en el Condado de Arlington.

En Virginia dos reactores nucleares cercanos al epicentro quedaron desactivados como medida de precaución, informó la Comisión para la Regulación Nuclear.  Los dos reactores, operados por la empresa Dominion Generation, están ubicados en la estación North Anna, en la localidad de Mineral, en las cercanías del área donde se situó el epicentro del terremoto.

Lo que más extraña es que de la amplia zona en donde se sintió el movimiento telúrico, no había registro de un temblor desde 1897. La onda sísmica con origen en Virginia se extendió a Maryland, parte del estado de Nueva York, Nueva Hampshire y Carolina del Norte, así como en el medio oeste, en Ohio y Michigan. Incluso hubo reportes de que la onda sísmica llegó hasta Canadá en las zonas colindantes con Estados Unidos.

La sacudida se sintió en la ciudad de Nueva York donde cientos de personas con el pánico reflejado en el rostro abandonaron rápidamente los rascacielos y se concentraron en los cruces de avenidas y plazas. Mucha gente salió corriendo de los edificios donde laboraban pensando que a unos días de cumplirse 10 años de los ataques del 11 de septiembre de 2001 nuevamente se estaría repitiendo un evento terrorista similar por parte de algún grupo extremista como sucedió en aquella fecha.

A causa del sismo, que no registró víctimas, fueron desalojadas las oficinas del Capitolio y la Casa Blanca en Washington, del Pentágono en Virginia y de muchos edificios no sólo de la ciudad conocida como la Gran Manzana, sino de muchas otras ciudades norteamericanas. El sismo provocó el cierre de aeropuertos, la caída del servicio telefónico en varias regiones y el desquiciamiento del sistema de transporte en diversas zonas. Incluso en ciudades canadienses como Toronto y parte de Montreal se sintió el extraño movimiento telúrico que duró alrededor de 45 segundos.

Hace unas semanas la red terrorista Al Qaeda había amenazado con lanzar diversos ataques a Estados Unidos para vengar la muerte de Osama Bin Laden muerto en mayo pasado a manos de las fuerzas estadounidenses. Algunos analistas y especialistas del tema sugieren que después del asesinato del líder máximo de Al Qaeda, esta red terrorista, cuando se creía que quedaría debilitada, tiene la capacidad para resurgir y lanzar ataques temibles contra la Unión Americana.

Coinciden las crónicas que después del temblor las comunicaciones se vieron colapsadas en varias ciudades, los sistemas de telefonía celular se vieron saturados, mientras los medios de comunicación tocaban a las puertas del Departamento de Seguridad Interna no sólo para conocer los alcances y daños del extraño sismo, sino para saber si habría algo más grave que sólo conocerían la inteligencia y las agencias antiterroristas norteamericanas.

Esos servicios están “cada vez más preocupados” porque Al Al Qaeda podría estar preparando ataques contra Estados Unidos como venganza por el asesinato de Bin Laden.  A mediados de este mes, un artículo publicado en The New York Times refería que una célula de esa red terrorista en Yemen podría estar prperando un ataque  biológico contra la Unión Americana. El diario indicó que durante más de un año esa filial ha adquirido “grandes cantidades” de semillas para producir ricina, una toxina cuyo polvo blanquecino sólo con inhalarlo llega al torrente sanguíneo y es mortal.

Por lo pronto y partiendo de la premisa de que el tembor se registró en una zona que no tiene precedentes de ser sísmica, los servicios de seguridad estadounidenses continuarán investigando en el sigilo las causas de ese raro fenómeno, mientras descartan que el motivo pudiera haber sido otro.  Por lo pronto mantendrán encendida la alerta roja en el vecino país  del norte, sobre todo porque el próximo 11 de septiembre se cumplen 10 años de los atentados terroristas que conmocionaron a Estados Unidos, aunque hay estudiosos de ese país que cuestionan la historia oficial del 9/11. Pero esa es otra historia.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Crece injerencia de EU

PAULINO CÁRDENAS

El gobierno norteamericano autorizó que fuerzas de la DEA, la CIA, y militares del Pentágono operen en México –como ha venido sucediendo de manera clandestina desde hace muchas administraciones–, en aras de una desigual cooperación bilateral contra el crimen organizado, al margen de las leyes mexicanas que prohiben que militares y policías extranjeros operen en territorio nacional. Es obvio que de esta operación no sólo tiene conocimiento el presidente Felipe Calderón sino que cuenta con su amplia aprobación y anuencia.

