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Pagar por ver al Papa

PAULINO CÁRDENAS

El alcalde de León, Guanajuato, el panista Ricardo Sheffield Padilla, quería ponerle asientos de prefencia numerada a ciertas familias adineradas que quisieran ver pasar al Papa cuando visite esa ciudad en marzo próximo; para gozar de ese privilegio el gobierno cobraría una ‘cuota de recuperación’ por el uso de gradas que serían colocadas en lugares estratégicos en la ruta del recorrido del Pontífice. Pero el nuncio apostólico Christophe Pierre desaprobó la decisión señalando que era “absurda” ya que por ver al Papa “no se cobra nada”, lo que llevó al edil a recular en su decisión.

Habrá que ver si de aquí a entonces no le dan la vuelta al asunto y acaban finalmente colocando gradas en donde sólo estarían los católicos de alcurnia, lejos de los católicos que pertenecen a la prole, que al parecer era la idea. Hay quienes creen que sí habrá gradas de privilegio y el dinero que se pretendía cobrar a los riquillos de León y sus alrededores por el privilegio de ver pasar a Benedicto XVI sentados cómodamente en las gradas, tal vez hasta con toldos de sombra, podría ser donado como una dádiva voluntaria al estilo del Teletón anual, como pago al gobierno panista cuya idea le ha sido muy criticada.

El viernes pasado la alcaldía anunció que el municipio cobraría una cuota a las personas que usen las gradas que colocarán en algunas zonas públicas que recorrerá el Pontífice. Pero ante la crítica del nuncio apostólico, el sábado, en otro comunicado, la oficina de comunicación social del municipio precisó que la colocación de gradas se preveía como “un servicio adicional” que estarían disponibles en un reducido número de puntos en las calles para quien quisiera usarlas.

Señaló que la idea no era llenar de gradas las calles de León, sino que serían colocadas sólo en una zona, de modo similar a como se utilizan en los desfiles de aniversario de la ciudad, de Independencia y de la Revolución. En el comunicado el gobierno municipal consideró que se ha dado pie a la confusión respecto a lo que declaró el alcalde Ricardo Sheffield respecto a la instalación de gradas con un costo de recuperación para observar el trayecto del papamóvil.

En el comunicado se especificó que serán unas cuantas gradas “y que habrá muchos espacios gratuitos en calles y banquetas” de la ciudad de León. Como sea, el nuncio apostólico Christophe Pierre desaprobó la decisión del gobierno de esta ciudad de cobrar a las personas que usen las gradas aunque sean de ‘preferencia numerada’ para ver al Papa Benedicto XVI en sus recorridos por las calles de la ciudad y el edil leonés al parecer reculó.

Esa idea de cobrar por ver pasar al Papa pronto llegó a la capital italiana en donde están asentados los poderes del estado Vaticano, y no le parecería nada mal adoptarla al alcalde de la capital italiana, Gianni Alemanno, quien desde hace tiempo ha venido proponiendo implantar un impuesto a la celebración de manifestaciones públicas en las calles romanas. Imagínese: aunque la Plaza de San Pedro forma parte del Vaticano, las calles de Roma son del municipio y ahí podría imponerse una ‘cuota de recuperación’ por ver pasar al Papa poniendo una gradas con toldo, ¿por qué no?

El alcalde de Roma –de tinte conservador como el edil de León–, desde hace un tiempo había anunciado que el consistorio capitalino estaba estudiando la introducción de un impuesto a la celebración de manifestaciones en sus calles, para saldar el gasto adicional que éstas generan por concepto de servicios de limpieza y de seguridad. Por ello la idea del alcalde de León de cobrar por ver al Papa no sería mal vista por el alcalde de la capital de Italia, si se recuperar dinero se trata.

En la plaza de San Pedro se reúnen miles de personas semanalmente en su gigantesca explanada elíptica para ver y escuchar al Papa, incluidas las decenas de peregrinaciones de católicos provenientes de los países que profesan esa religión. Y por nada de eso se cobra. Los recorridos para conocer por dentro del Vaticano son gratuitos. Tampoco se paga por las audiencias que ofrece el Papa. Ya el que quiera dar limosna para expiar sus culpas, es otra cosa.