Esa información de que operarán en México militares y agentes gringos la dio a conocer el domingo The New York Times. Escribió la reportera Ginger Thompson que trabajarán en un búnker militar localizado al norte de nuestro país. No importa si lo harán en Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León o Tamaulipas. Lo que importa es saber qué hará el Senado de la República ante esa determinación unilateral del Presidente, realizada nuevamente sin consultarle a nadie; en secreto pues.

Lo que señala el influyente diario neoyorquino significa una flagrante violación a nuestra soberanía. Referir la soberanía no es evocar el nacionalismo de manera simplista o llegar al extremo del chovinismo; tampoco es patrioterismo vil. Se trata de evitar el entreguismo. La soberanía nada tiene que ver con la facultad que se arroga un mandatario para determinar que otra nación venga con sus fuerzas armadas a arreglar nuestras cuitas y nuestras deficiencias e ineficiencias en la lucha contra las mafias.

El mal es de origen, desde que, sin consultarlo con nadie, en diciembre de 2006 el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas sacudió el avispero de los cárteles de las drogas y del crimen organizado sin medir las consecuencias y ahora no sabe qué hacer. Lejos de acabar con las mafias, se han multiplicado. El número que ha cobrado esa aventura, de más de 50 mil víctimas mortales, es de escándalo mundial. Y el tráfico de estupefacientes sigue teniendo como plataforma a México hacia otros países.

La apuesta de haberle declarado la guerra a las mafias no era el juego de niños que le hicieron creer que sería. Hoy Calderón y sus asesores enfrentan su realidad, cuyas consecuencias habrán necesariamente que encarar, y pronto. Por ello, al decir nosotros que debe haber respeto irrestricto a la autonomía como nación, se trata de evocar y hacer valer la importancia del ejercicio de nuestra libertad como país y como Estado.

Confundir que yo Presidente tengo per se la anuencia omnímoda de hacer lo que se me pegue la gana, es un grave error que debe subsanar cuanto antes el Congreso, en especial el Senado de la República, que es a donde debe discutirse este asunto que reveló el Times de Nueva York, de hacer las cosas malas que parecen malas porque se dan en secreto, en la clandestinidad, en aras de salvar el pudor e incluso el pellejo frente a la nación. El mensaje que se está dando es: No podemos solos, vengan a ayudarnos, no importa que se viole nuestra soberanía.

Parece evidente que el Comandante Supremo de la Fuerzas Armadas se ha dado por vencido o casi, y prefiere ver si en el poco tiempo sexenal que le queda, los que saben de esos menesteres contra la criminalidad organizada que son los gringos, vienen y le arreglan el entuerto. Que vengan a salvar a la patria mexicana los Rambos, los Terminator o ahora que vuelve a estar de moda, hasta el Capitán América. Es la ‘percepción’.

La suerte de México no puede depender de las decisiones unilaterales de un Presidente. Barack Obama no decidió solo el asunto de elevar el techo de la deduda norteamericana. Fueron los congresistas republicanos y demócratas los que lo resolvieron, mal, pero lo hicieron los legisladores, no el mandatario por sus pistolas.

Las facultades del jefe del Ejecutivo mexicano, aunque muy amplias, tienen límites. Y los límites los debe marcar, ante todo, la prudencia, el juicio, la serenidad y la responsabilidad ante la nación, no la prisa para querer enmendar lo irremediable a última hora a como dé lugar. ¿No bastó con haberle declarado en 2006 la guerra a un monstruo de mil cabezas de forma unilateral y sin pensar en las consecuencias?

¿Quién o quiénes rendirán cuentas al final de esa aventura sexenal? ¿De qué se trata todo esto? ¿Qué país hereradará Calderón a su sucesor?, son las preguntas que van y vienen por todo el país. Por lo pronto el vocero de la narcoguerra Alejandro Poiré salió con otra de las suyas. Señaló que ‘por razones de seguridad nacional’ el gobierno no emitiría su  opinión sobre los datos dados a conocer por el influyente diario que se edita en la Gran Manzana. ¡Vaya cachaza!

Es de esperarse que el Congreso mexicano reaccione cuanto antes y haga lo que tiene que hacer, antes de que el Presidente panista en una de esas acabe entregándole las llaves del país al Tío Sam en un próximo viaje a Washington.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Planes secretos, ¿vinculados?