Por todo ello, Christophe Pierre desaprobó y criticó la decisión del gobierno local de León. Aunque vivillos, los del gobierno leonés señalaron en un comunicado, después de la crítica del nuncio apostólico, que ‘se ha dado pie a la confusión’ respecto a lo que declaró el alcalde Ricardo Sheffield sobre a la instalación de gradas con un ‘costo de recuperación’ para observar el trayecto del papamóvil. La verdad es que la intención era clara. Y muy probablememte insistirán en ella dándole un giro al asunto del cobro.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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Politizarán viaje del Papa

PAULINO CÁRDENAS

El pasado lunes 12 de diciembre el Papa Benedicto XVI confirmó su viaje a México durante la misa dedicada a la virgen de Guadalupe celebrada en la Basílica de San Pedro, en Roma. “Sostenido por el auxilio de la providencia divina tengo la intención de emprender un viaje apostólico, antes de la santa Pascua, a México y Cuba, para proclamar allí la palabra de Cristo y afianzar la convicción de que este es un tiempo precioso para evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente”, señaló el Sumo Pontífice quien vendría en vísperas del inicio de las campañas políticas.

Según fuentes vaticanas, se estima que ese viaje podría realizarse del 23 al 26 de marzo próximo, aunque la Santa Sede no ha confirmado oficialmente la fecha. Después partiría a Cuba en donde estaría los días 27 y 28. Felipe Calderón había invitado a Benedicto XVI a realizar una visita a nuestro país, desde que asistió al Vaticano con motivo de la beatificación del Papa Juan Pablo Segundo en mayo pasado. Aquel viaje le fue criticado al Presidente por haber transgredido los principios del Estado laico. La presencia del Papa en México lleva la clara intención de ser politizado por el panismo, a ver si Su Santidad le hace el milagro a Acción Nacional de repetir por tercera vez en la Presidencia de la República.

Para empezar a mostrarse públicamente como católico –que algunos dudan que lo sea según se ha publicado–, Felipe Calderón, haciendo caso omiso de la distancia que debería guardar como mandatario de un Estado laico como constitucionalmente lo es México, asisitió con su familia el domingo 19 de este mes a la Basílica de Guadalupe a la misa oficiada por el cardenal Norberto Rivera Carrera con la que dio inicio la Jornada Nacional de Oración por la Paz. Ahí, la familia Calderón-Zavala oró por los pobres y pidió a Dios “tocar el corazón de los violentos”. Esto sucedió por primera vez desde que inició el mandato del panista.

El Papa sabe que su viaje a México –igual que el que realizará a Cuba– será más político que apostólico. Atrás de la fe y la doctrina religiosa sabe, al menos en el caso de su anfitrión mexicano, que éste tiene el firme interés de que quien resulte el candidato del blanquiazul, reciba la bendición papal junto con la comunidad panista en pleno, encabezada por el mismísimo Presidente de la República recibiendo la comunión de manos de Benedicto XVI, con lo cual el michoacano confía que eso podría incidir favorablemente en el ánimo de los votantes católicos para que el PAN pudiera ganar el mando federal por tercera vez.

Se supone que lo mismo harían los candidatos del PRI y del PRD, ya que están conscientes de que el 40 por ciento de la población con derecho al voto es católica. Tanto a Enrique Peña Nieto como a Andrés Manuel López Obrador seguramente la gente los verá en primerísima fila en espera de la bendición papal y tomando la comunión para salir en las las noticias y en las fotos, y que la gente diga, míralos, también son creyentes, y que sus campañas vayan acompañadas de las bendiciones apostólicas y romanas del máximo representante de Dios en la tierra, no vaya a ser el Diablo el uno de julio.

Por lo pronto, los organizadores estiman que el Papa pudiera visitar la ciudad de León en el estado de Guanajuato, entidad gobernada por el PAN que tiene fama de una acendrada raigambre cristera. Se dice que –so pretexto de cuidar la salud del Papa– no estaría en la ciudad de México por la altitud que tiene la capital del país. Pero en realidad es porque el anfitrión sería circunstancialmente el jefe de gobierno capitalino, que pertenece al PRD. Se trata, según la negociación que se habría acordado con Benedicto XVI por parte del gobierno federal, que venga a un estado de inequívoca vocación católica además de ser gobernada por el PAN, y no a otra entidad en donde gobierne el PRI ni el partido del sol azteca como es el DF.