PAULINO CÁRDENAS

Corre la versión de que entre el plan encubierto “Rápido y Furioso” de dejar pasar deliberadamente armas para que fueran adquiridas por las mafias del crimen organizado a México y seguirles el rastro en nuestro territorio, dar con los escondites de los narcos y detenerlos, junto con el operartivo de los aviones no tripulados norteamericanos que transitan en espacio aéreo mexicano con la anuencia del Ejecutivo pero sin que haya sido consultada la medida en el Senado de la República como lo marca la Constitución, tienen una estrecha relación.

Se presume que ambos planes son vinculatorios como parte de una estrategia global acordada de tiempo atrás en secreto por los gobiernos de Washington y Los Pinos, por el apuro de los Estados Unidos de que la violencia del crimen organizado –que sigue avanzando en México y que el gobierno que encabeza Felipe Calderón no ha podido detener–, cruce la frontera y se empiecen a ver en territorio norteamericano las masacres, ejecuciones o hechos de sangre que se han estado dando en muchos estados de la República desde hace cuatro años y cuyo saldo ya anda rozando los 36 mil muertos.

El plan de dejar pasar a propósito armas estadounidenses a México para seguirles el rastro y dar con las guaridas de los narcotraficantes en nuestro territorio supuestamente con agentes estadounidenses encubiertos, y paralelamente con aviones no tripulados manejados desde el Pentágono vigilar desde el aire las rutas de los capos y sicarios del crimen organizado para supuestamente atraparlos de este lado, es un escenario nada descabellado.

Por supuesto esta versión habrá de ser rechazada por las autoridades de ambos países si por ahora alguna voz lo saca a la luz pública y lo pone en la mesa de las discusiones, ya que si la especie se confirma, vendría a complicar aún más el clima de escándalo que están cobrando las revelaciones de dejar meter armas y de dejar volar aviones no tripulados en territorio aéreo mexicano, lo que se equipara a una flagrante violación de nuestra soberanía.

Máxime si, como la misma versión señala, Carlos Pascual hubiese estado empujando de manera soterrada con autoridades mexicanas, durante el tiempo que fungió en México como embajador, la aceptación de ese plan integral de lucha contra el narcotráfico, como también se viene escuchando, por lo que incluso el diplomático regresaría a su país como héroe y ocuparía un cargo relevante, superior en rango al que tuvo aquí.

Tanto el plan encubierto “Rápido y Furioso” que delató el agente John Dodson, de la Oficina de Control del Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, la ATF, como el otro relacionado con los aviones norteamericanos no tripulados que salió a la luz pública hace unos días, parecieran no tener nada que ver uno con otro.

Sin embargo, pudieran estar formado parte de un mismo plan integral propuesto por Washington al presidente Calderón, para apoyar a las fuerzas gubernamentales armadas mexicanas en su lucha contra el narcotráfico. Las incursiones al espacio aéreo mexicano de los aviones supuestamente manejados a control remoto desde el Pentágono, fueron evidentemente aprobados por México como lo reconocieron funcionarios mexicanos, pero el acuerdo se mantuvo en secreto hasta que vino el primer escándalo seguido del otro.

El caso del operativo ‘Fast and Furious’ del que ahora resulta que nadie sabe nada, tuvo al menos un antecedente que se denominó “Wide Receiver” (Receptor abierto), operado desde Tucson, Arizona, en 2008. Ambos operativos de dejar pasar deliberadamente armas de Estados Unios a México para dizque seguirles la pista y dar con los escondites de los narcos y criminales, pertenecen al Proyecto Gunrunner (Traficante de armas).

Como se sabe, el escándalo de ese trasiego deliberado de armas comenzó desde que el agente de la Oficina de Control del Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, John Dodson, abrió la cloaca del contrabando de armas gringas a México del cual tuvieron conocimiento diversas dependencias contra el crimen organizado en Estados Unidos, según lo reveló la cadena de televisión CBS News. México, había dicho el procurador norteamericano Eric Holder, estaba enterado, aunque aquí eso se trató de negar.

Luego surgió el asunto de los aviones norteamericanos no tripulados que han estado volando en cielo mexicano con la complacencia del Ejecutivo, pero sin el conocimiento del Senado de la República, lo que ha provocado un encuentro entre ambos Poderes que no tiene para cuando acabar. Lo que parece no tener duda es que ambos planes encubiertos y acordados en ‘lo oscurito’, están vinculados uno con otro. No tardaría en saberse. Si así sucede, a ver entonces qué otras declaraciones y aclaraciones surgen de un  lado y del otro.

pcardenascruz@yahoo.com.mx