Todo parece indicar que el factor político ha sido tomado más en cuenta por El Vaticano con respecto de la visita papal, que la misma situación de peligrosidad que representa en casi todos los estados de la República –incluido Guanajuato– la guerra que sostiene el gobierno panista contra los capos dela droga y del crimen organizado, la cual ha dejado en el país a lo largo de cinco años una impresionante estela de muerte, de desplazados, toturados, secuestrados y enterrados en fosas clandestinas, algunos de ellos vivos, espiral que continúa en varias entidades del país, asunto que no pareciera importarle tanto a quienes deben velar por la seguridad del Papa.

Nadie sabe si de aquí a que venga a México Benedicto XVI las condiciones de seguridad estén dadas y las fuerzas gubernamentales armadas pudieran estar en condiciones de controlar la situación de inseguridad, en virtud de que los capos mexicanos –según lo ha venido advirtiendo Washington al gobierno mexicano a través del Departamento de Estado norteamericano y del Departamento de Seguridad Interior del vecino país del norte–, pudieran para entonces haber acordado alianzas con células extremistas islámicas.

Tal parece que en tiempos electorales se vale hasta olvidar toda la sangre derramada en México por lograr la difícil separación Iglesia-Estado en el siglo XIX, después que desde el siglo XV fue acordado por el Papa Borgia y el rey Fernando, introducir en América y concretamente en México lo que hoy se conoce como catolicismo religioso, que tenía como finalidad desaparecer todo vestigio de creencias de los antiguos mexicanos, intervenir de facto en asuntos de gobierno, controlar las haciendas públicas, apoderarse de los bienes terrenales e implantando la Santa Inquisición de tormento y muerte para quienes se opusieran, la cual se alzó como instrumento de poder real con la que se escribió toda una época de horror contra los no-creyentes o herejes del país.

En medio de todo ese penoso y cruento bagaje histórico, y los contrahechos que hoy son signo de los tiempos en México con una Iglesia que pretende recuperar lo perdido a lo que, por intereses de ambición política, estarían dispuestos a prestarse los gobiernos mexicanos en turno, es que vendría Benedicto XVI a nuestro país. Un Papa que ni con mucho goza de la simpatía y cariño que los mexicanos le profesaron siempre a Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo Segundo, incluso más allá de su muerte.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


En Roma, ¿doble propósito?

PAULINO CÁRDENAS

Sus críticos comentan que la ida del presidente Felipe Calderón a Roma habría tenido un dobe propósito: a) Cumplirle al pueblo católico de México con su presencia en la beatificación de Juan Pablo Segundo en donde el fantasma del padre pederasta Marcial Maciel protegido del llamado Papa Peregrino rondó en la celebración litúrgica celebrada en El Vaticano y, b) Implorarle al recién ungido beato hacedor de milagros la posibilidad de que le pudiera conceder la gracia de salir bien librado como gobernante al final de su sexenio. Lo cierto es que para ese viaje lo del Estado laico le pasó a valer.

Y también es verdad que, en lo que resta a su administración, el tiempo no le alcanzará para resolver tanto rezago que hay en la agenda gubernamental, de asuntos que se han postergado porque su prioridad ha sido, y seguirá siendo, la narcoguerra, la cual no sólo será el estigma que lo señalará para el resto de sus días, sino que al rendirle cuentas a la nación del balance entre los beneficios que pudo haber tenido esa aventura y la realidad, sus resultados le serán muy adversos.

Sólo habría que considerar que si el número de muertos por esa guerra hasta ahora anda por el orden de los 40 mil, habría que sumarle los que se acumulen de aquí a que termine su sexenio, cifra que sin duda acabará siendo de récord mundial. Hasta ahora otro factor en su contra es que, por más recursos propios y ajenos que le ha inyectado a esa aventura bélica, los resultados han sido francamente negativos porque ni ha disminuído el problema del tráfico de estupefacientes ni tampoco el consumo interno de drogas. Y el poder de los capos ha crecido.

Un tercero será que al final del recuento su administración quedará marcada como la del sexenio de la narcoguerra, en tanto a las mafias que supuestamente habría combatido su gobierno, habrán alcanzado más poder del que tenían, dejándole esa negra herencia a su sucesor quien de esa tarea inacabada tendrá prácticamente que empezar de cero y evitar caer en la aplicación de estrategias necias porque, de hacerlo, los resultados serían similares y la gravedad para la sociedad se vería agigantada.

Además del tema del cuantioso dinero del erario que se ha ‘comido’ esa guerra y que obviamente le será reprochado severamente, uno de los apuntes que  le han venido haciendo sus críticos ha sido el de haber permitido que el país esté quedando cada vez más como rehén de los criterios de la Casa Blanca, en donde el trabajo sucio y los muertos los ha puesto México.

En la reunión del pasado viernes celebrada en Washington, los integrantes del gabinete de seguridad de nuestro país de nueva cuenta sólo habrían ido a recibir ‘linea’. No se sabe si Estados Unidos, con la complacencia del Senado mexicano y del gobierno panista, seguirá violando la soberanía del país con más planes como el de Rápido y Furioso o enviando aviones no tripulados teledirigidos que pasan al espacio aéreo mexicano como Juan por su casa, dizque para detectar rutas del narco.

Otro asunto es el rezago de tantos rubros que han quedado pendientes por estar sólo atento a la narcoguerra. Asuntos como el de la deteriorada economía y el impulso al desarrollo del país para sacarlo del estancamiento en que se encuentra, han quedado en el camino y son temas que lo han empezado a poner contra la pared a él y a su gobierno y que conforme avanza el tiempo empeorará, lo que incidirá de manera negativa en su partido respecto a las contiendas electorales que se avecinan.

Millones de mexicanos han hecho suya la frase del poeta, escritor y articulista Javier Sicilia de que ‘!Estamos hasta la madre¡’, quien el próximo fin de semana encabezará una nueva marcha de protesta ‘silenciosa’ que tendrá réplicas en todo el país, por tantos crímenes habidos en México entre ellos el de su hijo; por la impunidad que impera en medio y porque el gobierno no ha sido capaz de frenar el baño de sangre en el país. Hasta el ‘sub’ Marcos, que ha vuelto a dar señales de vida, se sumará en Chiapas a la protesta.

Todos saben que la estrategia del gobierno ha sido la de sostener al Ejército obigándolo a hacerle de policía para eliminar uno a uno los cárteles y dejar al más fuerte y poderoso para al final tratar de llegar a un acuerdo y negociar la disminución de la violencia, aunque en ese escenario no contaban con que los Zetas serían un hueso muy duro de roer.

Por ello, dicen sus adversarios, el presidente Calderón habría aprovechado su viaje al Vaticano, no sólo para quedar bien con los creyentes mexicanos de la religión católica, sino para aprovechar y pedirle al nuevo beato el milagro de salir bien librado de la fallida aventura narcobélica de la que ya no sabe cómo salir.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Entre el Vaticano y el amor

PAULINO CÁRDENAS

El presidente Felipe Calderón, contraponiéndose al mandato constitucional, irá a Roma a la ceremonia de santificación del Papa Juan Pablo Segundo, en tanto el ex candidato presidencial y su rival sexenal, Andrés Manuel López Obrador, su fama de aguerrido la ha cambiado de un tiempo para acá evocando en sus discursos al amor, como principio fundamental para alcanzar la paz y el progreso del país. Dos modos que hacen gran diferencia pero que al final parecieran coincidir en un denominador común: el cristianismo.

Quizá en ambos ese ánimo esté motivado por ser Semana Santa o porque sean cristianos ambos. Aunque en el caso del mandatario ese viaje al Vaticano le acarreará muchas críticas y reproches por transgredir los principios del Estado laico, el tabasqueño, quien hace poco dijo que no era ningún Mesías, de pronto ha empezado a hablar en sus discursos como si lo fuera, olvidando aquellos tiempos en los que incitaba a sus seguidores con coraje, vehemencia y retador al gobierno en turno, a la paralización de la industria petrolera en Tabasco.

Eso es parte de nuestra folklórica política y el modo de manejarla y hasta de torcerla. Lo hacen en aras de querer quedar bien son sus respectivas clientelas, por lo que no habría por qué escandalizarse más de la cuenta, y menos en días de guardar como dirían los creyentes católicos. Más bien los de pensamiento liberal son los que arremeterán duro contra uno y con jiribilla contra el otro; a Calderón por pasarse por alto lo que señala la Constitución en su artículo 130, y a AMLO por evocar el amor como el principio de todo, acaso para que no vuelvan a endilgarle el San Benito de que es un peligro para México.

A ambos les estará valiendo lo que la gente piense de si está mal o bien lo que hacen y dicen. Con su nuevo y amoroso discurso Andrés Manuel revela la sed del devenir, en tanto el mandatario panista, con ese cuestionado viaje a Roma, manifiesta la sed del no-devenir. Acaso habrán leído al beato Tomás de Kempis en su ‘Imitación de Cristo’ y lo esté interpretando cada cual a su modo y adecuándolo como mejor les conviene a su quehacer público para que todo México se entere. Nadie lo sabe.

Aparte de lo que señala el texto constitucional sobre el Estado laico y lo que ‘no’ debe hacer un representante del Estado encarnado temporalemnte en la máxima autoridad de cualquier orden de gobierno –federal, estatal o municipal–, muchas de las críticas que le harán a Calderón será porque irá a participar en un acto solemne de beatificación de un personaje que en vida guardó silencio en torno a la diabólica figura del padre Marcel Maciel, acusado de pederastia, es decir de abuso sexual de menores.

No sólo por guardar distancia entre la Iglesia y el Estado el mandatario panista debería no ir a ese evento, aunque se diga misa. Si eso no fuera bastante y suficiente, debería de no asistir por respeto a quienes fueron víctimas de los bajos instintos de Maciel, sacerdote mexicano ya fallecido, nacido en Cotija, Michoacán, de hecho proscrito al final de su vida por la propia Iglesia, pero a quien acogió Juan Pablo Segundo en el seno papal por muchos años, tratándolo incluso con la deferencia de un ser que hubiese estado tocado por Dios y no por el Diablo como fue su caso.

Lo de Andrés Manuel y su ahora recurrente discurso del amor sobre todas las cosas, pareciera una estrategia mediática y pasajera en busca de congraciarse con el pueblo cristiano que es México y a cuya máxima figura, Jesús de Nazareth, esta semana se le rinde tributo y cuya figura parece haber seducido al tabasqueño, lo que habrá sometido su carácter que parecía indómito en sereno y transformar su apasionada arenga en lenguaje mesiánico.

Hace unos días –hágameustélfavor– López Obrador le aconsejaba a Calderón, palabras más palabras menos, que se serenara y le bajara a su bilirrubina por el enardecimiento que empezaba a manifestar de nueva cuenta en sus discursos, al no soportar las críticas populares a su estrategia fallida en la guerra que emprendió contra el narcotráfico y el crimen organizado –crimen rete-organizado dicen algunos–, desde que asumió el cargo. ¿De cuándo a acá le apuran al tabasqueño las rabietas de quien dice que le arrebató el poder en el 2006?

Como sea, ambos personajes de la vida pública de México andan en una similar frecuencia de vínculo con lo eclesiástico o con lo cristiano por mejor decirlo. En algo tenían que coincidir. Acaso por ser Semana Mayor.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


¿Estará en sus cabales Calderón?

PAULINO CÁRDENAS

Ahora resulta que, como si fuera un dictadorzuelo intolerante y no un presidente democrático como se ostenta, Felipe Calderón cuestiona, reprueba e insulta a los 15 millones de mexicanos que prefirieron votar por Andrés Manuel López Obrador y no por él en el 2006, llamándolos ‘fanáticos’ y volviendo a señalar a éste como ‘un peligro para México,’ cuando para millones de familias, decepcionadas por las fracasadas políticas públicas del gobierno panista y las promesas incuplidas, consideran que el peligro para México es otro.

Por lo pronto, dicen sus allegados, el tabasqueño prefirió ‘batear’ al Presidente y no gastar su pólvora en infiernitos y mejor guardar sus municiones para la guerra que viene en el 2011 y sobre todo el 2012. Optó, se comenta, por ver hacia adelante y preparar sus pertrechos para enfrentar con todo a dos duplas –la del PAN-PRD y  la de Salinas-Peña Nieto–, y no a quien ya va de salida y empieza a dar patadas de ahogado ante el panorama que se avizora en el horizonte, nada halagüeño para el mandatario panista y su gobierno.

¿Qué pretende el Presidente? se preguntan no sólo sus adversarios políticos sino incluso muchos miembros de su propio partido. Hay la seria preocupación por ese extraño comportamiento que ha tenido el jefe del Ejecutivo a últimas fechas, quien parece ser adicto a ‘agitar el avispero’ sin medir las consecuencias y alcances de sus palabras, que no es simple verborrea, sino que llevan implícitas intenciones de provocación abierta.

Está visto que desde que inició su gestión en diciembre de 2006, ha preferido el camino del autoritarismo y tomar decisiones sin consultarle a nadie, como fue la declaración de guerra que le lanzó a las mafias del narcotráfico que hoy por hoy es una lucha que ha rebasado al gobierno que encabeza y que ha puesto en pie de lucha permanente a las Fuerzas Armadas habilitadas como policías perseguidores de la delincuencia organizada, cuando ese no es su papel.

En los propios corrillos de Los Pinos y de Palacio Nacional se cuestiona si el michoacano no ha empezado a perder la ecuanimidad, ya que de un tiempo para acá parece ‘chivo en cristalería’ por su incontinencia verbal, parecida a la que distinguió a su antecesor. En lugar de propiciar la unidad a la que insta y convoca a cada rato, parece estar dispuesto a ser el incendiario político número uno del país, cuando debería obrar con toda la prudencia, serenidad y juicio, como le demanda el cargo que ostenta.

Pero al parecer prefiere propiciar una batalla campal, pero de todos en su contra. Aún sus propios correligionarios de partido ven con extrañeza su actitud retadora, provocadora y beligerante, sin que haya causa o razón para ello. Quizá esa actitud sea por el despecho y certeza que debe tener, de que su partido –que él mismo se ha encargado de manejar personalmente desde Los Pinos– ve cada día más lejana la posibilidad real de alcanzar el triunfo en el 2012.

Sus declaraciones últimas, en las que también arremetió contra el PRI, parecen ser parte de una estrategia –¿?–  si no perversa, sí malévola e incluso incendiaria, si se considera cómo están las cosas en el país en el que priva el más alto índice de inseguridad de su historia moderna, con las mafias desatadas e incontrolables y dispuestas a todo para enfrentar al gobierno que las acosan, y con una economía deprimida y en declive, coctel que ha creado un negativo ambiente de incertidumbre y malestar en la población en todo el territorio nacional.

Su antecesor, en las postrimerías de su sexenio no sólo acabó igual que el peor de sus antecesores acusado de abuso de poder y de haberse enriquecido a costillas del erario y cuestionado por haber compartido las decisiones del poder con su ‘pareja presidencial’, sino también porque el Vaticano, a través de un reporte médico, dio a conocer que el guanjuatense no estaba en plenitu de sus facultades ¡y así gobernó México seis años!.

Bueno sería –empiezan a decir muchos– que a su sucesor lo pasaran por un filtro similar porque, aparentemente de la nada, le está apostando al pleito ranchero, como si se le hubiese detenido el reloj o viviera pasajes en retrospectiva creyendo que el ayer es hoy. Esto, lejos de propiciar la ‘unidad’ puede desembocar en odios que parecían superados. Por ello, la pregunta que empieza a recorrer el país es: ¿Estará en sus cabales Calderón?

Juan Pablo II sabía del caso Maciel

PAULINO CÁRDENAS

Juan Pablo II conocía de las perversiones sexuales de Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo, por las constantes quejas que recibía la Santa Sede sobre los abusos y violaciones del padre mexicano contra niños y adolescentes. Pero fue hasta finales de 2004 cuando el máximo prelado de la Iglesia Católica decidió iniciar una investigación sobre la criminal afición del padre Maciel.

Fue cuando autorizó al entonces cardenal Joseph Ratzinger –hoy papa Benedicto XVI sucesor de Juan Pablo II– a abrir en definitiva el caso contra quien pesaban reiteradas acusaciones de pederastia. El 2 de diciembre de 2004 comenzaron las indagatorias. Charles Scicluna, el fiscal del Vaticano, fue el encargado de las investigaciones del caso. Martha Wegan fue la abogada autorizada por la Santa Sede para representar el caso de las acusaciones de los ex legionarios de Cristo contra el fundador de esa orden.

Por su avanzada edad, en el 2007 Maciel se salvó de que el Vaticano le iniciara un proceso por el delito de “absolutio complicis”, un pecado que contempla el Decálogo canónico y que implica la excomunión automática. Simplemente se le prohibió actuar en cualquier acto eclesiástico de por vida. Murió a los 87 años el 30 de enero de 2008 en los Estados Unidos.

A lo largo de su vida sus incalificables actos los cometió con alumnos que escogía de entre los consagrados, consagradas y hasta seminaristas salidos de los colegios que él auspició dentro y fuera del país. Su instinto animal los satisfacía con niños y jóvenes de ambos sexos. Incluso se habla de que era adicto a algún tipo de droga. Se infiere que tuvo muchos cómplices.

Se ha escrito que de sus bajos instintos tenía conocimiento el Vaticano desde hacía muchos años. Pero privó el silencio supuestamente porque Maciel hacía llegar generosas limosnas a la sede de la iglesia en Roma, proveniente de las dádivas de gente adinerada cuyos hijos estudiaban en escuelas y universidades que con su ayuda y padrinazgo se fundaron en México y en otras naciones, animando a dueños de industrias y empresas a sostenerlas.

El caso cobró vida nuevamente después de una larga entrevista que le realizó la conductora Carmen Aristegui para MVS Radio el miércoles pasado a quien fuera esposa del padre Maciel, y a sus tres hijos José Raúl, Omar y Cristian, quienes revelaron parte de la larga y truculenta historia de quien durante años supo ocultar que era un criminal  sexual que llevaba una doble vida. Blanca Estela Lara es el nombre de quien dijo haber contraído matrimonio con Maciel cuando ella tenía 19 años y él 56.

Uno de los vástagos de Maciel, José Raúl, confesó que su padre abusó sexualmente de él y de otro de sus hermanos, Omar, desde que fueron él tenía 7 años, abusos que duraron ocho años. El padre Maciel falleció en 2008 a los 87 años en Estados Unidos. Con su esposa mexicana usó el nombre de ‘Juan Rivas’, aunque a los hijos la madre los registró con los apellidos González Lara. Viviendo en Cuernavaca se enteraron que Maciel era sacerdote y pederasta hasta 1997, a través de un reportaje de la revista Contenido.

Para justificar sus largas ausencias, el padre Maciel se hizo pasar como ejecutivo de la firma petrolera Shell, como detective privado y como agente de la CIA norteamericana, según le dijo a Carmen Aristegui la señora que se ostentó como esposa del padre pederasta, quien pese a haber sido acusado por ello en diversas ocasiones en la Santa Sede, el papa Juan Pablo II nunca le dio importancia al asunto, sino hasta 2004. ¿Por qué pasó tanto tiempo para que reaccionara el Papa?

El año pasado el papa Benedicto XVI ordenó una investigación de las actividades de los herederos de la orden de los legionarios de Cristo que fundó Marcial Maciel en 22 países, en los cuales se infiere que el degenerado sacerdote tuvo cómplices para cometer sus fechorías. Para ello, el papa Joseph Ratzinger integró una comisión con cinco obispos, uno de ellos mexicano. El informe concluyó y ya está en sus manos ¿Qué hará ahora el Vaticano?.